Enigmas desvelados, azucarillos y corceles

Suspira el querubín, observando desde su atalaya, por los secretos desvelados que navegan por el proceloso océano de los enigmas inconfesables. Suspira divertido porque hay quien busca culpables entre quienes materializan los sueños, errando el tiro, y no entre quienes se hacen los ofendidos propiciando reacciones artificiales para contentar a quien en realidad manda desde la penumbra.

Suspira el ángel, sobrevolando rincones con olor a tradición y desencanto, porque sospecha que buena parte del sendero recorrido se difuminará como un azucarillo en un café mañanero por quienes piensan que un martillo es la piedra filosofal sobre la que conservar la herencia de una cofradía centenaria. Suspira por el desastre que se avecina y por las sonrisas cómplices que los cobardes esconden.

Suspira el serafín por quienes justifican lo injustificable, por el trabajo construido derribado a golpe de ignorancia e incompetencia y porque no está hecha la miel para la boca del asno. Suspira sorprendido por ver medallas entre corceles y no entre rosarios ni junto al más pacífico de todos ellos y porque las cosas no ocurren por casualidad sino por regalar cargos en función de un apellido.