Después de las elecciones de la Agonía, dónde los hermanos eligieron con gran acierto su próximo hermano mayor. Llegan las vacaciones de verano que también fueron preparadas para hablar de cofradías. Y no poneros nerviosos, e intentar entrar en razón. Primero, no pasa nada que tu pensamiento te lleve a una serie de momentos que se concentran en una semana. Reconócelo. Jujuju quieres con locura. Y no vale que te escondas de los típicos ataques de aquellos que con satisfacción gritan: ¡Deja de escuchar marchas que estamos en verano! ¡Dónde vas, si todavía falta mucho para Semana Santa!.
En verano casi se suele hablar más de cofradías que en cuaresma. Y tiene lógica. Las vacaciones han dado espacio a largas horas de verano que se prestan al análisis de temas cofradieros. Atrás quedó abril, mayo, junio, feria, corpus, exámenes finales, trabajo…
Y necesitabas expulsarlo. Como un niño enamorado grita a los cuatro vientos el amor de su vida. Este tiempo se presta a eso. A ir a la playa y al campo al son de marchas. Sí, seremos frikis. Pero entiende que para nosotros las Cofradías son un tema atemporal.
Largos paseos por la playa analizando la última estación de penitencia. Bueno que este año va a ser difícil jajaja.
Y es que el verano es el culpable de todos estos movimientos de bandas y capataces que os traen locos en los últimos días. ¿Qué hermandad se reúne con el calor de julio en una sala para tomar decisiones? Es ahora cuando las hermandades toman las determinaciones más importantes. Horas y horas. Vasos y vasos. Al fresco de una terraza. Es el momento para repasar toda la cofradía, dar veinte vueltas a tal tema… y en unas horas has cambiado la hermandad. En el verano las marchas suenan mejor. Tienes más ganas de ser costalero. Incluso ves más pasos. ¡Bendita seas Virgen del Carmen que cada día sales en un punto de Andalucía.
El verano se creó para hablar de cofradías. Reconocelo. Tú que llegas a la playa para buscar si este año está nose quién, aquel que el verano pasado en la orilla te dijo que era de tal hermandad y costalero en aquél paso. Tú, jartible como yo, ves a los que son como nosotros en la playa. Los ves de lejos. Te conoces las hechuras. Y el andar… ¡Porque como tú se marca el andar marcado de un paso! Jartibles que en verano te acompañan y hacen más liviana la espera de unos días que como el verano enamoran.





