Dios te salve…

Tras los tiempos, llegan tiempos y Ella regresa, bueno, regresa no, que nunca se marchó, siempre te llevé en el corazón, nunca te vi lejos de mi vida, Madre eterna, atenta siempre con la más dulce de las mirandas. La verdad yo tampoco me quise marchar, Tú lo sabes, y para demostrártelo, siempre pasé por donde mirabas.

Así en esta corta distancia y con esta extraña forma de hablar, de mirada a mirada mantuve contigo las largas conversaciones, esas tan extrañas que sostenidas por los ojos, hacían hablar  corazón con corazón.

Te vi por la calle siendo Reina y Madre, te vi llena de misericordia, llena de vida, desbordando y derramando como la miel entre tus varales y candelería la dulzura de tus gestos, te vi llenando una vez más mi alma de paz y esperanza, Tú eres la Paz y la Esperanza nuestra.

Paz y Esperanza, ¿habrá más paz que este amor lleno de esperanza de seguir estando a tu lado?,  al lado de los tuyos, esos de siempre, esos que te aman solo con la mirada, esos que fueron desterrados, desterrados por otros hijos de Eva, otros que entienden el amor hacia ti de una forma distinta, y que con sus acciones solo dejaron tras de sí suspiros y gemidos, todo un valle de lágrimas, un lugar de llanto y sufrimiento, y Tú me mostraste que hay que acoger bajo tu templanza de Madre Eterna a todos y cada uno de tus hijos, todos, todos somos hijos tuyos, y con ello me has enseñado el secreto de tu grandeza, Madre, Dios te salve.

Nunca separaste de mi la misericordia de tu mirada, y con su compañía, nunca dejaste que estuviese ni solo ni desterrado, siempre me enseñaste que lo importante es Jesús, fruto bendito de tu vientre, siempre me obligaste con tu clemencia a ser piadoso con cada uno de mis enemigos, siempre cuando me golpearon pude acudir dolorido a buscar tu alivio, ese que solo puede dar una madre, y abrazado a tu regazo me consolabas y cerrabas mis heridas, siempre repitiéndome que el amor es la única arma permitida. Y con ello me volvías a mostrar de nuevo a Jesús, mina infinita de amor.

Quien te puso “Paz y Esperanza”, sabía lo que hacía, con tus enseñanzas nos mostraste a todos que con humildad y llenos de paciencia, podemos alcanzar todas las metas que la vida nos presente, superar cualquier obstáculo y sentirnos llenos de Paz, es la mejor de tus enseñanzas.

Ahora, Córdoba te entregó en la Mezquita Catedral, como Reina, que siempre lo fuiste, y dentro de unos días te retornarán a Córdoba como Emperatriz del Cielo, que también siempre lo fuiste, y yo esperaré de nuevo tu mirada enredada entre las hojas de los naranjos, y te diré como ya sabes, Ya estamos otra vez los dos aquí, yo como siempre y Tú con una corona nueva, ya adivinaré tu respuesta y pensamientos, no necesito de más coronas, que la corona que más vale es la del beso de los Hermanos, compartir todos juntos alegrías, penas, mesa y tiempo. Pasad la vida juntos…  Y así conversando en la distancia recorreremos el camino de vuelta hasta estar de vuelta en Capuchinos, y verás cómo hasta las palomas de plaza celebrarán el retorno de la que siempre fue su Reina, Emperatriz, Señora, y Madre llena de Humildad y Paciencia, y ahora Coronada.

Solo puedo añadir: Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amen.