En la siguiente entrevista, el que fuera pregonero de la Semana Santa de Córdoba muestra su aguda visión sobre la situación actual de las cofradías
Creo que alguna vez lo he escrito, pero lo reitero. Cuando conocí a paco Román fue en el edificio del Ayuntamiento de Gran Capitán, para preparar la revista Alto Guadalquivir. Al poco de empezar la charla me preguntó -de forma casi retórica- si había sido alumno salesiano. Ambos lo fuimos y esta entrevista acaba precisamente en ese espacio emocional.
Pero antes, no se pierdan la profunda reflexión que Paco hace de la situación actual de las cofradías. Seguramente, muchas cosas no les gusten, les contraríen, pero tengan presente que su análisis parte de la experiencia y, sobre todo, de la inteligencia, la humildad y la verdad. Elementos poco acostumbrados en una sociedad que, como él define, vive en el “franquismo sociológico”.
En las siguientes líneas no van a encontrar a Papá Estado, pero sí reflexiones muy recomendables que, probablemente, a quienes ostentan el mando deberían llevarles a replantearse algunos conceptos. No pierdan detalle.
-¿Cómo ves la situación actual de las cofradías?
Lo veo con preocupación, porque en los últimos tiempos estamos asistiendo a espectáculos lamentables, en unos casos; y, en otros, estamos viendo como hermandades arraigadas, con grupos humanos teóricamente potentes, y llega el momento de la renovación y nos encontramos con que, o bien a los costaleros no les gusta el candidato en cuestión y se lo cargan -luego no tienen recambio, pero esa es otra historia-, o bien grupos consolidados de muchos años que no encuentran relevo. Esto me hace pensar que la situación no está tan boyante como, en principio, pudiera parecer.
“En los últimos tiempos estamos asistiendo a espectáculos lamentables”
Fíjate en los últimos años la cantidad de estrenos, particularmente en el mundo del bordado, que se están haciendo, pero al final resulta que no hay una base sobre la que se sustente todo esto. Estamos hablando de un gigante con pies de barro.
-Cuando dices “espectáculos lamentables”, a qué te refieres.
El último es de sobra conocido, en la Hermandad de la Esperanza. No tiene sentido que, a partir de un rumor -como diría el Gobierno, a partir de un bulo-, pues resulta que se cargan a la única persona que ha tenido la decencia y el amor por su cofradía de dar un paso al frente.

Decían que si se iba a cargar a los capataces; decían que si se iban a cargar al grupo joven. Decían, decían, decían, pero sin fundamento. Entonces, lamentable.
-¿Y por qué no hay ese relevo?
Eso es complicado. Creo que la base de todo es que, hoy en día, la sociedad en general rehúye el compromiso como los gatos el agua. Eso hace que la gente esté dispuesta a trabajar, pero no en la primera línea de fuego, sino que haya alguien que piense. Esto es franquismo puro y duro. Desde un punto de vista estrictamente sociológico, España sigue siendo franquista. España estuvo acostumbrada, durante cuarenta años, a que alguien decidiera por los españoles. Cuando ha llegado la hora de decidir nos hemos cubierto de gloria, y ahora volvemos a tener otro caudillo en ciernes y la gente tan contenta, porque deciden por nosotros.
Ese que decidan otros y no dar un paso al frente, vaya a ser que te señales, es la triste realidad. La gente no quiere comprometerse.
“España estuvo acostumbrada, durante cuarenta años, a que alguien decidiera por los españoles”
-No se quiere compromiso, pero sí el espectáculo. En estos años hemos visto florecer infinidad de salidas extraordinarias, magnas y todo lo imaginable.
Fíjate en el cirio que se va a montar en Sevilla en estos días. Yo ya tengo hecha mi reserva de hotel para el Sábado Santo de Utrera del año que viene, que yo también entro al juego. Pero es verdad que ya hay un exceso de salidas procesionales -por motivos que algunas veces no hay por dónde cogerlos- y pienso que estamos matado a la gallina de los huevos de oro.
Hay un dicho que dice algo así como que lo poco gusta y lo mucho empacha. Con esto está pasando algo así. Se está buscando cualquier excusa para poner un paso en la calle, o se están inventado tradiciones que nunca han existido. Rara es la iglesia que no saca algo, aunque sea una imagen pequeñita y de eso al final la gente se cansa.
“Hay un exceso de salidas procesionales -por motivos que algunas veces no hay por dónde cogerlos- y pienso que estamos matado a la gallina de los huevos de oro”
-¿La Iglesia se está aprovechando de esto?
Hombre (risas), claro que están aprovechando el tirón. La triste realidad es que donde la religiosidad popular es boyante hay vocaciones sacerdotales, hay gente que asiste a misa; mientras que donde ocurre lo contrario la situación es lamentable. En 2012 hice el Camino de Santiago primitivo, llegamos a un pueblo, Grandas de Salime, con una iglesia prerrománica extraordinaria, pues a los pocos meses leo una noticia en la que se contaba que ese año el único sacerdote que había salido del seminario (allí en Asturias), entre otros pueblos, había sido destinado a este. A los seis meses tuvo la mala suerte de estrellarse con el coche y murió, con lo cual todos esos pueblos volvieron a quedar desasistidos. Y, en la siguiente etapa, llegamos a Fonsagrada, estábamos unas veinte personas en la iglesia para oír misa (ninguna del pueblo), y allí no apareció nadie. Le preguntamos a una señora y nos dijo que el cura unas veces viene y otras no viene, que significaba que unos días iba allí y otros atendía a otros pueblos.
“La triste realidad es que donde la religiosidad popular es boyante hay vocaciones sacerdotales, hay gente que asiste a misa; mientras que donde ocurre lo contrario la situación es lamentable”
-¿Crees que después de cuatro magnas en menos de una década, ha sido bueno para la Semana Santa de Córdoba?
Si acaso ha podido aportar, ha sido la viabilidad, y la pongo entre muchas comillas, de la nueva carrera oficial. Por lo demás, costaleros -de momento- quitas de cualquier cofradía al capataz y, al día siguiente, convocas y tienes a cuarenta capataces con cuatrocientos costaleros cada uno, estoy exagerando pero es la realidad. En el número de nazarenos hay hermandades y hermandades. Es verdad que en los últimos años ha habido un incremento del número de nazarenos, pero si le quitáramos el capirote, ah sorpresa, cuántas personas con más de treinta años van en esos cortejos, poquísimas. Gente como yo (con 68 años) somos cuatro gatos, que además supongo que nos considerarán locos. Aportar, en mi opinión (en el caso de Córdoba, Sevilla, por muy cerca o muy lejos que esté de nosotros, es otro mundo y no podremos compararnos nunca, porque el carácter de los sevillanos no tiene nada que ver con el nuestro), es la viabilidad de ir a la Catedral a realizar estación de penitencia.
“Cuando plantean hacer una carrera oficial entrando por la Cruz del Rastro, me parece el atraso de los atrasos”
-¿La actual carrera oficial te gusta o le harías modificaciones?
Alguna modificación le haría, por supuesto. Lo que no puede ser es que la calle Lineros sea una ratonera, literal, y que la calle Cardenal González sea otra ratonera. Porque, al final, hay una carrera oficial y una carrera oficial oficiosa ¿Qué pasa? Que como los cordobeses somos del todo gratis, a dónde nos vamos, a la oficiosa, y allí aguantamos carretas, carretones y demonios coronados, lo que haga falta, pero gratis.

El otro día hablaba con una antigua compañera del colegio y buena amiga, que vive en la calle Cardenal González y me contaba que estaba desesperada, porque cuando llegaba Semana Santa se veía bloqueada en su casa. Nada más que con el hecho de intentar entrar o salir de su casa la gente se le encara.
Lo estamos fastidiando. Cuando plantean hacer una carrera oficial entrando por la Cruz del Rastro, me parece el atraso de los atrasos. La calle Cardenal González no es la Sierpes.
“Volvemos a la idea del franquismo sociológico. Aquí hablamos de subvenciones, Papá Estado que nos subvencione, el Ayuntamiento que nos subvencione”
-Eres historiador, ¿esto qué está sucediendo ahora tiene correlato con el pasado?
La sociedad era completamente distinta, la presencia de la Iglesia era algo vivo, que estaba ahí y que nadie se atrevía a poner en tela de juicio. Aparte de eso, el tamaño de las cofradías era pequeñito, no existían los grandes barcos que tenemos ahora. A la Catedral se dejó de bajar, prácticamente, en la posguerra. Está el intento de Cruz-Conde, aquello fracasa y hasta los tiempos contemporáneos.

Los Santos entierros oficiales entraban por la calle Céspedes y por ahí entraba el Cristo de Gracia ¿Por qué? La calle Céspedes era la que te daba el tamaño. Entraban todos, el Cristo del Amor, el Huerto con sus durmientes, el Amarrado con sus flagelantes, todos. Eran cofradías pequeñitas, llevaban cuatro gatos. La religiosidad popular estaba muy arraigada y este es un fenómeno completamente distinto. Estamos viviendo en una sociedad cada vez más agnóstica, cuando no atea, más laica -aquí el término laico se utiliza de forma incorrecta, si acudimos al diccionario-. Se ha convertido en un fenómeno de masas, turístico, en el que todo el mundo está tratando de sacar dinero. Lo mismo que, ahora, tienes a esos ayuntamientos que se dedican a poner bombillitas, hasta en lo alto de los semáforos, en una absurda competición y rompo una lanza por el de Écija, que la mitad del presupuesto que tenían para alumbrado, lo han destinado para los damnificados de la Dana.
-Se habla, cada vez más, de economía desde las instituciones cuando se refieren a la Semana Santa y acontecimientos extraordinarios de las cofradías.
Economía, economía, economía ¿Beneficio para quién? Para los políticos es un beneficio, para el gremio de hostelería, indudable, pero para las cofradías, en absoluto. Nosotros ponemos el circo, pero no percibimos nada a cambio. Volvemos a la idea del franquismo sociológico. Aquí hablamos de subvenciones, Papá Estado que nos subvencione, el Ayuntamiento que nos subvencione ¿Por qué no invierten? Si lo que pretenden es generar sinergias económicas, en vez de hablar de subvenciones por qué no hablan de inversiones.
Por ejemplo, la Diputación ha dado subvenciones para la restauración. Vamos a invertir, porque cuanto más brillante sea la Semana Santa, evidentemente, más posibilidades de atracción turística tenemos. Pero aquí se habla de la subvención, además con la cosa de que luego, desde el punto de vista funcionarial, empiezan a ponerle pegas al asunto y ya lo tenemos todo dicho.
“Ojalá y el pregonero que se ha elegido este año sea un punto de inflexión para ir de ahí para arriba. Otra cosa es que dé una lección magistral y no tenga ni idea de la Semana Santa de Córdoba”
-Y tú que has sido funcionario ¿Por qué casi siempre la Intervención Municipal pone tantos reparos?
Sobre ese asunto tengo una opinión muy personal y me metería en camisa de muchas varas (risas).
-Hemos hablado de la Semana Santa actual, de las nubes que hay en el horizonte, pero vienes de otra muy distinta.
De (una semana santa) de flores de plástico y de iluminación con bombillas.
-¿Cómo la recuerdas?
Con añoranza. Que conste que nunca he sido partidario de la famosa frase de Jorge Manrique de que cualquier tiempo pasado fue mejor. En el patio del cementerio de San Rafael estuvo escrita esa frase, durante mucho tiempo, claro, para los que estaban muertos, evidentemente (risas). Pero no soy partidario, porque era una semana santa muy pobre, no austera, hay que distinguir una cosa de la otra. Austeridad es lo que tenemos en Castilla. Lo que había entonces era falta de medios y era una semana santa que intentaba crearse.
De lo primero que me acuerdo es de mi padre. Lo mismo que ahora hay sacapasos, mi padre lo era pero de nazareno, prácticamente, salía todos los días en una cofradía. Me acuerdo de Juan Martínez Cerrillo, de Manolín (su hijo), que ha muerto este año, y de las perrerías que nos gastábamos en el Prendimiento. O aquellas tardes de miércoles o jueves en las que, en la Cuaresma, íbamos a ensayar la salida procesional -no era estación de penitencia- de la Borriquita. La infancia siempre la vives con añoranza, pero no es aquella semana santa fuera mejor, sino que éramos niños y lo disfrutábamos como tales. Aquellas cuadrillas de costaleros de Rafalito Sáez, con aquellas caras de hombres hoscos, que me daban un poquito de miedo. Recuerdo que el Martes Santo, mi padre trabajaba en la bodega de Alarcón y se traía una o dos arrobas de vino y, mientras que los hombres (los faeneros) cobraban, se les daba la garrafa de vino y se ponían hasta las trancas y yo me iba a La Sultanilla -que estaba en frente de los Salesianos- y me ponía hasta la concha de dulces (risas).

Eran otros tiempos, no eran mejores, pero se han perdido cosas que, en mi opinión, no tenían que haberse perdido: imágenes titulares que se han sustituido, grupos escultóricos que se han cambiado -no es que fueran ni mejores ni peores- y la estética consolidada que tenían esas hermandades se ha cambiado y no sé hasta qué punto les ha beneficiado.
-¿Cómo era Cerrillo?
Era un tío jovial, una persona alegre, con mucho ánimo, con una creatividad desbordante. Lo que pasa que en aquella época no había medios y trabajaba con lo que tenía. Si tú a Cerrillo le dabas un millón, te trabajaba por un millón; y si le dabas 50.000 pesetas, te hacía un trabajo para 50.000 pesetas. Recuerdo los belenes que hacía en su casa con papeles pintados, que ahora los venden en los chinos, que se los fabricaba él solo, con papel de estraza, pintura, hacía montañas, se fabricaba sus propias figuras, auténticas maravillas. Tengo de él un recuerdo cariñosísimo porque, para mí Juanito, era miembro de la familia.
-Han pasado casi dos años de tu pregón, como lo ves desde la distancia del tiempo.
Como algo que ya ha pasado. Esto del pregón hay que relativizarlo, y mucho. Del pregonero que han designado este año espero que haga un pregón estratosférico. Yo reconozco que en Sevilla no habría dado un pregón en mi puñetera vida. Es la verdad. En Córdoba hay gente muy buena, yo he tenido la suerte de que me han elegido, pero también reconozco mis limitaciones. Creerte que con esto eres alguien, lo llevas claro. Tengo la satisfacción de haberlo vivido, de haber tenido en aquel momento la reacción del público, que fue razonable buena y, si te digo la verdad, no esperaba que hubiera tanta gente, es verdad que la entrada era gratis (risas). Ojalá y el pregonero que se ha elegido este año sea un punto de inflexión para ir de ahí para arriba. Otra cosa es que dé una lección magistral y no tenga ni idea de la Semana Santa de Córdoba.
-Te voy a decir dos palabras: María Auxiliadora.
Mi esperanza en este valle de lágrimas. Todo. A ella, todos los días, todos los días, me dirijo y algunas veces con desesperación. Si ella no lo puede hacer, no lo puede hacer nadie. No hay más.





