El viejo costal, Opinión

El viejo costal | La cocina de la abue­la

La pasada noche de navidad, nos visitó en casa uno de los “niños” hijos de nuestros vecinos, niño que en la actualidad tiene cerca de 50 primaveras, pero que a pesar de eso, por el aprecio y el cariño que le tenemos en casa, será para siempre uno de nuestros niños.

Por ser de confianza, al invitarle a una bebida, entró en la cocina, que ya pueden imaginar esa noche el aspecto que presentaba, donde estaban las viandas de la cena, unas sobre la encimeras esperando turno, otras en pleno proceso de elaboración, y él en ese momento no pudo menos que expresar “como me encantan el olor de la cocina de las madres y de las abuelas”

Yo aspiré con los ojos cerrados y pude comprobar que efectivamente la cocina por su aromas me transportaba a la más tierna infancia, olía como la cocina de mi abuela, donde todo lo que ella preparaba estaba inmensamente sabroso, rico, incuestionablemente maravilloso, igual que la cocina de mi madre, olía esta cocina y toda la casa a Navidad, olía a familia, a hogar.

Y esto fue un impacto, tremendo, ahora la cocina de los abuelos es la de mi casa, el abuelo y la abuela somos María y yo, ahora la Navidad viene a casa donde nos reunimos con nuestros amigos, con nuestros hijos y con nuestros nietos, ahora ya hemos llegado o retrocedido al pasado, ahora somos nosotros los protagonistas de la repetida historia de cada familia, y mientras despedía al “niño” con un fuerte abrazo, le agradeceré toda la vida su atento olfato y su comentario afortunado, comentario que me hace ver con claridad que ahora nosotros somos los herederos de la responsabilidad de que siga adelante la Navidad en nuestra familia.

Al cerrar la puerta tras su marcha, volvimos al juego con los nietos, iniciamos nuestra fiesta poniendo entre todos el Niño Jesús en el pesebre del portal de Belén, ¡Ya es Navidad, ya ha llegado Jesús a la tierra!, y los pequeños cantaron pidiendo el aguinaldo, obligando a los adultos presentes a vaciar algunas monedas de los bolsillos, si no ya conocen la amenaza “…y si no me los das, que te caiga encima la campana gorda de la Catedral”

Me senté a la mesa, cené rodeado de nietos y sobrinos, todos luciendo sus tesorillos conseguidos con los aguinaldos, y a cada uno de ellos le pregunté ¿Qué te gusta más la comida de la abuela o la de mamá?, ninguno dudó un segundo “la de la abuela está riquísima”, y no pude menos que lamentar en silencio, que coincidía con ellos, la de mi abuela era insuperable, yo la echo mucho de menos, sonreía con ellos, ya saben los abuelos no pueden estar en Navidad tristes, la Navidad en la casa de los abuelos es como otra cosa, sabe distinto y huele bien, y te deja marcado para toda la vida.

¿Y tú, te acuerdas de como olía la cocina de tu abuela la noche de Navidad?, si lo recuerdas, es sin duda alguna, porque tú has vivido la Navidad en tu vida. ¡Feliz Navidad!