Entrevista | Francisco Luis Castaño, ‘Sony’ (I): “Un capataz sin costaleros no es nada, una cuadrilla de costaleros sin capataz lo es todo”

“Te puedes tirar quinientos mil años debajo de un paso, quinientos mil de auxiliar, pero hasta que no te pones delante como capataz no sabes a la responsabilidad que te sometes”

Desde que tomó su camino en solitario como capataz, Francisco Luis Castaño Romero (popularmente conocido como ‘Sony’), ha ido creciendo en el mundo del martillo. Así lo corrobora el salto, primero, en la Hermandad del nazareno, donde comenzó como titular del llamador del Señor y ahora es capataz general de la cofradía del Jueves Santo cordobés.

Una trayectoria en la que cada paso es firme, sin acumulación, y que parte de una experiencia dilatada como costalero, ámbito en el que siempre fue considerado uno de los mejores de Córdoba. De esto, de su pertenencia a las cuadrillas de Luis Miguel Carrión, ‘Curro’, del momento en que decidió emprender su propio camino y del mundo de abajo habla en la primera parte de la entrevista. No se la pierdan.

-¿Cómo empiezas en esto?

Por mi padre, que me gusten el mundo de la Semana Santa, de las cofradías y las hermandades. Era de la cofradía de la Buena Muerte y vistió la túnica durante muchos años. Es el que me metió el veneno de la Semana Santa. Diferente a lo que vivo hoy en día, pero el que me metió en este mundo fue él. Por amistades llegué al mundo de abajo y me llenó tanto que me quedé.

-¿Cómo fue la primera vez?

Cuando una persona se mete debajo de un paso por primera vez no sabe cómo tomárselo, porque no tiene antecedentes. Aparte de emocionante y esperado, era un mundo por descubrir porque nadie sabe lo que es ese mundo hasta que te metes debajo. Es un mundo lleno de virtudes y de otras cosas que no lo son tanto. Es un mundo por descubrir día a día. No se descubre en dos días, ni en treinta ni en cuarenta años; se descubre día a día, según van pasando los años. Tenía mucha ilusión y fue un día muy alegre.

“Por amistades llegué al mundo de abajo y me llenó tanto que me quedé”

¿Dónde fue?

La Cuaresma estaba muy avanzada y recuerdo que ese año fui a pedir sitio a la Candelaria. La llevaba el Napo y ese día me dijo que no tenía altura y quedaban tres o cuatro ensayos, hoy en día son uno o dos pero en aquella época había bastantes ensayos. No me quiso meter y me mandó al Huerto, que también estaba ensayando ese día y Rafael Bracero Montoro me dijo que le quedaban dos ensayos, yo era también muy chico, y no me quiso meter. 

“Empecé muy joven, con quince años y cogí tres cofradías en las que he permanecido durante los años hasta que me tuve que retirar”

Y ese mismo año, Miguel Armenta cogió la Virgen del Rayo -que era de mi barrio y del círculo de mis amistades que fueron los que me llevaron a distintas igualás- y me llamó. Me dijo, “si te quieres meter debajo de un paso te vas a meter”, y fui. Se ensayaba los domingos por la mañana y en el primer ensayo me entregaron una ropa que era un pañuelo y no sabía ni cómo gestionarlo. Y la primera vez que me metí debajo de un paso fue ese año, bajo la Virgen del Rayo.

Al año siguiente entré en la cuadrilla del Huerto, del Esparraguero. Curro nos llamaba para el Santo Sepulcro, ya ese año sí que cogí cofradías grandes. Empecé muy joven, con quince años y cogí tres cofradías en las que he permanecido durante los años hasta que me tuve que retirar.

-¿Por qué te retiras?

Por una lesión cervical. La C4 y la C5 ya no están para coger pasos. Independientemente de las burradas que se hacían antiguamente, que no había tantos costaleros, y nosotros, por suerte, muchas cofradías depositaban su confianza en nuestro capataz; independientemente de eso fue por una lesión digamos de ocio, no fue el cien por cien de los pasos, fue de ocio.

“Entiendo que no hay ninguna competición debajo de un paso”

-En aquellos años se te consideraba uno de los grandes costaleros de Curro ¿Cómo lo llevabas?

No me considero ni el mejor ni el peor, sino uno más. Aquello era una familia en la que a dónde íbamos, íbamos todos. Y eso era lo que nos gustaba, no había esa competición. Porque entiendo que no hay ninguna competición debajo de un paso. Al final, la unidad que hay debajo de un paso es la que te demuestra y te sienta cátedra. Los costaleros son uno, no hay ni más ni menos, no hay nombres ni hay figuras. Hay una cuadrilla que manda el capataz y es la que pasea a las cofradías.

-¿Qué aprendiste en aquellos años?

Muchas cosas. Aprendí una forma de ver las cofradías, una forma de sentir, una forma de vida, una forma de querer. Sobre todo me quedo con una forma de vida que seguirá durante toda mi vida.

-¿Cómo fue trabajar con Curro?

¿Qué te digo? Para mí ha sido una gran satisfacción trabajar con uno de los mejores de aquella época y que hoy en día, gracias a su trabajo, a su constancia y a su buen hacer nos hace disfrutar durante muchos días en Semana Santa. 

“Trabajar con Curro, la experiencia y los momentos que he vivido con él y con su gente, para mí ha sido una gran satisfacción”

Fueron tiempos difíciles en los que había gente como Lorenzo (de Juan), Javier (Romero), Rafael Muñoz, Juan Berrocal, que tuvieron que luchar contra viento y marea para que hoy en día tengamos lo que tenemos. Trabajar con Curro, la experiencia y los momentos que he vivido con él y con su gente, para mí ha sido una gran satisfacción.

Antes te comentaba lo del modo de vida y en ese modo de vida entran los momentos que viví. Fueron unos años súper grandes y súper enriquecedores.

-Y llega el salto a auxiliar y capataz.

No sé si diferente o no. Aquello era una familia, donde estuviésemos era independiente. A unos les tocaba delante, a otros abajo, a otros detrás, pero el conjunto era la familia y en ella era donde nos sentíamos a gusto, dentro de nuestro ámbito de vida. No era diferente porque seguíamos estando en el mismo sitio. 

Fue una responsabilidad, dentro de la que te da el capataz de asumir el cargo de auxiliar suyo, dentro de lo que conlleva ser auxiliar de él (de Curro), que no es fácil. Porque no es fácil, porque es una persona que somete, que se somete a él mismo, se somete día a día, quiere mejorar día a día. Y no es fácil ser auxiliar suyo.

“Aquello era una familia, donde estuviésemos era independiente. A unos les tocaba delante, a otros abajo, a otros detrás, pero el conjunto era la familia”

Independientemente de eso, fue una gran satisfacción y una gran alegría. Pero no fue diferente porque siempre estábamos en familia, amigos íntimos que nos llamábamos durante todo el año, si a alguien le pasaba algo estábamos ahí, si alguien tenía un hijo estábamos ahí. Eso para nosotros fue una trayectoria de nuestra vida que fue muy satisfactoria.

“Curro es una persona que somete, que se somete a él mismo, se somete día a día, quiere mejorar día a día. Y no es fácil ser auxiliar suyo”

-¿ Y cuándo decides tomar tu propio camino?

Lo decido por temas personales, no por cuestiones cofrades. Tampoco es mi decisión, porque hasta el momento que me llama la Hermandad de Jesús Nazareno seguía en el equipo de Luis Miguel. Cuando me llama la Hermandad del Nazareno dije ¿por qué no, por qué no voy a coger mi camino y con todo lo que me han enseñado, no solo la gente de fuera, sino también la gente de abajo?

Nunca se termina de aprender, porque los que enseñan son los maestros y están en el cielo, los que estamos aquí en vida estamos aprendiendo día a día. Quien piense lo contrario se equivoca. Los que sentaron cátedra no están aquí están en el cielo y, gracias a ellos, tenemos una base fundamental que nos ayuda a crecer como capataces y como personas.

“Cuando me llama la Hermandad del Nazareno dije ¿por qué no, por qué no voy a coger mi camino y con todo lo que me han enseñado, no solo la gente de fuera, sino también la gente de abajo?”

En ese momento que me da la confianza y la oportunidad la Hermandad del Nazareno dije por qué no. después de la trayectoria y de lo que me había pasado con mi anterior equipo no tenía muchas ganas, pero eso me llenó de ilusión y de ganas para tirar adelante. 

“Los que sentaron cátedra no están aquí están en el cielo y, gracias a ellos, tenemos una base fundamental que nos ayuda a crecer como capataces y como personas”

-¿Cómo fue esa primera vez con el Nazareno?

Cuando te pones delante de un paso te sometes a mucha responsabilidad. Al final estás llevando un tesoro que te entrega la cofradía y a ese tesoro le rezan, le piden, lo aman y conlleva una responsabilidad muy grande. Te puedes tirar quinientos mil años debajo de un paso, quinientos mil de auxiliar, pero hasta que no te pones delante de un paso con la responsabilidad de capataz no sabes a la responsabilidad que te sometes. Y me lo tomé con mucha responsabilidad porque es en lo que me han educado.

-¿Qué te encontraste allí?

Me encontré a una familia, una gente que matan por su hermandad y por sus imágenes, tradición de padres a hijos, personas que mueren por el Señor y por la Virgen, a gente a la que solo le hacía falta un detalle que es cariño, gente que sabe estar y sabe lo que hace. Y gracias a ellos, hoy en día, mi trabajo es más fácil. 

Al final, los pasos los llevan los costaleros no los capataces. La cátedra del mundo de abajo está debajo, no está fuera. Y gracias a la gente de abajo nosotros hacemos un buen trabajo o malo. Siempre digo una cosa, un capataz sin costaleros no es nada, una cuadrilla de costaleros sin capataz lo es todo.

Solo me hizo falta coger su cariño, empaparme de esa casa, empaparme de ellos y que ellos se empapasen de mí para llegar al punto que hoy tenemos.

“Siempre digo una cosa, un capataz sin costaleros no es nada, una cuadrilla de costaleros sin capataz lo es todo”

-Hace unos meses, en otra entrevista, me decía el hermano mayor del Nazareno que hacía muchos años que las cuadrillas no estaban completas.

Ese proceso no es solo gracias a mí, se ha producido gracias a todos. Gracias a los de abajo, a los de fuera, a la junta de gobierno. Hay gente que  ha venido porque estaba yo, otra que ha venido por su cuenta y riesgo, hijos de costaleros y todo el mundo se ha quedado.

Pero no porque lo lleve Francisco Luis Castaño, sino porque hay un cariño, un ambiente sano, acogedor, enriquecedor para la cofradía. Y eso no es solo función mía, es de todos. Y gracias a eso la familia ha ido creciendo y lo seguirá haciendo, lógicamente, porque lo tienen de cuna. Mientras ellos quieran seguirán creciendo.

“Hay gente que  ha venido porque estaba yo, otra que ha venido por su cuenta y riesgo, hijos de costaleros y todo el mundo se ha quedado”

-¿Cómo son esas cuadrillas?

Las dos cuadrillas se complementan y se mezclan muy bien, con la veteranía de gente muy antigua y con la juventud de gente que quiere aprender dentro de algo tan bonito como es el silencio.

-Tu primer año en el Nazareno (2019) tuvo Jueves Santo y Magna. Este año hay otra en la que participa el Señor ¿Cómo la esperáis, porque además fue la primera cofradía en anunciar su participación?

Es algo grande para la ciudad y para las hermandades de Córdoba. Como es así, lo esperamos con muchas ganas e ilusión. Lo que me gusta es que mi ciudad crezca y se enriquezca a nivel cofrade y social. Y va a ser buena para la ciudad, para las cofradías y para todo el mundo. Y la cuadrilla con muchas ganas.