Todos los años en los días previos a la natividad de nuestro Señor, me abraza con sus fríos brazos la soledad, y sus largos dedos al tocarme me llenan de tristeza, ¿Dónde está la alegría de la venida de nuestro Salvador?, en estos días previos, yo, al menos no la encuentro.
Me faltan muchos de los que a lo largo de mi vida conocí, a los que dediqué mucho cariño, mucho amor, mucha amistad, y ellos, hacía a mí, también. Pero los noto a faltar, de ahí el mencionado abrazo de la soledad, tremenda compañera, de corazón impenetrable, frio y duro como esas piedras que a veces encontramos en nuestro camino.
La tristeza por esta soledad inunda casi todo, hace acto de presencia con cada tira de espumillón que voy colgando por los mismos rincones repetidos año tras año, me emboba con cada figura de pastor que voy poniendo sobre los campos de serrín, con cada oveja, con cada gallina y cisne, y según se va montando el Belén, el Belén de verdad lo llevo yo por dentro.
Faltan muchos de los que convivieron conmigo, faltan muchos de los que en la niñez consolaron las lágrimas que me afloraron por los ojos, consolaron los dolores de mis torpezas y caídas, y ahora aquí me veo, con los ojos llenos de lágrimas, con el corazón hecho un puño, la respiración entrecortada, y moqueando de dolor, de ese dolor que lo llena todo, me nubla la vista, y cae rodando por las mejillas en forma de torpe y no querida lagrima.
La soledad es una tremenda enemiga, y en este caso es de obligada presencia, ¿a quién no le falta un abuelo, una abuela?, ¿a quién no le falta un amigo o una amiga?, de esos que son de verdad, para toda la vida, para la eternidad, ¿a quién no le falta un abrazo de ellos?, solamente le faltan a los que estamos aquí, y más nos falta cuanto más mayores somos, y por la edad es por lo que vivimos rodeados de soledad.
El consuelo viene pronto, solamente en siete días, ahí llega el Redentor del mundo, nuestra esperanza de vida eterna, consuelo de este pobre viejo, que ha vivido mucho, y que también lo ha sufrido, y ahora espera con paciencia ser él el siguiente en marchar, dejando tras de sí, esa constante presencia de los que le precedieron y que tanto se echan de menos, en tanto la vida sigue, la esperanza de la vida eterna también, pero el peso de la lentitud del tiempo, en su lento pasar, me van aplastando, y la soledad me sigue abrazando, y la tristeza ganando la partida, por eso solo puedo decir “Ven Señor pronto, sácame esta tristeza, y en viendo tu cara, en el pesebre de madera, ese chiquito en el rincón de mi casa, con eso ya me bastará”.
No hacerme caso, son cosas de viejo, cosas sin importancia, cosas que a todos nos pasan, son cosas de la vida, cosas para lo que nadie nos prepara, son cosas de viejo, de un solitario viejo, que tiene memoria para recordar a los que en su vida le acompañaron.
Ahora amad con todas vuestras fuerzas, abrazar a los vuestros como si no hubiese un mañana, besad a los seres queridos y todos juntos tengamos y disfrutemos de:
¡¡¡Una feliz Navidad!!!





