El calor de este mes de agosto me tiene rendido, y es que con los años el calor me va afectando más, especialmente en este mes de cabañuelas, olvidado y tradicional método para la predicción meteorológica que no tiene ningún fundamento ni base científica, en otras regiones distantes de la nuestra existen otros métodos similares, como las témporas, en otras las canículas.
No las entiendo, pero los que de ellas saben me dicen que es posible que este año se repita la misma situación meteorológica que sufrimos el año pasado, y Dios quiera que no, no me siento ni con fuerzas ni con tiempo de perderme una Semana Santa más, de lo que tengo ganas es de olvidarme de lo ocurrido el año pasado, y es que para perder un año, con un año basta.
Y a pesar de la famosa frase: “Nada de lo que sucede se olvida, incluso si ya no lo recuerdas” aún me perdura en el paladar el persistente amargo de lo vivido en esos días como consecuencia de la lluvia, necesaria, si, necesaria, pero “en el campo y los pantanos, que en la ciudad no tanto” así lo decía nuestro queridísimo Fray Ricardo de Córdoba. No quiero que en este año repitamos la agonía lenta y amarga de ver cómo van pasando los días y las que no pasan son nuestras hermandades, la soledad de las calles es tan horrorosa como el repiquetear de la lluvia sobre el acerado, la falta de las estaciones penitenciales es la peor de todas las penitencias, horrible penitencia, que yo no puedo soportar.
No quiero entender de cabañuelas, y deseo que los que la entienden no estén en lo cierto, no voy teniendo tiempo de esperar, ya saben, cosas de la edad, que hacen que mi tiempo se agote, y apenas me reste algo de paciencia, manteniendo la esperanza de que errando ellos sea yo el beneficiado, egoísta deseo, en el que no me siento solo, que muchos de los que leen estas líneas tengo la plena certeza de que estarán conmigo de acuerdo, egoístas pero con una buena razón.
De lo del año pasado puedo decir que no tengo tiempo de olvidarlo, pero que me ha dejado una indeleble marca que no quiero que se repita, primero por el sufrimiento, y segundo por lo manifestado “… es que ya no tengo tiempo”, así que le ruego a los que hacen las previsiones meteorológicas, eso que vulgarmente nosotros llamamos “el tiempo” tengan una poquita de consideración para con aquellos que como yo, ya no tenemos tiempo que perder.





