En directo | Entrada de la Virgen del Rocío

Regreso entre vítores: la Virgen del Rocío culmina su procesión triunfal

Ha amanecido en la aldea con el fulgor de los días grandes. Tras unas horas de rosario y promesas, el pueblo rociero ha contemplado, una vez más, el momento culminante de su fe: la salida de la Virgen del Rocío, que, entre vivas y salves, ha recorrido las arenas de la aldea en una procesión marcada por la emoción y el fervor desbordado.

#ElRocío25 | En directo - Entrada de la Virgen

Sobre sus andas, la Reina de las Marismas ha cruzado el dintel del templo pasadas las 2:40 de la madrugada, portada por los almonteños, sus hijos predilectos, que la han mecido con ese ritmo antiguo que sólo se aprende con el corazón. El Simpecado de Almonte, colocado justo frente a la puerta del santuario, ha sido el primer testigo de este momento que sólo conoce el lenguaje del amor y de la tradición.

Las calles de la aldea —convertidas en un palio de estrellas— han recibido a la Señora con el respeto del silencio profundo y el estallido jubiloso de las sevillanas. Todas las hermandades filiales, agrupadas en torno a su paso, han saludado con vivas, cohetes y plegarias a la que es faro de su peregrinar.

En su recorrido, la Virgen ha visitado uno a uno los Simpecados, estableciendo ese diálogo íntimo con sus hijos de toda Andalucía, de España entera, que se han congregado en torno a Ella para devolverle lo que Ella les da: consuelo, protección, identidad. El transcurrir ha sido lento, solemne por momentos, festivo siempre, con ese carácter único que mezcla devoción popular y mística mariana.

Ya entrada la mañana, cuando el cansancio apenas se nota por la emoción sostenida, la Virgen ha emprendido el camino de regreso a su templo, entre las últimas petaladas, las últimas salves cantadas desde el alma, los últimos rostros empapados de lágrimas. La procesión ha durado varias horas, como cada año, convertida en rito y en comunión.

Y al regresar a su ermita, no ha terminado la devoción: ha comenzado la espera. Porque desde este instante, los rocieros ya sueñan con un nuevo Lunes de Pentecostés. La Virgen ha vuelto a su nido, pero su amor sigue peregrinando en el pecho de todos los que alguna vez la miraron en la marisma.