Bueno, ya creo que al menos ha pasado la mayor parte del sunami otoñal, ese que arrastra a capataces, auxiliares y demás cargos y componentes de muchas juntas de gobierno, el mismo que arrastra a otros a rellenar y anidar en los huecos creados.
Desde el pasado mes de septiembre, hace apenas siete semanas, hemos tenido, por una u otra causa, noticias relacionadas con los siguientes capataces, entre otros: D. Rafael Salado, D. Moisés Pérez, D. Antonio Reverte, D. David Arce, D. Pedro Buitrago, D. Manuel Orozco, D. José Manuel Valenzuela, D. Juan Manuel López, D. Ángel Carrero, D. Francisco Luís Castaño (Sony), D. Jesús Ortigosa, D. Antonio J. Castaño, y D. José Peña. Unos por adquirir nuevas responsabilidades en nuevos pasos, otros por perder las responsabilidades en los adquiridos anteriormente, muchas veces desconocemos las causas de uno o de lo otro, pueden ser por mil cosas diferentes.
Debemos de estar todos de acuerdo en que los ternos de negro son fuente de muchas noticias, en este mismo medio ya se manifestó: “Capataz, el puesto más volátil de una cofradía”, aparte de la volatilidad del cargo, me da a mí en la nariz que hay mucha mano interesada en tanto y tanto movimiento, mucho “meneíto” en bambalinas, y no me refiero a las que cuelgan de los laterales de un techo de palio, más bien a las telas que delimitan el escenario donde se ha de realizar la representación, y es que las especulaciones dan estos resultados, las amistades, los favores, en fin, todas las cosas definidas en Proverbios como «abominables» pueden ser la causa de muchos de estos movimientos, de estas inexplicables, en muchos casos, decisiones y conjeturas.
Me he movido en este mundo de mareas cambiantes durante décadas y he visto mil veces ojos que miran altaneros, lenguas mentirosas, manos llenas de sangre de inocentes compañeros, traiciones, corazones tramando proyectos malignos, quienes corren hacia el mal, otros falsos testigos y hermanos sembrando discordias entre hermanos, todas estas cosas como pueden ver son abominables, y que siempre parten del entorno del que gobierna o desgobierna, del que puede disponer, con más o menos acierto, los destinos de las hermandades. Y es que las Juntas y sus razones muchas veces están tan lejos del acierto, como de la lógica, tan distante de la razón que nos resulta al resto de los mortales inexplicables e ininteligibles.
Pero es lo que tienen los sunami, que arrollan y arrastran todo lo que hay por delante, y que a base de potencia, dejan solo destrucción e inestabilidad, casi todos los capataces nombrados tienen una calidad ya demostrada, y son perfectos conocedores de su oficio y responsabilidad, ¿entonces cómo es que para unas valen y para otras no?, ¿acaso cambian su forma de trabajar dependiendo de la hermandad que los convoca? No, son siempre los mismos, las que sí cambian son las razones; y es que el movimiento de bambalinas tiene mucho que ver en esto.
Ahora dejaremos para otra ocasión los inexplicables resultados de las elecciones de hermanos mayores y los abandonos de los mismos, eso es la misma historia, el mismo escenario y solo cambian los actores.





