Entrevista | Rafa Giraldo: “A veces el mismo trabajo puede desembocar en que te den tres martillos en tres o cuatro años, o que te encuentres sin ninguno”

En la siguiente entrevista, el capataz repasa su trayectoria y el momento en que pensó dejarlo

Cuando se entrevista hay que ser honesto y cuando se es entrevistado -en la medida de lo posible-, también. Por eso debo comenzar esta, reconociendo que mi debilidad por el trabajo de Rafa Giraldo como capataz viene de mucho tiempo atrás. En lo personal, también. Y es que es de ese tipo de personas que, cuando ves la notificación en Whatsapp tienes la certeza de que es por algo bueno, y eso, en el caso del que escribe, ya les digo que es un rara avis.

Por la otra parte, la honradez de Rafa no solo se contempla delante de los pasos, sino que su empatía (como él reconoce) le hace un tipo cercano, humilde, capaz de reconocer que pregunta cuando no sabe de algo. El ego siempre nos acompaña, pero en él es chiquito y, curiosamente, no le quita ni un ápice de carisma como capataz. 

Hace un lustro salió de La Estrella por la puerta de atrás, por una “decisión política”, como él dice en esta entrevista, ajena a su gran trabajo. Tras una travesía por el desierto, Giraldo volvió  con tres palios, el del Mayor Dolor en su Soledad, el regreso a La Estrella y la Paz y Esperanza. En la casa de hermandad de la cofradía de Capuchinos nos recibe. Siempre hay una sonrisa y siempre hay verdad. No se lo pierdan.

-¿En qué momento te encuentras como capataz?

En un momento bastante álgido. Al final, como en cualquier ámbito de la vida, el trabajo que uno realiza tiene su recompensa y la manera de trabajar que venimos realizando desde 2011 se ha visto respaldada con algunos martillos más. Que no quiere decir nada, tener más martillos no significa que seas mejor o peor capataz, pero sí demuestra que la manera que ves este mundo es refrendada por más personas, que quieren compartir esa visión y tenerla dentro de su hermandad. En este caso, si cabe, con más alegría, porque todas las hermandades donde participo son bastante cercanas a mi vida.

“Tener más martillos no significa que seas mejor o peor capataz, pero sí demuestra que la manera que ves este mundo es refrendada por más personas”

-Estamos en la casa de hermandad de la Paz, ¿cómo fue ese momento en el que te llaman?

Bastante sorprendente e inesperado, porque es de las cosas que nunca se me había planteado a nivel de personas cercanas a la junta entrante. Sinceramente, nadie me había propuesto nada, siempre que hay elecciones existe un runrún, personas cercanas a la junta entrante quieren tener una charla contigo. En este caso, me llegó totalmente de manera inesperada. De hecho, estaba en mi casa, recién operado y de baja, cuando Julio -el actual hermano mayor- me llamó para tener una charla y en ese momento ofrecerme el martillo de la Paz y Esperanza, cosa que me halagó muchísimo y me hizo ver la alegría tan inmensa de poder tener acceso a esa grandísima responsabilidad.

-¿Contento?

Muy contento, porque entré como hermano de La Paz hace más de treinta años, mis niños han sido nazarenos desde muy pequeñitos, posteriormente, el mayor ya es costalero (de Humildad y Paciencia); la vinculación es muy alta y llegar a tener la posibilidad de custodiar el Miércoles Santo a la imagen que, devocionalmente, te tira es una pasada, realmente es una locura.

-¿Cómo fue la primera toma de contacto con la cuadrilla de La Paz?

Primero se hizo una presentación oficial -en este patio precisamente-, a finales de septiembre de 2023. Previamente, algunos miembros que tenían relación personal conmigo se alegraron muchísimo de ese nombramiento. Y, desde entonces, venimos realizando ese trabajo de cohesión humana dentro del paso y, por supuesto, también a nivel técnico se ha ido trabajando. No hemos podido tener la suerte de mostrar nuestro trabajo, digamos de cara al público y a los devotos, pero quizá en este 2025 podamos hacerlo y tener unos resultados de más avance, bajo los criterios que vamos marcando a la cuadrilla.

-¿Qué va a ver la gente cuando tengas la oportunidad de salir?

No van a dejar de ver a una imagen a la que tienen una devoción tremenda, porque el centro de atención tiene que ser ella, por supuesto. Y no van a dejar de ver a una cuadrilla entregada a su Virgen, al igual que lo estaba antes, pero nosotros le hemos dado unas características. Hemos hecho un corte de altura, en 2024, para dejarla más homogénea, para poder igualar algo mejor las levantás, las arriás. Y hemos trabajado muchísimo en conjunto, a nivel humano, y, a partir de ahí, un cariz técnico en cuanto a todo, a la manera de andar, de tirar el pie al suelo, la cadencia de paso… de todo. En todo lo genera técnicamente una cuadrilla le hemos intentado dar un paso más de nuestra mano.

-Has hablado de cohesión ¿Qué te encontraste y cómo está ahora mismo?

Nos encontramos un grupo, el cual había tenido unas vivencias previas. Cuando entré, mi primer mensaje fue que lo que yo tenía interés era en vivir el presente y el futuro. Me encontré un grupo que, quizá, tenía alguna pequeña diferencia interna, no muy grande, pero sí quería aunar esa proximidad, ese concepto de familia, de compromiso, trabajar esa serie de vertientes que, para mí, en las cuadrillas que manejo son fundamentales, los pilares en que cimentamos todo esto. 

El hecho de que en cualquier convivencia, como la última en octubre, se dieran cita cincuenta personas de la cuadrilla, la verdad que dentro de lo que era la cuadrilla de La Paz, era algo difícilmente posible anteriormente y nosotros hemos cambiado esa tendencia y hemos hecho que la gente se encuentre así de a gusto para vincularse aun más en esa serie de puentes entre ese desierto de año a año. Debemos ir trazando esos puentes, que son ni más ni menos que los cultos de nuestra titular, la convivencia, el ensayo solidario. Esos puentes que el costalero debe trazar para que no vayamos de un año a otro sin pasar por medio por los actos más importantes que tiene una cofradía: la fiesta de la Virgen y su triduo, y luego las dos o tres situaciones que la cuadrilla, propiamente dicha, haga para unificar y engrandecer el grupo.

“Me encontré un grupo que, quizá, tenía alguna pequeña diferencia interna, no muy grande, pero sí quería aunar esa proximidad, ese concepto de familia”

-Has mencionado el ensayo solidario ¿Es importante que las cuadrillas del Señor y la Virgen confluyan en actos de este tipo?

Creo que sí, porque al final todos remamos en el mismo barco. Nuestra cofradía el Miércoles Santo va desde la cruz de guía hasta el último bombo de la banda del palio y todos debemos remar en la misma sintonía y en la misma dirección. Y es importante confraternizar con las personas que tienen la oportunidad de sacar a Humildad y, además, en un acto tan importante como es llegar a coger alimentos para la gente más necesitada. 

-El nombramiento en La Paz fue el año pasado, antes el del Mayor Dolor, regreso a La Estrella. Hubo un “desierto” de años entre la salida y el regreso a La Estrella ¿Cómo lo vivió?

Salimos de La Estrella en el verano de 2019 y se hizo algo más ameno porque vino la pandemia y no salía nadie. Tuvimos un par de años de parón que nos sirvieron para tomar oxígeno. El primer año que no salí como capataz cogí mi túnica y alumbré su caminar, que es tan importante como salir de costalero o de capataz. 

Al hilo de nuestro oficio, cogimos aire, volvimos a retomar la ilusión. Y los tres pasos que actualmente comandamos llegaron casi seguidos. Viene de un trabajo previo, nada pasa por casualidad en la vida y esto tampoco. El hecho de que las tres hermandades hayan confiado en nosotros viene por un trabajo que se ve en la calle, en los grupos humanos que se manejan, en el servicio a las cofradías -soy de los que opinan que el capataz y la cuadrilla deben estar al servicio de la cofradía, nunca servirse de, sino servir a-.

-¿Ese tiempo te cambió la perspectiva?

Surgen dudas. Cambia la perspectiva, porque a veces el mismo trabajo puede desembocar en que te den tres martillos en tres o cuatro años, o que te encuentres sin ninguno. Y el trabajo previo ha sido el mismo. Entonces, la duda que surge es si esto merece la pena o no. Y existió. 

Tuve la gran suerte de que Rafael Muñoz, en ese momento de duda, me rescató. Habló conmigo en varias ocasiones, en aquel momento no tenía ilusión por continuar, sino por coger mi túnica y ser un hermano anónimo y punto. Él fue el que me insistió y retomó mi senda en el oficio de nuevo.

“El hermano mayor al entrar el Lunes Santo te da la enhorabuena y te dice que todo ha ido de dulce; era totalmente anormal que salieras por la puerta de atrás”

-¿Cómo fue el regreso a La Estrella?

Fue muy bonito, porque al fin y al cabo era el origen de nuestro trabajo. Fue algo que se sabía que era un tema más político y de junta de gobierno que por merecimientos, en un paso que -en aquel momento- había 45 personas fuera pidiendo hueco y donde en los ensayos -calzando 30 costaleros, tienes de media 61 asistentes, donde en 2019 se hace un grandísimo año y el hermano mayor al entrar el Lunes Santo te da la enhorabuena y te dice que todo ha ido de dulce; era totalmente anormal que salieras por la puerta de atrás. 

Cuando la junta actual ganó las elecciones -en su programa no llevaban ningún capataz-, y José María (el actual hermano mayor de la Estrella) habló conmigo y me ofreció la posibilidad de retomar el martillo de La Estrella, para mí fue una de las cosas más bonitas de mi vida.

-En esos años llega el Mayor Dolor.

Rafael (Muñoz) habla conmigo para que lo acompañe como segundo capataz durante un año o dos, porque su estado de salud es delicado. Ya estaba retirado de los martillos, prácticamente, pero en aquel momento él quiso ayudar a su hermandad y se hizo cargo por un tiempo limitado. Habla conmigo y me ofrece la posibilidad de incorporarme a su proyecto y de que pase a mis manos, al cabo de uno o dos años. Me pilla en un momento bastante complejo de mi vida, creo que le dije que no tres veces y Rafael ma decía: “no, no, la semana que viene te llamo”. Hasta que le dije vamos a meternos en el barco y vamos a remar todos juntos. Y la verdad es que, hoy día, me alegro muchísimo.

Él estuvo un año al frente y estuve en el equipo que montó y, al siguiente, cuando nos reúne y nos comenta que ha dimitido por su delicado estado de salud, a la vez nos comenta que había hablado con el hermano mayor para que yo me hiciera cargo del paso. Al cabo de dos semanas el hermano mayor tuvo una reunión conmigo como con las personas que formábamos parte del equipo de Rafael -con Jose y con Manolo-. Le expusimos cómo se iba a trazar las directrices para guiar a la cuadrilla. Y el hermano mayor confió en nosotros, también de la mano de Rafael que nos había apadrinado y apostado por nosotros, y estamos muy contentos.

-¿Cuáles son las diferencias entre los tres palios?

Cada palio es único. Es como cuando uno tiene dos hijos o tiene cinco, no pueden ser nunca iguales. Además debemos respetar la idiosincrasia propia, tanto de la imagen que es única como de la manera de andar, de expresarnos delante de ella, de la manera de guiarla. A cada una tenemos que darle su espacio. Y aunque haya cosas en paralelo, como la unión de las cuadrillas, pero al fin y al cabo son criterios de gestión de grupo humano-, a nivel técnico tienen esas particularidades que deben tener.

Cuando nosotros cogemos un paso siempre hablas con el hermano mayor y escuchas lo que la hermandad quiere de ti. Nunca voy a imponer un criterio sobre lo que la hermandad decida que yo haga. Soy un cargo de confianza, pero al servicio de la junta de gobierno. Que quiere un cariz más clásico, me tengo que limitar -dentro de lo que sé- a llevarlo a lo que ellos quieren; que quiere que sea un palio más de bulla, que a la hora de andar incluso podamos tener algún detalle de andar para atrás, te lo dicen y tú lo aceptas.

“Cada palio es único. Es como cuando uno tiene dos hijos o tiene cinco, no pueden ser nunca iguales”

Suelo preguntar ¿qué quieres que hagamos en la calle? Al fin y al cabo somos servidores de la hermandad, nos tienen que decir cómo quieren ver a esa imagen en la calle. Independientemente, de que me digan como en el caso de Jose (el hermano mayor de La Estrella), “confío plenamente en ti y yo sé que tu cariz es el mío”. Pero porque te conoce y da esa libertad, si no lo que la hermandad estime.

-Sacas tres palios ¿tienes ganas de sacar un misterio?

(Risas). La verdad es que sí. Mi hermandad de cuna es las Penas de Santiago y he salido diez años como costalero de Redención, he sacado al Sepulcro y claro que me gustaría. Pero al final la Virgen es un medio para llegar al Señor y si ella ha querido que así sea, así será. Estoy contentísimo. Además me siento una persona especial, en ese sentido. Llevar un palio es, técnicamente, creo que algo más difícil que llevar un misterio, porque todos los fallos se cantan. En el momento que una levantá o una arriá no son parejas te lo está cantando arriba, en el volumen del palio, la caída de las calles… tiene unas connotaciones que en los misterios no se llegan a detectar esos posibles fallos de una cuadrilla. Con lo cual, si cabe, tiene que ser más técnica. También se nota a la hora del andar, mucho más rutinario en un palio; los kilos van cayendo más, porque se estructuran de una manera totalmente diferente: el 60% del peso de un palio está en el 40% de la superficie. Tiene su hándicap, pero la verdad es que es muy bonito.

-¿Te gustaría sacar al Cristo de las Penas?

No me lo pensaría. Qué te voy a decir si a los siete años ya salía de nazareno. Ahora mismo, las Penas tiene a un gran capataz y es una gran hermandad. Pero no deja de ser una ilusión en mi vida. Es de las cosas que se han quedado en el tintero y me encantaría. Con diecisiete años salí de costalero, precisamente, el año en que las Penas volvía a su casa, a Santiago, ahí me estrené como costalero del Señor.

-Como capataz te estrenaste con Fernando Morillo.

Otra sorpresa. Estaba un domingo en mi casa y me llamaron de la hermandad. Me ofrecieron acompañar a Fernando y con una ilusión enorme, puesto que lo que quería era estar en el guion, cerquita de ella y no sabía si pedir manigueta del palio, incensario (en La Estrella se trabaja por antigüedad ese tipo de sitios, creo que soy el hermano número 21 o 22 y he salido en todas las estaciones de penitencia), cualquier sitio que hubiera pedido podría haber sido mío. Pensando de qué quería salir me llegó esa llamada para acompañar como auxiliar a Fernando.

Fue un auténtico reto, porque jamás lo había pensado, nunca me había metido en el oficio de la terna negra y no sabía cómo iba a digerir todo aquello porque es totalmente diferente a ir debajo. Lo he dicho en alguna entrevista y es real. Actualmente puedo decir a boca llena que no me he postulado en mi vida nunca para coger un paso. De todos los que he llevado han sido las hermandades las que han venido a hablar conmigo sin yo esperarlo. Eso es una cosa que también me enorgullece.

-Estar al lado de Fernando es diferente.

Fue una experiencia muy bonita, donde aprendí mucho de Fernando, sus hábitos, es muy meticuloso y me lo ha dejado impregnado, muy milimétrico, todo va con una exactitud matemática. Un milímetro es un milímetro, y eso es una herencia adquirida que creo que me vino muy bien.

“Actualmente puedo decir a boca llena que no me he postulado en mi vida nunca para coger un paso”

-Luego tomaste el relevo al frente del palio.

Fue bastante peculiar, porque no es lo mismo cuando uno va de auxiliar con una persona como Fernando (controlaba todo de una manera exquisita) a tener que ser tú el que toma la responsabilidad de todo.

Recuerdo una de las cosas que me dijo Fernando cuando cogí el paso y el me dio la enhorabuena, que yo era el elegido para ser capataz titular de La Estrella, te toca torear, pero torea tú, si te tienes que equivocar, equivócate tú, que nadie se equivoque por ti. Y todos nos hemos equivocado, todos. Así que ve con la confianza de lo que tú estimes conveniente y , si te equivocas, no pasa nada, ya aprenderás, porque todos hemos aprendido a base de golpes.

Y así fue, desde primera hora, lo que no he sabido lo he preguntado. Afortunadamente, compañeros del oficio ante cualquier duda que he tenido los he llamado y me han atendido estupendamente y me han ayudado. Y desde ahí, aprendiendo todos los días, porque todos los días se aprende.

-¿Todos los capataces preguntan?

Yo he preguntado y ahora lo hago menos, porque evidentemente en este recorrido vas aprendiendo muchas cosas. Al principio, todo lo que se me iba ocurriendo llamaba, por ejemplo, a Juan Rodríguez que en aquel momento era capataz de Redención, A Fernando Morillo, a lo mejor veía en una taberna a cualquier capataz (y le preguntaba), a Carlos Lara… pedías un cambio de opinión de lo que tú tenías en mente y de lo que ellos te podían decir. Hoy es al revés, algún capataz más joven me llama a mí.

-En las igualás se quedan personas fuera, a veces, bastantes ¿cómo se gestionan esas situaciones?

Eso va con la persona. Yo, por ejemplo, soy una persona muy empática y me cuesta mucho trasladarle a una persona, que viene con toda la ilusión del mundo, venga de Santa Rosa, la Fuensanta o Miralbaida o venga, como a mí se me han presentado, de Granada, Jaén o de Ciudad Real, y que tienen que pegarse dos horas en coche para venir y otras dos para volver y echar siete u ocho horas para buscar un sitio que no van a tener. Cuesta trabajo decirle a alguien con esa ilusión “no voy a contar contigo”. Pero muchas veces, a la misma persona que le estás diciendo que no se pone en tu lugar. Suelo mandar un audio y explicarle los motivos por los que no tiene hueco; tomo nota de todos los datos de todos aspirantes y, en algunas ocasiones, he llamado a alguno para algún ensayo.

-¿Qué retos tienes por delante?

Conseguir esa felicidad que, por lo menos en mi caso, tenemos cuando el trabajo queda realizado, los zancos rozan el suelo después de una salida, tus costaleros físicamente vienen bien (castigados, pero el costalero le ha podido a la pelea); y hemos hecho felices a las personas que están en los acerados viendo y pidiendo a su imagen. Ese es mi reto.