Aún recuerdo cómo en nuestro catecismo se señalaban los siete dones del Espíritu Santo, que son: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Es precisamente por estos dones por lo que los cofrades necesitamos tanto de la venida del Espíritu Santo.
Y mucho se nos nota la falta de estos dones a los cofrades cordobeses: la falta de sabiduría y de entendimiento, la lejanía del consejo, la escasez de piedad y el sobrado temor de Dios. Todo ello es, a mi juicio, lo que nos ha llevado a la situación actual con el asunto del Cofrade Ejemplar. Y es que es de todos conocido que son las propias hermandades y cofradías integradas en la Agrupación las que pueden proponer candidatos a Cofrade Ejemplar, que lógicamente deberían ser personas con una trayectoria larga, constante y desinteresada en este mundo cofrade. Incluso, en algunas ocasiones, el nombramiento ha quedado desierto por no considerarse oportuno designar a nadie, como ya ocurrió en los años 2001, 2013, 2018 y 2022.
Para el próximo año ha sido elegido para tan honorable distinción D. Pedro Soldado Barrios, paisano mío, natural de Palma del Río (4 de septiembre de 1950). Fue ordenado sacerdote el 10 de junio de 1978 en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Bujalance, y desde entonces desarrolló su labor en distintas parroquias y comunidades, compaginando la atención pastoral con la enseñanza religiosa. Ha sido docente, formando tanto a futuros sacerdotes como a laicos en diversos centros de enseñanza religiosa.
Desde 2003 hasta 2025 ha sido Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías, cargo que desempeñó hasta su reciente jubilación. Fue clave en iniciativas como la reorganización de la Carrera Oficial de la Semana Santa de Córdoba, así como una pieza fundamental en celebraciones de gran calado cofrade, como el Magno Vía Crucis. Ha sido además canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, formando parte del Cabildo Catedralicio, así como consiliario de diversas hermandades y de la propia Agrupación de Cofradías.
Por todo ello le ha sido concedida la distinción de Cofrade Ejemplar 2026, en reconocimiento a su vida de entrega al servicio pastoral, su fidelidad a la Iglesia y su compromiso con el mundo cofrade. La Agrupación destacó que su trayectoria ha fortalecido la identidad eclesial de las hermandades y ha guiado a generaciones de cofrades con responsabilidad, diálogo y cercanía.
Pero no todo es oro lo que reluce. En la gestión de la Magna Mariana (2014–2015), varias corporaciones decidieron rechazar la invitación a participar. Según noticias periodísticas de la época, esta decisión estuvo motivada por cierta “urgencia” en la solicitud remitida por la Delegación Diocesana, presionando para obtener una respuesta cuando aún no estaban definidas cuestiones importantes y clave como la financiación, el recorrido o las fechas. Algunos interpretamos esto como una imposición desde la autoridad eclesiástica que forzó decisiones incómodas para determinadas hermandades. Y aunque no llegó a ser un enfrentamiento claro, sí creemos que fue al menos un momento de fricción pública entre la Delegación Diocesana y varias corporaciones, evidenciando la diversidad de sensibilidades existentes sobre la organización de actos extraordinarios, que por cierto desde ahora ya estarán regulados.
En 2025, la Delegación que él dirigía anunció la detección de posibles irregularidades en la documentación y en la propiedad de bienes de la Pro-Hermandad de la Salud de Puerta Nueva, lo que llevó a la intervención del Obispado para analizar y clarificar la situación jurídica de sus imágenes y patrimonio. Aunque la Delegación autorizó provisionalmente la salida procesional de las imágenes, el proceso generó incertidumbre entre los cofrades y directivos de la pro-hermandad, y fue percibido por algunos como una actuación de control eclesial más estricta de lo habitual. Este tipo de procedimientos técnicos, revisión de propiedad y documentación canónica y civil, suelen generar malestar porque afectan directamente a la identidad y al patrimonio de una corporación, aunque no hayan trascendido como “enfrentamientos abiertos”.
En diversas declaraciones públicas, Pedro Soldado ha señalado que las hermandades “también participan en esa ola de secularización” y que deberían mirarse hacia dentro y hacer examen de conciencia. Este tipo de advertencias, aunque teológica o pastoralmente motivadas, han sido interpretadas por algunos cofrades como una crítica directa a la forma en que las hermandades gestionan sus prioridades, lo que puede generar tensiones entre la Delegación Diocesana y las juntas de gobierno.
Desde mi modesta opinión, a pesar de su designación como Cofrade Ejemplar 2026, a D. Pedro podemos considerarlo una figura controvertida, quizás por su estilo de gestión o por el largo tiempo que permaneció en el cargo, lo que ha generado opiniones encontradas. Bien es verdad que nunca dejó fracturas abiertas ni llegó a provocar crisis mayores, pero en el ambiente cofrade “de calle” existe un reconocimiento generalizado de que ha sido una figura que siempre ha generado debate y polarización, incluso entre hermanos y directivos de distintas cofradías.
Hay una gran diversidad entre los nombrados Cofrades Ejemplares, pero personalmente pienso que, si algún año se vuelve a declarar desierto el nombramiento, no pasa nada. Nunca pasó nada. Nombrar por nombrar no es cuestión de dones, sino más bien de daños.





