Las cosas simples, sencillas, esas de toda la vida, van desapareciendo poco a poco, quizás al mismo paso que el sentido común, la disuelta inteligencia, esa que vamos dejando olvidada, solo persisten las cosas grandiosas. Sin importarnos la mayor dificultad que envuelve todo lo que nos rodea en este mundo de locos y de cofrades insatisfechos buscando en la grandeza llena de dificultad, lo que es muy habitual en lo sencillo.
Me refiero a la facilidad con la que nos estamos habituando a las salidas extraordinarias, a las magnas y a los macros conciertos de superbandas, cosas que se han vuelto tan habituales en estos tiempos, a lo que deberíamos de sumarle la cantidad de videos subidos a internet, así tenemos garantizada la repetición constante e infinita de esos momentos, momentos no encontrados, ni buscados, si no creados expresamente.
Y la pregunta que me hago, ¿serán momentos y actos creados con alguna finalidad distante de las propias de los pilares fundamentales de nuestras cofradías?, las finalidades de nuestras hermandades son o han de ser: caridad, formación, evangelización, a las que debemos sumar otras obligaciones, como la estación penitencial de sus hermanos, y las cultuales. Ahora bien, ¿no creen ustedes que se nos está yendo de las manos estas finalidades y obligaciones?
Creo que la habitualidad de estos actos “extra-ordinarios” nos llevan y nos están habituando a perder la sencillez de lo que hasta hace unos años era habitual. La sencillez de la espera en una esquina, en una calleja, especialmente seleccionada, la paciencia del parón, y la esperanzada espera con el animo pendiente, con la inseguridad de no saber lo que nos regalará la banda para nuestros oídos, ni lo que nos dejará la pericia de la cuadrilla, y el hacer del capataz al paso por nuestra seleccionada estrechura.
Esa inseguridad, tan simple y sencilla era la que durante siglos ha mantenido la certeza de nunca poder ver todo de todos los pasos, de nunca poder oír todo el repertorio de la banda, dejando muchas de nuestras ganas, a modo de pendiente obligación para el siguiente año.
Ahora todo es mucho más fácil, algunas hermandades salen varias veces en el mismo año, con recorridos forzadamente extra largos, además extraordinarios, quizás con distintas bandas de música, a lo que se le ha de añadir, alguna salida en magna, amén de los distintos conciertos, etc, etc.
Todo mucho más sencillo que hace alguna década, muy sencillo, pagas unas sillas o unas entradas y te muestran grandiosamente y perfectamente organizada buena parte de la Semana Santa, o casi la totalidad, en apenas unas horas. O una buena selección de marchas tocadas en estático y con mucha estética, en un teatro, polideportivo, plazuela, campo de futbol o en una plaza de toros, y siempre incluyendo algún estreno en exclusiva, todo muy sencillo.
Esta sencillez es la que va a conseguir que las cosas se marchiten, ¿ya que nos queda que organizar que sea mayor a lo visto en estos dos últimos años? sencillamente nada, ya hemos tocado el techo, ahora todo lo que queda es bajar.
Por eso, esta sencillez es la que nos está matando.





