De entre los cenobios que existen actualmente en la capital madrileña y que guardan una estrecha vinculación con la Casa de Austria sobresalen los monasterios reales de Las Descalzas y la Encarnación. El primero de ellos fue fundado por Juana de Portugal, hija de Carlos I construido en el siglo XVI y habitado por monjas franciscanas. Por su parte, el segundo de ellos, construido en el XVII y habitado por monjas agustinas, fue impulsado por la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III. Sin embargo, la inauguración del mismo tuvo lugar cinco años después de su muerte, por lo que la misa fue ofrecida en su honor.
El componente palaciego se suma así al religioso, en una muestra comisariada por Fernando Checa, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid y donde el visitante puede apreciar obras de Antonio Moro, Pantoja de la Cruz, Ribera o Sánchez Coello, esculturas de Pedro de Mena o Gregorio Fernández, siete grabados de Durero que se exhiben por vez primera y tapices como “El triunfo de la Eucaristía” de Pedro Pablo Rubens, tejidos en Bruselas. Como eje central, las mujeres de la Casa de Austria y su relación con la Iglesia, en concreto con dos monasterios que han cedido espectaculares obras de arte.

La selección comienza con el retrato de Juana de Austria, firmado por Sánchez Coello y que se encuentra en el Monasterio de las Descalzas Reales. De entre las piezas prestadas sobresale el Arca relicario de San Víctor, de 1557, comprado por Ana de Austria en Nuremberg y que donó al convento, o un relicario de oro que también formó parte del patrimonio de la reina. En cuanto a imaginería, destaca una Dolorosa de Pedro de Mena así como un Ecce Homo de Gregorio Fernández. La presencia de las mujeres de la Casa de Austria es constante, estando también obras pictóricas que representan a la emperatriz María de Austria, su hija sor Margarita de la Cruz, Ana Margarita de Austria, la infanta doña Isabel Clara Eugenia o sor Ana Dorotea, hija ilegítima del emperador Rodolfo II.

El área dedicada a la imaginería tiene dos protagonistas indiscutibles. De los once capítulos, uno de ellos está dedicado a Pedro de Mena mientras que la obra de Gregorio Fernández cuenta con dos espacios. Junto con la Dolorosa de Pedro de Mena, comparten espacio una Santa Clara, un Niño Jesús de la Pasión y una Magdalena penitente, que aparece expuesta dentro de su armario barroco original. Por su parte, de Gregorio Fernández se encuentra Cristo atado a una columna o Cristo Yacente, una de sus creaciones más conocidas y que preside el centro de una de las salas. Realizado en 1615, en madera tallada y policromada, es una de las primeras obras que aparecen en el inventario inicial que se realiza en el Monasterio de la Encarnación. Junto a las obras de estos dos maestros de la escultura sobresalen los relicarios que solo son accesibles a los investigadores, así como los cálices, de una sobresaliente orfebrería. La última de las salas acoge el túmulo de Juana de Austria, quien falleció con 37 años.
En total, 110 piezas entre las que se encuentran algunos préstamos llegados desde Viena, América, Flandes, Italia e Inglaterra y que pone de relieve la relación existente entre la monarquía hispánica y religión a través de la Casa de Austria y dos monasterios cuya riqueza impresiona a quienes los visitan. A la exposición «La otra Corte» puede accederse con el ticket al Palacio Real en su categoría de entrada de visita general. Además, coincidiendo con las fiestas navideñas, podrá apreciarse el belén napolitano, uno de los más notables que existen en el mundo y que cuenta con casi doscientas figuras.





