En la segunda parte de la entrevista, el capataz recuerda cómo fue el día de su despedida y analiza a figuras como las de Fray Ricardo y su hermano Sebastián
Como señalábamos al comenzar la primera parte de la entrevista, Pepe Fernández ha destacado en su dilatada trayectoria por ser capataz de una sola cofradía, La Merced. Y, llegados a este momento de la charla reconoce que mucha gente le ha preguntado el motivo de no coger más pasos.
Y, en primer lugar, confiesa que el palio de La Merced “me ha llenado lo suficiente como para no ambicionar más”. Y añade que, “sobre todo, mis energías han sido para mi casa, al cien por cien. Y creo que en el trato con el costalero he empleado también mucho tiempo extra y eso luego tiene sus frutos”.
Ello para generar “un grupo humano fuerte y, en la medida de lo posible, vinculado a la hermandad”. En este sentido, Fernández desvela que “hacíamos cosas increíbles”, entre las que destaca que la cuadrilla hacía una subida a Las Ermitas y “era un día de convivencia increíble”. Para afirmar que “a la cuadrilla había que trabajarla también por dentro, no solo por fuera. La técnica la traen, la ropa la traen, pero eso no es todo, esto es -o debería ser- mucho más rico”.
El palio de La Merced “me ha llenado lo suficiente como para no ambicionar más”
Su modelo
“Hay quien dice, o me reprocha que el capataz (debe ir) a lo suyo. Pues sí, es posible, pero no es mi modelo. Admiro a todos los capataces y soy un afortunado porque tengo muy buena relación con los compañeros sin haberme movido de casa, sin haber salido de esta frontera”, expresa.
Y recalca que “opté por esa fórmula, porque sabía que a lo mejor me iba a dispersar y, como necesito mucho tiempo para tratar con la gente y enfocar esto, no se lo iba a restar a mi casa”.
“He tenido bastantes propuestas y muy interesantes y a todas les he ido dando razones para, al final, renunciar”
Ofrecimientos
Preguntado por si le ofrecieron muchos pasos, Fernández confiesa que “cuando haces balance, no es una de las pegas, pero es algo que me duele, el haber rechazado tanta propuesta”. Y repone que “he tenido bastantes propuestas y muy interesantes y a todas les he ido dando razones para, al final, renunciar”.

“Pero ahora me pesa. No porque lo haría de otra manera, no, pero digo hay qué ver el atrevimiento que es que te ofrezcan una cofradía, y además interesante” y haber dicho que no. Si bien, el capataz reconoce que “me alegro de no haber cambiando, porque me hubiera equivocado, me hubiera negado a mí mismo”.
Afición y hermanos costaleros
Otro de los aspectos en los que incide Fernández es en que “me da mucha rabia cuando se habla del tema de la afición, a costa de la figura del hermano costalero” y especifica que, “a día hoy, no es que no crea en la figura del hermano costalero, pero creo que esto ha variado”.
En ese sentido, el capataz reconoce que “yo ya no actuaría, no pensaría igual”. Y explica que, “primero, el costalero tiene que ser un buen costalero, sea de donde sea, y estar vinculado con la cofradía con la que trabaja, también. Pero -insiste en que-, a la figura del hermano costalero, a día de hoy, no le veo sentido. Lo tuvo, pero ya no es imprescindible”.
“A a figura del hermano costalero, a día de hoy, no le veo sentido. Lo tuvo, pero ya no es imprescindible”
“Por supuesto, no digamos ya el tema del requisito de ser hermano. Aquí nunca. Hemos tenido una forma de pensar en ese sentido, pero nunca hemos aprobado la condición de que el costalero se tenga que hacer hermano”, aclara.
Consecuencias
Al hilo de ello, Fernández es muy claro y asevera que, “después se pagan las consecuencias”, al ser cuestionado por los grupos de presión que se crean. E introduce que muchos costaleros se han hecho hermanos, pero “por convencimiento propio. Han llegado a esa conclusión y les ha llegado su momento y no hace falta imponer ¿De qué te sirve imponer, si cuando se vaya a otro sitio te olvida? Y, después, te la puede ‘jugar’, puede hacer valer su condición de hermano”.

“La figura del hermano costalero, no. Prefiero hablar de cuadrillas de hermandad, de capataces de hermandad como creo que me considero”, señala.
La Madrugá
Abordamos también la etapa en que la Hermandad de la Merced fue parte de la Madrugada y expresa que “ese es mi handicap”. Alrededor de lo cual expone que “renuncié los tres primeros años de la Madrugá. Esto me gusta -o necesito- explicarlo”.
“El hermano mayor era Miguel Ángel de Abajo, con el cual mantengo una relación extraordinaria. Y, cuando se hace la propuesta de pasar a la Madrugá, yo antes que capataz he sido hermano y siempre lo seré. Mi hermandad está por encima de todo y, como hermano, en aquel momento no confiaba en ese proyecto, en esa decisión y en aquellas condiciones. Pensaba que era un perjuicio para la hermandad”, relata.

Y prosigue valorando que, “como responsable que soy y tenía una responsabilidad asignada, importante, no iba a participar de algo en lo que no creía. Con toda tranquilidad, sin hacer ruido, pues dije que no continuaba de capataz en algo en lo que no creía y que pensaba que iba a perjudicar a mi hermandad”.
De ese modo, “los tres primeros años de la Madrugá se hizo cargo otra persona de la casa con Javier Romero. Y la hermandad y la cuadrilla me vuelven a reclamar y participo de los tres últimos años de la Madrugá”.
“Con toda tranquilidad, sin hacer ruido, pues dije que no continuaba de capataz en algo en lo que no creía y que pensaba que iba a perjudicar a mi hermandad”
Las causas
Y analiza que “aquello se desmoronó, no funcionó, sin más, sin reproche. Fue un intento, que creo que fue muy generoso por nuestra parte, pero no fue correspondido por la sociedad, la Agrupación tampoco estuvo fina, otras cofradías que debieron de ser partícipes de esa Madrugá no se sumaron”.
“Aquellos años de la Madrugá fueron duros y la hermandad pagó consecuencias”, aprecia, para rematar indicando que “fue un intento que no cuajó porque nos quedamos muy solos. Eso no le agrada a nadie y tiene un precio, porque los niños dejan de participar, la música pagabas el doble, en fin, fueron muchos factores”.
La nueva carrera oficial
Sobre el regreso, dos décadas después, a la Catedral, Fernández abunda en que, “afortunadamente, ya corrían buenos tiempos, ya no dudabas de las posibilidades de que eso era viable. Y como veníamos de pasar tantas fatigas y hemos sido tan atrevidos, no era motivo de preocupación extraordinaria”.
Para el capataz fue “un reto agradable y posible, como así fue. Te pones las pilas de nuevo y viene bien”. Y precisa que es positivo, para hermandades y cuadrillas, “no entrar en un mundo de suficiencia y comodidad. Es bonito tener un reto por delante y este lo fue”.
“Aquellos años de la Madrugá fueron duros y la hermandad pagó consecuencias”
Ello, “sin entrar en detalles de lo que supone pasar por aquellos sitios (risas)”. Ya que, a su juicio, el trazado de la carrera oficial es “muy complicado e ingrato para los pasos. Hablo también del cortejo, pero los que salen más perjudicados son los costaleros y la estética”.
Problemas
Para el capataz, “algo, o mucho, hay que hacer, lo que se pueda. La Catedral es incuestionable, pero hay que corregir cosas y mejorar. Si me apuras, hasta el empedrado se puede paliar, si es necesario, en un momento dado; hasta los desniveles”.

Y añade que, “ahora parece una utopía, pero si se quiere mejorar se puede hacer, o bien cambiando itinerarios, o dando soluciones”, ya que “los pasos no pueden ir como van, los palios, en particular. No hace falta nada más que ver cualquier vídeo”.
El adiós
Sobre la decisión de retirarse, Fernández apunta que “el Lunes Santo de 2023 se lo digo al hermano mayor, por la mañana. Para mí es un día muy, muy duro. Pero no porque no tuviera la decisión, la tenía ya compartida con mi hermano, y lo tenía clarísimo, pero ahora había que plantearlo. Lo lógico hubiera sido decirlo el año anterior, despedirte, pero lo pensamos de otra manera y dijimos, es el momento”.
“Los pasos no pueden ir como van, los palios, en particular. No hace falta nada más que ver cualquier vídeo”
“Aquella fue una situación un poco dramática porque nadie se lo esperaba”, continúa para agregar que “me reuní con el hermano mayor y le dije, Pablo, este va a ser mi último año. No lo aceptó con agrado, pero le dije que creía que me correspondía la decisión y prefería que fuese así, antes de que viniera provocada de otra manera, o que se dude o se cuestiones, que no era el caso. Estaba en un momento extraordinario y me sentía muy bien, pero había que ponerle fin y decidí hacerlo de esta manera. Y sin problemas y sin hacer ruido. El ruido sabía que se iba a provocar, pero decidí hacerlo en un momento muy concreto y sin un año despidiéndome”.
Eso sí, reconoce que “lo pasé muy mal. Ese Lunes Santo fue tremendo. Es que a la cuadrilla se lo dijimos justo antes de salir, cuando se repartieron las tarjetas de trabajo. Y nos hartamos de llorar todos”.
La última levantá
El capataz lo recuerda como algo, “precioso, precioso, porque la hicimos dentro, en el patio, y el llamador lo cogimos a dos manos, la de mi hermano y la mía. Inolvidable, las dos manos tocaron el martillo, como debía ser. Mi hermano y yo siempre hemos ido juntos y teníamos que terminar juntos”.
Fernández insiste, sobre la despedida, que “no pasa nada. Hay que normalizarlo. No tiene mérito. Creo que habría que imitarlo, no porque la gente se vaya, sino porque ojalá todos los capataces se vayan con esta satisfacción personal y más o menos compartida por los demás, y no las situaciones que se están dando”.
Y reconoce que, “a mi me duele muchísimo cuando un capataz por cese”, aunque entiende que es decisión de las cofradías, pero no “de malas maneras, no concibo eso. Después de cuarenta años no nos podíamos ir por dudas, no sería justo. Yo soluciono eso y me voy cuando creo que es el momento ¿Y sabes cuándo era el mejor momento para mí? Cuando estábamos en el mejor momento, valga la redundancia. Egoistamente, ahora era un placer seguir”.
“Las dos manos tocaron el martillo, como debía ser. Mi hermano y yo siempre hemos ido juntos y teníamos que terminar juntos”
Una anécdota muy gráfica
A tenor de lo que precisa que “no es que lo tuviéramos todo hecho, pero durante muchos años no he disfrutado delante de los pasos, he sufrido. Y, desde bastante años acá, era una gozada. Te lo daban todo hecho. Los relevos, cuatro en el equipo, cuando he salido sin nadie. En el ’82 mi hermano se incorpora, estuve haciendo la mili y solo pude venir a dos ensayos, pero llega el Lunes Santo y vemos que abajo, en mi altura, no estamos ni completos, pues en vez de vestirme de negro, me puse el costal y me metí abajo. Mi hermano debutando, con 18 años, solo, solo es solo. Son las cosas de antes, que no son para imitarlas ahora, desde luego, pues pasaban y no sucedía nada”.
Identidad
Fernández asegura que ahora es todo mucho más fácil y que los capataces tienen que emplearse a fondo y reflexiona que “otro problema que veo ahora es la pérdida de identidad, ahora somos todos iguales. Cada uno tiene que tener su sello, los costaleros trabajan, aparentemente, todos igual, pero las cuadrillas ni las cofradías son todas iguales. Me preocupa, porque si no es todo muy homogéneo”.
En ese sentido, recuerda que conoció personalmente a Salvador Dorado, el Penitente (se lo presentó Fray Ricardo) y cómo levantaba a la Virgen de los Ángeles de Los Negritos a la música. “Eso era único, era suyo. Tenía su sello. Luis León también tenía el suyo, era un tesoro”.
“Ojalá todos los capataces se vayan con esta satisfacción personal y más o menos compartida por los demás”
Fray Ricardo
Sobre la figura del religioso subraya que, “para la Hermandad de la Merced fue determinante” y destaca que su intervención para que llegaran los dos titulares actuales fue “decisiva”. Y destaca que el palio que hizo “tiene identidad. Los hay mejores, por supuesto, pero como ese, no”.
Asimismo, remarca que “fue partícipe, él estaba muy a gusto en la hermandad y echaba muchos ratos con nosotros. Fue un grandísimo aporte, en lo personal y en el diseño de la cofradía”.

Sobre si se ha hecho justicia a su figura, apunta que “se le está haciendo, pero tardía. No se ha visto la dimensión que tenía Ricardo hasta más tarde. Tardará tanto en haber una persona de esa dimensión, si es que la hay, que aporte tanto, que sea tan determinante para una semana santa. Cambiar la Semana de Córdoba no era fácil y él fue protagonista”.
“Otro problema que veo ahora es la pérdida de identidad, ahora somos todos iguales”
Su hermano
“Me aportaba tranquilidad, porque nuestra relación además de hermanos es de amigos y somos confidentes. Nos consultábamos todas las decisiones y eso era muy importante, porque te surgen muchas dudas. O tú tomas una decisión y él te hace ver que no es la indicada, y a mi me corregía y llevaba razón”, resalta.
“Hemos jugado con ventaja, ya que somos dos en uno y eso enriquece. Eso de dos capataces titulares es excepcional y la hermandad sabía que era favorable no solo para nosotros, sino para la cofradía, porque era una suma. Nunca hemos tenido diferencias y si las ha habido las hemos corregido. Y eso enriquece. Quién va a corregir ahora a un capataz, si no tiene un hermano al lado”.





