En este Valle de Esperanza

El año que se nos escapa de entre los dedos estaba llamado a ser aquél en el que Córdoba tuviese la inmensa fortuna de presenciar por vez primera a María Santísima de la Esperanza del Valle reinando poderosa bajo el cielo de Poniente. El clima caprichoso e inoportuno quiso truncar el sueño logrando únicamente posponer su materialización hasta el Jueves Santo de 2020, la nueva fecha mágica situada en el horizonte de los hermanos de la Hermandad Sacramental de la Sagrada Cena y de toda la Córdoba Cofrade, un Valle que se llena de Esperanza en la certeza ver cumplidos, en 2020, los sueños que no se pudieron alcanzar en el año que ahora expira.

Cuando apenas restan dos días para que la Virgen María alumbre al Señor de la Fe, y poco más de una semana para que de comienzo el nuevo año de la Esperanza del Valle, la bellísima dolorosa de Miguel Ángel González Jurado, esplendorosamente vestida por su vestidor Manuel Jiménez, ha bajado de su altar para recibir el amor sincero e imperecedero de sus fieles y devotos, presidiendo un magnífico altar efímero concebido por el equipo de priostia de la Hermandad para un besamanos que pone punto y seguido a los acontecimientos cofrades de un intenso año vivido en la ciudad de Córdoba antes de atravesar la frontera imaginaria del 31 de diciembre.  

Para la ocasión Manuel Jiménez ha ataviado a la Virgen, que se halla situada sobre parte de la peana de la custodia del monumento del Corpus -metáfora perfecta de la condición de la Virgen como primer Sagrario-, con la saya realizada por Mercedes Castro a partir de unos antiguos ternos y el manto bordado en aplicación que usualmente lucen la dolorosa en este tipo de eventos y la corona que recientemente restaurante Manuel Valera con vistas el pasado Jueves Santo. Todo ello complementado con un precioso encaje de Bruselas del siglo XIX y lleva sobre el pecho un magnífico collar con broches de plata, con pedrería en zafiros, brillantes y perlas barrocas regalo de un joyero, hermano de la corporación. En su mano Jiménez ha dispuesto un rosario de perlas de agua dulce, regalo de otro hermano, y el ancla que le regalasen a la Virgen sus costaleros la pasada Cuaresma. Para sublimar el conjunto, Javier Grado ha dispuesto un exquisito exorno floral compuesto por rosas de pitiminí calas enanas orquídeas y rosas.

Ante la inabarcable profundidad de su mirada ha estado nuestro compañero Antonio Poyato para dejar testimonio gráfico de esta nueva cita inolvidable.