El vínculo entre Córdoba y la jerezana cofradía del Santo Crucifijo de la Salud

La extensa e intensa historia cofrade andaluza se caracteriza, a menudo, por sus numerosas y curiosas anécdotas, a través de las cuales – y como vamos a tener la oportunidad de comprobar a continuación – unas ciudades y otras estrechan sus lazos, entablando así interesantes relaciones dignas de perpetuarse en el recuerdo colectivo a pesar del transcurso del tiempo.

El aroma de Córdoba, balsámico y pertinaz, es aquí más intenso […] acelera la sangre en las venas, despierta las más hondas ideas, sacude al místico bufón que vagabundea por el cuerpo del hombre, y no obstante, unge los nervios de castidad y de templanza […] ¿Quiénes son estos hombres? Son, en su mayor parte, campesinos toscos que, heridos por un súbito fervor, ascienden hasta este monte, y aquí se olvidan de sí mismos […] Visten el sayal, cubren su cabeza con esa extraña monterilla de judío, se ciñen los lomos con un rosario hecho de huesos de aceituna o una ancha correa, dejan crecer sus barbas y enjaulan en una de estas celdillas toda la casa de fieras de sus instintos. José Ortega y Gasset, Mocedades.

Con el reproducido fragmento comenzaba a adentrarse Javier Jiménez López de Eguilta en la histórica relación existente entre los antaño denominados Ermitaños del Yermo de Córdoba y la Cofradía del Santo Crucifijo y María Santísima de la Encarnación de Jerez de la Frontera, la cual habría recibido, el 15 de julio de 1951, una Carta de Hermandad por parte de la desaparecida y ya citada Congregación de Ermitaños de San Pablo y San Antonio. No obstante, el paso de los años, tal vez, ha impedido que la corporación llegue a conservar los documentos necesarios para arrojar algo de luz sobre dicha gestión, con excepción de la propia Carta de Hermandad.

Con o sin constancia documental, no es especialmente complicado encontrar una similitud entre la hermandad jerezana de la Madrugada con el estilo de vida de los ermitaños cordobeses, en el que se ponía de manifiesto la humildad, sencillez, rigor y reflexión más absolutos. Es por ello que, basándose en el clásico nicho cordobés – aquel en que se puede contemplar la célebre calavera tras aquella reja próxima a la Cruz del Humilladero – que reza Como te ves, yo me vi; como me ves, te verás. Todo para en esto aquí. Piénsalo y no pecarás, la cofradía del Santo Crucifijo comenzó a realizar su estación de penitencia por el templo de San Miguel besando los Evangelios a la par que posaban su mano sobre una calavera.

A pesar de que la corporación había tomado como referente y modelo a imitar, con gran convencimiento, el canon de comportamiento de los ermitaños de la ciudad califal, el contacto entre ambos tan solo se mantuvo vivo durante seis años, puesto que en 1957, la Congregación de Ermitaños de San Pablo y San Antonio se fusionó con la popular Orden de los Carmelitas Descalzos.

El estilo de vida y la espiritualidad de los Ermitaños de San Pablo encuentra su inspiración en la figura de San Antonio, nacido en el año 251 d.C. en Queman, un pueblo del Alto Egipto cercano a Heraclea. De acuerdo con la tradición, el Abad habría vendido cuantas posesiones tenía y donó las ganancias obtenidas de ellos a las personas más necesitadas. Tras llevar a cabo dicha obra, se retiró al desierto, donde pasaba las noches descansando en un sepulcro vacío, viviendo asimismo totalmente aislado y en la más completa austeridad, evitando, a través de la oración, incurrir en el pecado y evitando las posibles tentaciones que se le fueran presentando.

Fuente Fotográfica Todo Colección

Para reforzar el ejemplo dado por San Antonio, cabe destacar igualmente los relatos aquellos que solían hacer referencia a determinadas personas que, en el entorno de la Sierra cordobesa, buscaban el retiro y un estrecho vínculo con Dios mediante el ayuno y el rezo cotidiano. Todo ello basado en la costumbre iniciada por el obispo Osio en el siglo IV, quien la llevó a cabo en la misma ubicación tras haberle sido transmitida en Egipto. Comenzaría de este modo un hábito perpetuado por sus seguidores en el “desierto cordobés” del que no se empieza a tener constancia hasta la última década del siglo XIV, una vez pasada la Reconquista. Con anterioridad al mencionado acontecimiento histórico, tan solo se sabe que los monjes fueron duramente perseguidos por el Islam, de acuerdo con lo que muestran distintas pinturas conservadas en el interior del templo de la congregación, donde estos aparecen representados sufriendo diferentes martirios.