El viejo costal | Sacudid el polvo de vuestros pies…

París, la ciudad del amor, nos ha demostrado en el inicio de los Juegos Olímpicos que no es así, que debe de ser otra la ciudad del amor, Paris ha quedado señalada como el centro de la esperpéntica ofensa, sí, me refiero a ese desafortunado espectáculo donde un grupo de drags simulan el cuadro de Leonardo da Vinci de la Sagrada Cena, ambas obras, la performance y el fresco de Leonardo, antagónicas en todos los sentidos, una burda ofensa fundamentada en una bellísima obra de arte que refleja uno de los más significativos momentos de nuestra creencia.

Me consta que muchos organizaciones cristianas, estamentos, jerarquías, seglares, y miembros  de la Iglesia, ya se han mostrado totalmente disconformes con esa payasada, ya hay por miles en las redes sociales ese pictograma con los aros olímpicos tapados con una cruz negra, y acompañado del lema “Mi fe, no es un juego”.

Algunas hermandades de Córdoba ya han mostrado públicamente su repulsa ante muestra secularizada sociedad, no es repulsa homofóbica, no se trata de adoctrinamiento, no, a nosotros no nos ofende “el cómo”, ni “el quien”, lo que no ofende es “el qué”.

Yo creo que debemos los creyentes recurrir a las enseñanzas de nuestra Sagrada Biblia, es sencillo saber cómo actuar ante este tipo de actos, nos lo relata en Mateo 10:14 donde Jesús les dice a sus discípulos: “Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.” También podemos leerlo en Marcos 6:11, en Hechos 13:51 y en Lucas 9:5.

Y es eso lo que deben de hacer los cristianos antes estos actos, salir de la casa o de la ciudad mirar a otro destino y seguir su camino fijado, dejar en el suelo el polvo de la ofensa, perdonar y olvidar, la enseñanza ya ha sido mostrada, la palabra de Jesús también, ahora es responsabilidad de ellos seguirla o no, si es una sociedad está especialmente secularizada, razón de más para usar la religión que sea a modo de espectáculo, y menos lo que para mí forma parte de fe.

Yo, he sacudido el polvo de mis zapatos, he levantado la vista y he fijado la misma en otras ciudades, olvidándome de Paris, no quiero saber nada de los ofensores, y así lo han de saber los sponsors, han de conocer la inutilidad de sus carísimos anuncios, y eso que algunos ya han empezado a retirarse. Y a pesar de mi pequeño gesto, gesto que repetido miles de veces sería un gran gesto, nosotros los cristianos debemos mostrar signos de serlo, y es ahí donde está nuestra fuerza, debemos de sacudirnos el polvo de nuestros pies, levantar la mirada y seguir dando muestras de nuestra fe, olvidando esa ciudad, olvidando esas casas.