El viejo costal | Nivel y calidad

Últimamente se viene prodigando en muchas hermandades, de nuestra ciudad, la carencia de hermanos que deseen adoptar las responsabilidades propias del cargo de máximo nivel, y nos está pasando, que a veces muchas convocatorias de elecciones quedan descubiertas, a veces, sobreviene a esta situación la entrega de los designios de la hermandad a una junta gestora, elegida por Palacio en espera de que transcurrido un plazo de tiempo, no siempre breve, se vuelva a intentar devolver los designios de la hermandad a quien voluntariamente acepte dicha responsabilidad.

La realidad es que cada vez hay más dificultades para completar el ciclo habitual de elecciones, la prueba está en que actualmente es más difícil ver cabildos de elecciones con dos o más candidatos en liza, las más de las veces un único candidato, casi siempre emanado de la misma junta gobernante.

Esto tiene dos consecuencias manifiestamente claras, en el caso anterior, no existe una inyección de aires nuevos en la Junta, ni nuevas ideas, ni nuevas metas, siempre los mismos amigos, siempre los mismos opositores, casi siempre las mismas familias. Se produce en este caso una continuidad de lo existente, continuidad que queda tapada como por una especie de aletargamiento, donde solamente se continúa con todo, de forma rutinaria, nada se estudia en profundidad, nada se cambia, y se justifica todo con un “siempre en esta hermandad lo hemos hecho así, y nos ha ido bien”.

La otra consecuencia es que en muchos casos, los candidatos son demasiado jóvenes, con su característica “sangre de abril” mucho impulso, demasiado genio, y poca experiencia. Y  como consecuencia se produce un gobierno con excesivos golpes de timón, se anulan proyectos iniciados, por otros más actuales, se embarcan en excesivas deudas, cambian todo por cambiar, siempre respaldados por la falta de experiencia, y como consecuencia de todo esto, se pierden años de trabajo, cantidad de dinero en cambios de proyectos, quedando abandonadas muchas veces importantes obras de arte, sustituidas por otras de “autores más de moda”, se cambian los estilos de sus pasos en las calles, la música, los capataces, llegando a veces, a cambiar hasta algunos de sus costaleros.

Estos son los dos niveles existentes en muchas hermandades, afortunadamente no en todas, en este nivel se mueven muchas de ellas, no alcanzando nunca una expansión progresiva de la misma, permaneciendo estancada y adormecida. Así van pasando los días, los años y las juntas, a veces intercalando para variar alguna junta gestora, que por no poder no puede gestionar casi nada. ¿Crees que esto puede influir en la grandeza de nuestra Semana Santa?

Nivel y calidad, son metas distantes para los tipos de hermandades que he señalado en estas líneas, yo sigo echando de menos aquellas elecciones con dos o más candidatos, aquellas juntas de gobierno que continuando con los proyectos iniciados, los finalizaba y además emprendían otros, que otras juntas finalizarían, todos coordinados con los hermanos en aquellos interminables cabildos, donde cada uno aportaba su opinión, y donde no faltaba casi nadie, aquellas votaciones, aquellas disputas entre los mayores, si, los de más edad, que realizaban una labor de vigilancia distante y constante, con sus llamadas al orden ante la más mínima variación sobre lo programado.

Hoy en día las canas no son respetadas en las hermandades, por lo que muchas veces los que las portan, no desean verse implicado en banales disputas con jóvenes y adolescentes que creen saberlo todo de todas las facetas en las que puede verse implicado un hermano mayor, (internet está haciendo mucho daño en este sentido), los mayores se retiran de la primera línea, y cansados dejan que otros con más o menos capacidad sean los que dirijan los destinos de las hermandades. Esto forma parte de nuestro nivel, de nuestra calidad, como cofrades y hermanos.