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El Respiradero, 💙 Opinión

El viejo de las alpargatas

Caía la tarde de junio en la fachada de un viejo bar. Las sombras hacían dibujos extraños con los desconchones de la pared encalada. Se moría el día lentamente. La calor empezaba a perder su fuerza y el ambiente animoso de la hora infundía al sitio un aire embriagador. Estaba por allí y me fije en unas alpargatas. No sé si antiguas o nuevas. De esas en las que ya no sabes donde las venden. Las llevaba un hombre mayor. Arrugas propias de acercarse a los ochenta. Camisa holgada y pantalón de pinza.

Su cara me resultaba familiar y aquellas alpargatas me lo confirmaron. Era uno de los hombres que había visto en las primeras fotografía a color de los «costaleros pagados». Él estaba sentado solo en la mesa. Atento al color rojizo de su vino. Lo miré con curiosidad pensando en todo lo que tuvo que vivir.

Años de entrar en la iglesia con botas de barro. Trabajadoras incompletas y sobres de pesetas devueltos a la cofradía.

Tenía la mirada fija. Segura. Cargada con el peso de los años de Semanas Santas desgastadas en cuellos abiertos. Telas de la plancha preparadas por su mujer para el costal y oraciones casi en silencio.

Es un hombre cualquiera. Porque lleva el anonimato por divisa. Su vida es igual a la de miles de andaluces que disfrutan de un tranquila vejez en la mesa de un bar tras años sin descanso en el campo.

Por dentro lleva el orgullo de haber sido durante unos años costalero de la Madre de Dios. Se le nota en la profundidad de su mirada el Viernes Santo. Nunca fue el más piadoso. Pero sabe que el día que San Pedro le pase lista como el listero que ya está en el cielo, dirá orgullo yo fui costalero de la Virgen más bonita a la que rezó mi madre hasta en su lecho.

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