“La Cuaresma se convierte muchas veces en angustia de que todo salga bien. Que es tan fácil como decir, das un paso al lado y te quitas cofradías. Pero hasta eso genera angustia”
Su pasión -o el veneno- por el mundo del costal comenzó un Jueves Santo ante el paso de Las Angustias. Su trayectoria como costalero tiene el nombre propio de una hermandad, la de la Buena Muerte, donde lo fue todo, incluido el cargo de capataz de los dos titulares. Su progresión al frente de los pasos fue imparable y, en la actualidad, es titular de los martillos de la Virgen de La O, el de la Concepción, Cristo de la Universidad, Misericordia, Lágrimas en su Desamparo y Conversión.
Su nombre es Enrique Garrido Montero y es uno de los capataces más asentados y prestigiosos de Córdoba. Con él mantuvimos una larga charla (horas) y de ella surge esta entrevista que, en su primera parte, repasa su trayectoria, momentos como el adiós a La Soledad y su salida de la Reina de los Mártires y muchos más conceptos que, a buen seguro no dejarán indiferente al lector. No se la pierdan.
-¿Cómo empiezas en el mundo del costal?
En mi casa no hay nadie que sea cofrade y recuerdo perfectamente, de niño, los jueves y los viernes santos estar jugando al fútbol y no entrar en mi casa y salir mis padres a la ventana para que fuera a bañarme para salir e irnos a ver cofradías. Y decirles que no, porque lo que quería era seguir jugando al fútbol.
Hasta que un Jueves Santo, mi padre ha sido toda la vida comercial de productos de limpieza y tenía un cliente en la cafetería Los Ángeles en la calle Cruz Conde, estábamos allí cenando y pasaba una hermandad. Cuando iba a pasar el paso les pedí permiso para ir a verlo, era Las Angustias. Supongo que iba mandado por José Luis Ochoa, paró allí justo delante y mandaron un relevo. Salieron cuatro o cinco costaleros -supongo que otros tantos se meterían- y me dio tiempo a ver qué pasaba debajo.
Me llamó la atención y a partir de ese momento empecé a enterarme de qué iba aquello, le pregunté a mi padre qué era eso de los costaleros. Y tenía un amigo que había sido costalero de las Penas de Santiago muchísimos años, el famoso Juanito de la calle Agustín Moreno de Casa Juanito, y Juanito fue el primero que me dejó un costal con el que había sacado al Señor muchos años y, por mediación de amigos, fui a sacar el pasito chico del Cristo de Gracia.
“El Americano me cogió, me llevó al paso de Cristo que también estaba ensayando y me presentó a Lorenzo de Juan”
Con aquel paso estuve ensayando, pero nunca llegué a salir. Pero fue justo aquello de que -como dice Curro- te pica el veneno y ya me envenenó para toda la vida. Eso fue con 13-14 años y, cuando entró a cuarto de la ESO, un amigo iba a sacar la Virgen de la Palma y me dio la vara para que me fuera con él. Engañé a mis padres diciéndoles que como era la cofradía de los niños los pasos no debían pesar mucho, a pesar de que todo el entorno nuestro decía que si el niño salía de costalero se iba a quedar paralítico (risas).
Mis padres me dejaron y fui a un ensayo de la Palma con Juan Berrocal. Me dijo que no cabía, casi que me eché a llorar y Juan me dijo, niño te meto debajo y tu te pruebas. Efectivamente, fue sacar el palio de San Lorenzo y cuando arrió estaba mareado.
Me dijo salte del paso que te vas a hacer daño y dije ¿y en el paso del Señor? El Americano me cogió, me llevó al paso de Cristo que también estaba ensayando y me presentó a Lorenzo de Juan. Entré y ese fue el comienzo de todo.
-Y continuaste.
Ahí conocí a Lorenzo. Al cabo de un par de años me dice que vaya a La Reina (de los Mártires). Cuando voy allí conozco a muchos de los que hoy son mis amigos. Al año siguiente digo de ir a La Sentencia, que todavía la tenía Lorenzo de Juan, y es cuando empiezo a ser costalero de sacar cofradías y conocer a mucha gente. Por ejemplo, la famosa cuadrilla de La Reina de 28-29 hombres nada más. Y La Sentencia en la cuadrilla David Arce, José Luis Ochoa, gente muy gorda de Córdoba sacando La Sentencia.
“Hablé con él y le pregunté si a él le importaba que fuera a sacar pasos con Curro, porque sabía que los maestros al final chocan”
En aquellos años Lorenzo de Juan comienza a perder pasos y yo tenía 19 o 20 (años) y lo que quería es sacar más. Entonces hablé con él y le pregunté si a él le importaba que fuera a sacar pasos con Curro, porque sabía que los maestros al final chocan.
“Como siempre he dicho, como en mi casa, los cubiertos se ponían a la derecha y la servilleta a la izquierda; y con Curro me di cuenta que la servilleta se podía poner a la derecha, el pan a la izquierda… que se podían hacer las cosas de otra manera”
Fui a hablar con Curro, le pedí trabajo para el misterio del Císter, fui y entré, y fui a la igualá del Sepulcro y entré también. Siempre digo que fue para mí como hacer un Erasmus. Estaba acostumbrado a que en mi universidad las cosas se hacían de una manera. Como siempre he dicho, como en mi casa, los cubiertos se ponían a la derecha y la servilleta a la izquierda; y con Curro me di cuenta que la servilleta se podía poner a la derecha, el pan a la izquierda… que se podían hacer las cosas de otra manera.
Aquello me enriqueció un montón. A partir de ahí saqué pasos con ellos dos, con José Luis Ochoa, con David Arce y eso, como costalero, es lo que me va formando.
Ahí se fue pergeñando que en todo ese desarrollo voy conociendo a mis amigos, Antonio Leiva, Jaime Camacho y demás. Llegó a la Universidad y conozco a Javier López y a Pedro Domínguez, llega Antonio Jiménez Vidal, Cali; el grupo que ahora somos el cuerpo de capataces y nos fuimos haciendo amigos.
-Y te convertiste en capataz.
Cuando llegamos a la facultad (Filosofía y Letras) nos enteramos que estaba la Virgen de la Presentación en el convento de San Pedro de Alcántara. Con Javi López y Pedro Domínguez, a más de una clase faltábamos e íbamos a pedir permiso al convento para poder ver a la Virgen. Esa fue de alguna manera nuestra llegada a la Hermandad Universitaria.
“Allí había gente de otras cofradías que en Buena Muerte eran muy escuchadas. E insinuaron que el nene que había cogido el palio había hecho algo un poco distinto”
En ese tiempo hubo un par de años que a Lorenzo lo cesaron como capataz de La Reina y después regresó. Y cuando volvió, todos nuestros amigos -que era un grupo mucho más numeroso- fuimos a sacarla. Allí me dice Lorenzo que ya no cabía y me quedaba fuera y fue cuando me ofreció ir de contraguía con él.
Aquello pasó en la Cuaresma de 2005, la extraordinaria de La Reina en noviembre de ese año y 2006. Y algo pasó en aquella extraordinaria, que Lorenzo me dejó el palio en Claudio Marcelo de vuelta, subí Claudio Marcelo hasta el Góngora, pegué las revirás a derecha e izquierda bordeando Tendillas y allí había gente de otras cofradías que en Buena Muerte eran muy escuchadas. E insinuaron que el nene que había cogido el palio había hecho algo un poco distinto.
Eso fue lo que hizo que en Buena Muerte empezara a sonar la posibilidad de que ese contraguía del paso de palio pasara a quedarse con el paso del Señor, porque llevaba algunos años que lo pasaba nada más que regular.
“Pasamos de ser costaleros a tener dos cofradías”
Llega noviembre de 2006 y a la Hermandad Universitaria la convierten en cofradía como tal. Nosotros que éramos estudiantes de la facultad, en seguida nos llaman don Miguel Rodríguez Pantoja y don Alberto Villar, por mediación de Juan Carlos Jiménez Díaz, y nos ofrecen ser capataces de la Virgen de la Presentación, que al año siguiente iba a salir, primero con unas andas y se hizo el encargo para que saliera con paso a costal.
“Cuando te van a poner de capataz te hace ilusión, pero aquella noche cuando ya eres capataz tenía una losa de hormigón en el pecho enorme”
Eso fue a finales de 2006 y en 2007, el 10-11 de enero más o menos, la Hermandad de la Buena Muerte nos ofrece el paso de Cristo. Pasamos de ser costaleros a tener dos cofradías. Recuerdo aquella noche, porque cuando te van a poner de capataz te hace ilusión, pero aquella noche cuando ya eres capataz tenía una losa de hormigón en el pecho enorme.
-Y llega todo lo demás.
A partir de ahí fue lo que todo el mundo conoce. Si algo nos llena de orgullo, es que casi todas las cofradías que hemos cogido es porque un costalero nuestro era de junta de gobierno de otra hermandad, le gustaba el sistema que teníamos y nos iba llevando a aquella.
En 2009-2010 sacamos un palio en Andújar, el de la Virgen de los Estudiantes, la Amargura. Aquello nos vino muy bien para ir cogiendo horas de vuelo dominando un paso de palio. En 2011 viene el Cristo de la Universidad y la cofradía nos ofrece que llevemos los dos pasos. Y un costalero nuestro, Rafael Dorado hijo -que había venido a Andújar-, le dice a su padre -que era hermano mayor y capataz de la simiente de la futura Hermandad de la Conversión- que le gustaba cómo trabajábamos y nos llama Conversión.
“Si algo nos llena de orgullo, es que casi todas las cofradías que hemos cogido es porque un costalero nuestro era de junta de gobierno de otra hermandad, le gustaba el sistema que teníamos y nos iba llevando a aquella”
Nosotros pensábamos que era para sacar a la Virgen del Rosario, que era lo único que sacaban en ese momento. Y Rafael nos dijo, no, no, esto va a ser una cofradía. Y nos dice “el crucificado ese”, el famoso de Juan de Ávalos, “lo vamos a sacar esta Cuaresma y vamos a encargar una dolorosa y esto va a ser un misterio”. A los seis meses sacamos el crucificado, antes que a la Virgen del Rosario y a los dos años fue cuando hicimos el traslado de Salud y Consuelo desde San Andrés a Electromecánicas.
“Cuando llegamos a Las Lágrimas aquello eran los Balcanes. Llegamos con un mensaje muy duro, la igualá fue dura”
Luego vino el gran espaldarazo, cuando nos llamó Misericordia para sacar a la Virgen de las Lágrimas, que eso ya era punto y aparte. Éramos capataces de Buena Muerte y Luis de Torres -miembro todavía de junta de gobierno de Misericordia- era costalero de la Reina de los Mártires. Y él decía que el Señor de la Buena Muerte, que siempre había llamado menos la atención, su cuadrilla no era tan anárquica como otras. Y fue el que nos llevó a Misericordia, siendo Leopoldo Tena hermano mayor.
Llegamos a Misericordia, conocemos a Juan Enrique Sánchez de Medina, Pachuli, y nos empieza a decir en los ensayos que a la Hermandad de la Soledad le gusta mucho como va el Cristo de la Buena Muerte. Y cuando llegamos a Las Lágrimas aquello eran los Balcanes. Llegamos con un mensaje muy duro, la igualá fue dura -porque tenía 25 o 26 años y llegué allí pegando voces y golpes en la mesa, y tíos más viejos que yo diciéndome, ahora me lo vas a contar-, pues salió muy bien. Y en la junta de gobierno de José Murillo, que además era el capataz de Soledad y quería dejar el martillo para centrarse en ser hermano mayor, estaban Rafa Sendra, Paco López, etc., estaban siguiéndonos la pista y le pidieron informes a Pachuli, que les contó que en Lágrimas era todo un poco tumultuoso y que en dos años se había templado la cosa e iba todo muy bien. Y nos llamó Soledad.
“La gente cree que no, pero me da igual. Fue entonces cuando Antonio Leiva que era el hermano mayor -vaya por delante que es íntimo amigo mío y del cuerpo de capataces- habló con Lorenzo de Juan, le ofreció la famosa permuta de los martillos. Lorenzo no solo dio el visto bueno, sino que lo vio -al menos eso me dijeron a mí- como el paso natural”
Y después de eso, en la Hermandad de la Buena Muerte había una corriente interna que decía que el modelo de las igualás de la Buena Muerte, que en el día de la igualá ya se quedaba cerrada la cuadrilla, cuando había sido el paso complicado de la cofradía de toda la vida porque la gente quería ir a sacar a La Reina, querían trasladar eso del paso del Señor al de la Virgen.
La gente cree que no, pero me da igual. Fue entonces cuando Antonio Leiva que era el hermano mayor -vaya por delante que es íntimo amigo mío y del cuerpo de capataces- habló con Lorenzo de Juan, le ofreció la famosa permuta de los martillos. Lorenzo no solo dio el visto bueno, sino que lo vio -al menos eso me dijeron a mí- como el paso natural. Alguien de la casa, que al igual que él sacaba muchas cofradías siendo de Buena Muerte. Lo vio bien y se hizo la permuta.

Eso fue en 2017. En 2019 hubo un primer acercamiento de Penas de Santiago para que cogiésemos Concepción. En 2023, Misericordia nos ofrece coger la cofradía entera. Y es cuando llega la sorpresa mayúscula del palio de La O, que eso sí que no nos lo esperábamos en la vida. Y, al año siguiente, cogemos el palio de la Concepción y, entre medias, es cuando nos quitan el palio de La Reina.
También Fundación Santos Mártires nos ofrece el paso de San Acisclo y Santa Victoria y así es como se nos ha ido de las manos todo esto (risas).
-De aquel Enrique que hace unas chicotás al frente del paso de La Reina al de ahora, cuánto has cambiado.
Soy mucho más consciente que entonces. Y, aunque esté feo decirlo, lo que ha cambiado sobre todo ha sido la ilusión. Aquel era un Enrique ilusionado, que solo vivía por y para las cofradías. Recuerdo que en casa de mis padres me acostaba con la carpeta de los costaleros y lo último que hacía antes de cerrar el ojo era ver los cuadrantes, los hombres que faltaban y pensaba en quién podía llamar. El gesto era coger la carpeta, meterla debajo de la cama y echarme a dormir. Por la mañana, antes de irme a la facultad, era cogerla y echarle un último vistazo.
“Aunque esté feo decirlo, lo que ha cambiado sobre todo ha sido la ilusión”
Y ahora es ser muy consciente de la responsabilidad, pasar -no sé si decirte miedo- pero sí un poco de angustia porque todo salga bien. Uno de los momentos es cuando Misericordia abre las puertas y empiezan a salir nazarenos y nazarenos y nazarenos, siempre digo, Dios mío que vaya todo bien, porque esta gente sale tan tranquila con su cirio y con su túnica, porque piensa que todo va a salir como todos los años y no va a haber ningún problema.
“Desde que nos llama una cofradía sabemos todos los pasos que hay que dar, qué tenemos que preguntar, cuántas reuniones tenemos que tener, que hay que tener una charla con el mayordomo y con el prioste para ver cómo se montan los pasos, medir vuelo de visera de pasos, altura de zancos, etc.”
El vértigo ha cambiado mucho. Todo es más mecánico. Puedo sacar esto adelante porque el cuerpo de capataces funciona como un reloj. Por ejemplo, en estas últimas igualás de la Magna -tanto de Conversión como de La O- que han sido muy complejas y muy difíciles, porque en La O hemos tenido que igualar, primero a la cuadrilla de la Virgen, después a la del Señor y en los huecos que se han quedado hemos metido a gente de fuera; y hemos tenido que igualar a esa cuadrilla más los que van a hacer la vuelta con La O, porque hemos permitido que ida la hagan con otra cofradía. Fue larguísima y terminé muy cansado. Pero es que en la de Conversión tuvimos que igualar, más o menos con el mismo sistema, a una cuadrilla para el día 11 y otra para el 18.
“Todo es más mecánico. Puedo sacar esto adelante porque el cuerpo de capataces funciona como un reloj”
Todo eso sale para adelante porque hay gente que sabe que tiene que tomar datos, hay gente que sabe que tiene que estar midiendo, hay gente que yo ya no le digo nada, porque estoy igualando la segunda y ellos están igualando la tercera, la cuarta, la quinta para que cuando llegué ya esté eso montado.
Es todo mucho más mecánico. Desde que nos llama una cofradía sabemos todos los pasos que hay que dar, qué tenemos que preguntar, cuántas reuniones tenemos que tener, que hay que tener una charla con el mayordomo y con el prioste para ver cómo se montan los pasos, medir vuelo de visera de pasos, altura de zancos, etc. No me gusta usar este término, pero es una profesionalidad que está muy medida. Y claro no es la ilusión de aquellos años y lo echo un poco de menos.
-Eso te iba a preguntar, que si la echas de menos.
Sí, sí, sí. No te voy a decir que me arrepienta de coger tantas cofradías. Pero es lo que te he dicho antes de la angustia, la Cuaresma se convierte muchas veces en angustia de que todo salga bien. Que es tan fácil como decir, das un paso al lado y te quitas cofradías. Pero hasta eso genera angustia de decir, bueno me voy a quitar un par de cofradías, pero qué dedo te cortas que no te duela. Con cuál no tengo compromiso para decir voy a dimitir porque no puedo más con esto, pero sin embargo sí puedo mantener dos (hermandades).
“La Cuaresma se convierte muchas veces en angustia de que todo salga bien. Que es tan fácil como decir, das un paso al lado y te quitas cofradías. Pero hasta eso genera angustia”
-Pero sí hubo un momento en que tuviste que decidir entre Conversión y Soledad.
Cuando antes te contaba que Rafael nos dijo cuando llegamos a Conversión, qué esto va a ser una cofradía, se fueron dando pasos hasta que llegó la nueva imagen del Señor, llega el nuevo paso y la cofradía dice que va a carrera (oficial). Tuvimos una reunión con la hermandad, antes con Universitaria, la tuvimos con Conversión y ya se lo hemos dicho a La O que, si Dios quiere, la vamos a tener con ellos. Nos ha pasado que hemos llegado a cofradías que están en ciernes y verlas en carrera oficial.
Nos sentamos con ellos para decirles que la prioridad absoluta era la hermandad. Teníamos ya muchas cofradías, teníamos algunos días libres, pero no podía decirle a Conversión vaya usted al Lunes Santo porque yo puedo. Tiene que ser la cofradía la que decida. Que ellos escogieran su día y cuando lo hicieran que nos lo dijeran. Y cuando nos dijeron el Viernes (Santo), pues imagínate.
“Nos ha pasado que hemos llegado a cofradías que están en ciernes y verlas en carrera oficial”
Lo he dicho muchas veces y lo sigo diciendo, que si ha habido una cofradía que nos ha caído como anillo al dedo ha sido Soledad. Era muy, muy, muy nuestro estilo, incluso más que San Hipólito. Nosotros veníamos formados de la seriedad de San Hipólito, de la intelectualidad de la Hermandad Universitaria -por mucho que la gente la critique es que hasta el último tornillo está bien puesto y puesto por algo-, y cuando aparecimos en Soledad es que era todo eso. Mezclándole una parte bucólica y un poco nostálgica, porque fueron los últimos años en Santiago. Aunque todavía no se sabía que se iba a ir, sí que es verdad que -hoy es una cofradía potente- era una hermandad con una Virgen preciosa, una cofradía idílica, pero en un contexto en el que todo iba a contracorriente. No queríamos irnos de Soledad.
“Lo he dicho muchas veces y lo sigo diciendo, que si ha habido una cofradía que nos ha caído como anillo al dedo ha sido Soledad. Era muy, muy, muy nuestro estilo, incluso más que San Hipólito”
Cuando Conversión dice que el Viernes Santo y van al pleno y lo aprueban, nosotros manejamos todos los márgenes. Tengo que darle las gracias tanto a Paco López (hermano mayor de la Soledad entonces) como a Rafael Dorado, porque nos dieron todas las facilidades del mundo y ninguna intentó presionar y ninguna nos puso en una tesitura complicada.
Barajamos quedarnos en Soledad, donde la cuadrilla estaba muy hecha, el paso andaba como nosotros queríamos que andase y era una cofradía medianamente sencilla: cuatro horas en la calle, la guinda perfecta al pastel.
“Nosotros fuimos a dimitir un lunes por la noche y yo me hice hermano de la cofradía el miércoles. Estaba muy a gusto en Soledad y me fui sin querer irme”
Conversión era un reto entero, porque era venir desde la otra punta, un Viernes Santo, después de haber recogido a La Reina a las seis de la mañana. Pero la cuestión es que nosotros somos demasiado leales a nosotros mismos, con Conversión teníamos el compromiso desde el año 2011, y con Soledad desde el año 2015. Entonces, cuando barajamos todas las posibilidades y algunas de ellas se nos escapaban, porque ni manejábamos gente ni teníamos suficiencia para eso, tuvimos que elegir. Y es cuando fuimos a hablar con Soledad y les dijimos que, con todo el dolor de nuestro corazón, que el compromiso lo teníamos de antes con esta familia. Incluso nos parecía mucho más sencillo Soledad que Conversión, pero hay que ser respetuosos con la palabra (dada).
Nosotros fuimos a dimitir un lunes por la noche y yo me hice hermano de la cofradía el miércoles. No me había hecho hermano mientras era capataz y me hice a los dos días, porque estaba muy a gusto en Soledad y me fui sin querer irme.
-De La Reina os cesaron ¿Cómo lo viviste?
Fue durísimo, porque es nuestra casa, es nuestra cofradía y es una hermandad que, como me dijeron en otro sitio, hemos pasado por todos los lados de la cofradía, hemos hecho de todo en la cofradía, y he visto a algunos de mis amigos -que han formado parte del cuerpo de capataces- dormir en los bancos de San Hipólito.
Pasó como pasan estas cosas, hay cambio de junta de gobierno, entra gente nueva y los hermanos votamos a esta junta de gobierno, tienen que tomar decisiones y la gente que llegó no estaba de acuerdo con que nosotros estuviéramos allí. La junta tiene que tomar decisiones y los hermanos tenemos que acatarlas.
“Fue durísimo, porque es nuestra casa, es nuestra cofradía y es una hermandad que, como me dijeron en otro sitio, hemos pasado por todos los lados”
-Tienes fama de ser un capataz muy serio ¿Es así?
¿Ni con Conversión ni La O se me ha quitado la fama ya? (Risas). Nosotros serios delante de los pasos teníamos que ser, sí o sí, porque como capataces nacemos en Universitaria, Buena Muerte, al poco es Misericordia que aunque vaya con música la puesta en escena es muy seria, al poco es Soledad, es nuestro sino.
Personalmente soy dicharachero, pero sí es verdad que soy muy serio en el trabajo. Aprendí mucho con Curro y a mí de Curro me encantaba la puesta en escena esa de llegar quince minutos tarde, y entrar ese señor por la plaza de la Compañía y allí doscientos tíos correr cogiendo las bolsas y ponerte, y llegar, pegar una voz y poner firmes a doscientos hombres a la vez. Qué disciplina.
“Personalmente soy dicharachero, pero sí es verdad que soy muy serio en el trabajo”
Nosotros hemos sido muy disciplinados y me ha costado tomar decisiones de tener que echar de cuadrillas a hombres, casi de la edad de mi padre, que llevaban muchísimos años debajo de los pasos.Pero no íbamos a permitir según qué cosas debajo de los pasos. Y esos son los que han ido poniendo un poco la fama.
“Recuerdo una frase de Rafael Ariza que decía que para ser buen costalero antes hay que ser buena persona”
Recuerdo a uno, del entorno del Realejo, que era un pieza importante y que, de buenas a primeras, empieza a aparecer en todas nuestras igualás. Claro y hoy tenemos doscientos costaleros, pero antes no los teníamos (eso del boom de los costaleros… no nos hemos tenido que batir el cobre para llenar los pasos) y a aquel señor lo metimos en casi todos los pasos.
“Nosotros hemos sido muy disciplinados y me ha costado tomar decisiones de tener que echar de cuadrillas a hombres, casi de la edad de mi padre, que llevaban muchísimos años debajo de los pasos”
A mí no me entraba por el ojo y recuerdo una frase de Rafael Ariza que decía que para ser buen costalero antes hay que ser buena persona. El tuno que te intenta engañar con la igualá,, llegando tarde, o se pone las zapatillas de no sé qué color para retarte, antes o después le voy a pegar el palo. Y a aquel, como le tuve que leer la cartilla delante de toda una cuadrilla, soltó algo así como, “igualas muy bien, pero no eres nada simpático” y yo le contesté que “quién te ha dicho a ti que yo quiero ser simpático contigo”.
-¿Para ti, qué tiene que tener un capataz?
Te voy a hablar de los míos, o de los que considero míos. He sacado pasos con muchos hombres. Capacidad de liderazgo. Recuerdo siendo costalero del paso del Sepulcro, le dieron a Curro la cofradía entera y estaban ensayando los dos pasos en la calle, estar debajo del paso del Señor y no estar todo lo fino que deberías ir y escucharse que acababa de dejar el palio y venía para acá y pegar un hipío desde la mitad de la calle Concepción, estando el paso del Señor en San Nicolás y notar -como costalero- que el paso se viene arriba.
“Como le tuve que leer la cartilla delante de toda una cuadrilla, soltó algo así como, ‘igualas muy bien, pero no eres nada simpático’ y yo le contesté que ‘quién te ha dicho a ti que yo quiero ser simpático contigo’”
Después, las hechuras, no solo hay que serlo sino parecerlo. A Lorenzo de Juan lo han criticado mucho (ahora mucha gente le pasa la mano por el lomo, siempre digo que dónde estaba esa gente cuando cogió a la Reina de los Ángeles y fuimos sus amigos y muchos no estaban allí. Porque me acuerdo los que estábamos en la plaza de Capuchinos aquella noche), y el porte que tiene ese señor delante del paso es admirable.Siempre ha ido muy bien puesto, muy bien vestido y sabiéndose que era responsable de todo eso.
“A mí lo que me gusta de Sevilla son los Ariza, los tengo idolatrados”
Con Juan Berrocal nunca saqué un paso. Recuerdo ir a sus ensayos, verlo dirigirse a su cuadrilla y cómo se ganaba el respeto sin tener que pegar una voz, sin tener que decir una palabra más alta que otra.
“A Lorenzo de Juan lo han criticado mucho (ahora mucha gente le pasa la mano por el lomo, siempre digo que dónde estaba esa gente cuando cogió a la Reina de los Ángeles y fuimos sus amigos y muchos no estaban allí. Porque me acuerdo los que estábamos en la plaza de Capuchinos aquella noche)”
Lo primero es capacidad de liderazgo y luego saber lo que se está haciendo. Mi vida laboral y académica es la historia y la afición son las cofradías. Por ende, a mí lo que me gusta de Sevilla son los Ariza, los tengo idolatrados. En Córdoba, los faeneros vienen por los Sáez. Recuerdo ir a ver capataces históricos, los de cuando era niño y, según qué comportamientos y actitudes, decir que incluso, yo que soy un pipiolo estoy viendo cosillas que se pueden mejorar.
Y, para mi gusto, también saber dónde estás. Si entras a una iglesia tienes que saber que está el Santísimo, porque tú eres el referente de tu cuadrilla. Por ejemplo, te voy a contar porque empezó a gustarme Penas de Santiago. Estando todavía en Soledad hicimos el traslado del paso desde el local a Santiago. Y, cuando llegamos, estaban montando el palio de la Concepción. Lo tenían casi entero, pero en la capilla donde está la Virgen había una aceiteras y algo pasaba que no podían montar el palio.
“Tenemos el lema de que cuando llegamos a una cofradía, lo primero es que eres más de esa cofradía que el hermano mayor, y lo segundo, no puedes hablar de otra”
Se acercó gente de las Penas y me preguntaron si me importaba coger a unos cuantos costaleros y levantar el palio y moverlo veinte centímetros para poder seguir montándolo. Me dirigí a Paco López, que era el hermano mayor, para pedirle permiso y nos fuimos para el palio. Pero antes de meternos, ya que nos íbamos a meter en su palio, fuimos a rezarle a la Virgen. A la gente de Santiago, tanto a la de las Penas como a la de la Soledad, los dejamos descolocados.

Esa sensibilidad con el punto religioso, devocional, hay que tenerla. Tenemos el lema de que cuando llegamos a una cofradía, lo primero es que eres más de esa cofradía que el hermano mayor, y lo segundo, no puedes hablar de otra. Hemos tenido a algún contraguía que tuvimos que decirle, mejor que no sigas con nosotros, porque venía a sacar una de nuestras cofradías y se ponía hablar de que costalero iba en no sé dónde y pegaba dos costeros y estábamos en una cofradía de silencio. Y esa cofradía, esa cofradía, oiga usted no está ahora en esa cofradía. Aquí hay unos hermanos que nos confían su Virgen, su Cristo y, cuando vengamos aquí tenemos que ser más de la Universitaria que Paco Beltrán que en paz descanse. No podemos ir a una cofradía a hablar de que sacamos esto o lo otro.
Eso en La O, por ejemplo, ha gustado mucho. Llegamos a La O y no hablamos de Misericordia ni de Conversión. Cuando voy a tu casa lo que te gusta es que alabe tu casa no que te hable de la casa del vecino.





