Entrevista | Rafael Jaén (II): “Quien venga con prisas a la Hermandad de la Quinta Angustia se ha equivocado absolutamente”

En esta segunda parte de la entrevista, Jaén repasa su trayectoria cofrade en la Buena Muerte y en el Caído, además de ofrecer las claves del futuro de la Quinta Angustia

De la Buena Muerte, Rafael Jaén llegó al Caído por mediación de uno de sus hermanos, el carmelita descalzo Francisco Jaén Toscano. Sobre cómo estaba la cofradía de San Cayetano, las bases que se sentaron y las claves del futuro de la Quinta Angustia habla en esta segunda parte de la entrevista.

Caído

Jaén relata su llegada a la hermandad de San Cayetano, advirtiendo que él y uno de sus hermanos estaban en junta de gobierno de la Buena Muerte, cuando su hermano Paco, “que estaba de conventual en San Cayetano como carmelita descalzo, me llama y me dice, te necesito porque quiero que eches una mano a la Hermandad de Jesús Caído, porque ha pasado la Semana Santa y resulta que nos acaban de entregar los miembros de junta de gobierno las llaves de la hermandad”.

Era “gente muy mayor y comprendo que pudiera estar muy cansada. No digo que hicieran buen o mal trabajo. La hermandad, ciertamente, estaba muy abandonada. Salían a las seis de la tarde con velas de caña y a las nueve de la noche estaban ya en San Cayetano, el paso a ruedas, las baterías de luz eléctrica en los pasos, polillas por mil sitios. Y mi hermano no solamente me dice que le ayude, sino que cuando llego a San Cayetano a tener esa primera reunión ya me había hecho hermano -creo que la cuota la pagó él- y además había convencido a la junta de gobierno para meterme de vocal número diez”.

“Me llama y me dice, te necesito porque quiero que eches una mano a la Hermandad de Jesús Caído, porque ha pasado la Semana Santa y resulta que nos acaban de entregar los miembros de junta de gobierno las llaves de la hermandad”

A tenor de lo que repasa que estuvo en dos juntas de gobierno con Matías Prats padre, “que venía de Madrid y el que hacía las funciones de hermano mayor era Gálvez Galocha”. A los 23 años fue hermano mayor, “que era lo que quería mi hermano Paco y tuve que dejar los cargos de la Buena Muerte, porque la tarea que había en la Hermandad del Caído era inmensa”.

El trato

“El trato con mi hermano Paco fue, vamos a partir de lo que hay, no vamos a destruir una hermandad a la que preceden doscientos años, sino que vamos a construir sobre lo que se ha hecho y que es lo que podemos mejorar para ponerla en línea con el resto de las hermandades y más con la solera, el prestigio y el caché que tiene la Hermandad del Caído”, desvela Jaén.

E insiste en que “el trato fue muy sencillo, tú me has sacado de la Buena Muerte, quieres que te haga una labor en el Caído, yo me comprometo a hacerla, pero tú me abres el colegio. Olvídate que existía la Hermandad del Carmen, yo he visto los enseres antiguos de la cofradía arrumbados. Existió, desapareció y yo me la encontré desaparecida. Y hoy es una hermandad de Gloria fantástica, ha tenido muy buenas cabezas”.

“El trato fue muy sencillo, tú me has sacado de la Buena Muerte, quieres que te haga una labor en el Caído, yo me comprometo a hacerla, pero tú me abres el colegio”

La realidad del Caído

Y regresa al Caído que “estaba a espaldas de su barrio natural, Santa Marina, y a espaldas del colegio con 1.500 alumnos. A eso cómo le llamas. Una hermandad abandonada”. En este sentido recuerda el día en que contrató una furgoneta para tirar las cañas y llegó a un acuerdo con Bellido para comprar la cera.

“Era una hermandad que se había desnutrido de hermanos, había desaparecido de la sociedad de Córdoba y que había que hacer algo para implantarla”, sentencia Jaén. Para revelar que su hermano cumplió con la promesa y “me abrió el colegio”. Apartado en el que repasa como iba “clase por clase, desde 14 años hasta lo que era el COU” y se llevaba postales que compró en la Judería todas las postales que había de Jesús Caído bajando la Cuesta de San Cayetano y su costal.

Las repartió a los alumnos del colegio del Carmen y “les explicaba la historia de la hermandad, los llevaba a la Iglesia, les enseñaba al Cristo, a la Virgen, la capilla, la casa de hermandad y dejaba a un delegado de curso, que antes de que finalizara el colegio en junio tuviera a un grupo de jóvenes dispuestos a ser costaleros del Caído o de la Soledad”. Esos delegados hicieron su labor y le presentaron una lista con 75 aspirantes a costaleros.

“Era una hermandad que se había desnutrido de hermanos, había desaparecido de la sociedad de Córdoba y que había que hacer algo para implantarla”

La primera cuadrilla

Era el vocal número diez, responsable de los pasos, y no presentó de primeras la lista a la junta de gobierno. “Le dije a la junta de gobierno, lo que tengo claro es que el Caído, la Semana Santa del año que viene sale a hombros. Me dijeron que era una barbaridad, pero el Caído salió a hombros al año siguiente”.

“En aquella época los ensayos comenzaban en septiembre, con más razón esta cuadrilla que eran neófitos totales”, evoca, para desvelar que “hicimos el primer ensayo cuadrando sin el paso, andando por la Cuesta de San Cayetano”.

Jaén recuerda cómo aquel verano se convirtió el interior del paso del Caído, “que era el chasis de un camión, en un paso procesional”, gracias a Ignacio Torronteras y a “Miguel Arjona, que tuvo que inyectar el paso que era de álamo blanco, porque estaba infectado de polillas. Había más polillas que hermanos de la hermandad. Nosotros con mascarillas e inyectando agujero por agujero y él resanando el paso y se salvó. Mientras Ignacio hizo la carpintería para prepararlo con seis trabajaderas, entonces”.

“Hicimos el primer ensayo cuadrando sin el paso, andando por la Cuesta de San Cayetano”

“Para mí la mejor escena fue como aquellos ensayos que se hicieron en octubre, noviembre, diciembre, con esa Cuesta de San Cayetano, a eso de la 1:30 de la mañana llena de padres. Costaleros del primer año estuvieron veinte más sacando al Caído y algunos incluso a la Virgen, cuando ya se crearon las dos cuadrillas”, rememora Jaén.

Y revela que el palio iba a ruedas y, ese primer año de cuadrilla del Caído, los propios costaleros de refresco eran los que llevaban a ruedas el paso de la Virgen.

Balance

Jaén señala que, pasados los años se ha reencontrado con esos costaleros a los que apenas les sacaba cuatro o cinco años, porque ellos estaban en el instituto y él acabando la carrera. Y define aquella estampa como una experiencia “fantástica”. Y remarca que “lo bueno que ha tenido el Caído son los hermanos mayores que me han sucedido. Ha habido hermanos mayores fantásticos, fantásticos, que han hecho lo que es la hermandad hoy. La semilla se puso en su momento”. 

“Lo bueno que ha tenido el Caído no es que llegara Rafael Jaén, sino que tenía a un cura que era Paco Jaén Toscano al que se le pasó por la cabeza que no podía tener en el convento las llaves de la hermandad. Y estando de conventuales él, el padre José Ramón y el padre Tomás y los que estaban allí pensaron en buscar a alguien para que no desapareciera la cofradía”, reflexiona. “Y la gente se sumó”.

“Lo bueno que ha tenido el Caído son los hermanos mayores que me han sucedido”

Capataz

“Tuve muy clara una cosa. Saqué el Caído (de capataz) el primer año y después en el 86, porque Rafael Muñoz hijo estaba de maestro en Tarifa y, aunque yo estaba en Málaga, me pidió el favor porque no podía venir. Pero nunca llevé a la Soledad. Y es que ya era hermano mayor, y ser hermano mayor y capataz no me ha gustado nunca”, sentencia Jaén.

“Nombré a dos capataces, a Patricio Carmona y a Rafael Muñoz hijo”, explica. Y fue “tan importante, que fueron capataces durante treinta años ininterrumpidos. Eso ha curtido mucho, ha hermanado a las cuadrillas”.

“Era hermano mayor, y ser hermano mayor y capataz no me ha gustado nunca”

Compaginado con la Buena Muerte

“Hice barbaridades. Entrar el Caído en el templo, terminar, compartir unos minutos y hacer aquello que le decía mi padre a mi madre, Cándida son las doce de la noche, nos tenemos que ir a la una, vamos a empezar a despedirnos. Es decir, ya he saludado y felicitado a todo el mundo, me voy, me quito la túnica del Caído, tenía en el coche el costal -en esa época sacaba la Reina de los Mártires- y enganchaba con la hermandad donde fuera. Había hecho todos los ensayos y había hablado con el capataz”, desvela.

“Nunca he llevado una vara en la Buena Muerte”, manifiesta, para detallar que casi siempre ha sido como el último nazareno de luz, incluso tras el manto de la Virgen, sin capirote durante unos años cerrando el cortejo, la denominada “quinta manigueta”. “Que, por cierto, se va incomodísimo sin el capirote”.

Hay quien ha dicho que el modelo de la Quinta Angustia es el de la Buena Muerte

“En cierta medida”, concede. “Tenía claro que iba a ser una hermandad de medio silencio” afirma para indicar que mucha gente le ha preguntado por cuál sería el día de salida y valora que “con el Nazareno, con la postura que tiene, una zancada de 1,10 con 1,85 -que, por cierto, tiene la misma altura que Pasión y el Gran Poder-, aunque vayamos con el hábito mercedario, con el capirote de 1,10 que ya es muy significativo. No llega a ser el estilo de la Buena Muerte, que es la hermandad de silencio por excelencia de Córdoba, pero sí es una hermandad (la Quinta Angustia) con seriedad en la calle”.

Y añade que “el estilo del vía crucis de la Buena Muerte, que se hace el primer viernes de Cuaresma, es el que a mí me gustaba. La hechura de la hermandad en la calle es así. La idea de que el palio de María Santísima de la Quinta Angustia vaya adornado entre orfebrería y bordado, con crestería, ricamente bordado es un estilo que siempre me gustó y que está descrito por escrito y que guarda mucho criterio con la Virgen de los Dolores de Santa Cruz de Sevilla”. Y remata, “es que la Hermandad de Santa Cruz es de medio silencio, el Cristo de la Misericordia va en silencio, la Virgen va con Tejera con marchas elegidas y solemnes”.

“La idea de que el palio de María Santísima de la Quinta Angustia vaya adornado entre orfebrería y bordado, con crestería, ricamente bordado es un estilo que siempre me gustó y que está descrito por escrito y que guarda mucho criterio con la Virgen de los Dolores de Santa Cruz de Sevilla”

El día de salida

Jaén menciona el Jueves Santo como una posibilidad que se han planteado y que se la han propuesto, pero repone que “la gente dice la Madrugá, pero son palabras mayores. Habrá que hacerla. Pero cuando me pregunta la gente que si hablamos de Madrugá, vamos a hablar primero de Sábado Santo, porque creado el Sábado Santo nace la Madrugá, al revés no. Porque removerás las cofradías, aquellas que no están todavía incorporadas a la Semana Santa. He conocido a la Expiración y al Nazareno saliendo el Martes Santo ¿qué pasa que se arrepienten de haber salido el martes? En absoluto”.

A su juicio, con las nuevas incorporaciones, “tendrán que recomponerse los días” de Semana Santa. “Córdoba está abocada a un Sábado Santo y a una Madrugá”.

“Cuando me pregunta la gente que si hablamos de Madrugá, vamos a hablar primero de Sábado Santo, porque creado el Sábado Santo nace la Madrugá, al revés no”

Gratitud 

“Esta entrevista es un agradecimiento a la ciudad de Córdoba, por lo bien que ha acogido a una hermandad nueva. Nosotros hemos recibido más de lo que hemos dado”, abunda el todavía hermano mayor en funciones. Este subraya que cuando por la obra social reciben dos premios como el Guzmán el Bueno y el Ana María de Soto, “es un reconocimiento a la hermandad, no a la junta de gobierno actual. Los logros son de la hermandad”.

“Cuando recibimos los agradecimientos, en forma de homilía, cuando viene cada año monseñor Aguirre es porque él recibe la ayuda de la Hermandad de la Quinta Angustia. No solo por lo que ayudamos a la Casa de la Esperanza, sino por lo que el equipo de hermanos que solemos ir a la nave cuando vamos a la nave a llenar los contenedores, disfrutamos”, subraya. Como también lo hace con las hermandades que les han ayudado desde el principio.

“Esta entrevista es un agradecimiento a la ciudad de Córdoba, por lo bien que ha acogido a una hermandad nueva. Nosotros hemos recibido más de lo que hemos dado”

“Nosotros tenemos catorce años, somos un chico adolescente, a veces protestón, con un censo 430 hermanos aproximadamente y con una cosa que repetía siempre en las juntas de gobierno, y lo seguiré haciendo como consejero si el hermano mayor me deja, que miremos siempre el vaso medio lleno, es mucho mejor porque te satisface más. Se han hecho muchísimas cosas en muy pocos años”, reflexiona.

Lo que le ha dolido

“La deslealtad no es tolerable en ningún ámbito, porque genera desconfianza y decepción. Eso es lo peor que llevo”

“Lo que no tolero es la deslealtad, en el ámbito de los amigos, del trabajo”, se sincera. Y explica que “mi vida profesional ha estado dedicada al mundo de la empresa privada durante 25 años, he dirigido muchos equipos, he tenido que nombrar a muchas personas y destituir a otras y creo que el concepto de hermandad, visto desde el punto de vista de empresa, tienes que llevarlo a la práctica para que todo el mundo vea que esto es serio. Uno es hermano de nómina y, cuando pasa la línea a junta de gobierno, es algo muy importante”. “La deslealtad no es tolerable en ningún ámbito, porque genera desconfianza y decepción. Eso es lo peor que llevo”.

“Llegas a una hermandad, te abre los brazos, imbúyete de su estilo, pero no pretendas hacer en esa cofradía donde acabas de llegar lo que no conseguiste en la otra”

A Jaén tampoco le gustan los que denomina “cofrades refugio, aquellas personas que vienen de otras hermandades y que no aprenden o no toman interés por aprender lo que es la hermandad que le abre la puerta”. Y añade, “cuando llegas te recibimos con los brazos abiertos y tienes que recibir la impronta de esa cofradía y que es totalmente diferente a la otra”. A este respecto apunta que “imagínate que yo hubiera implantado en el Caído el modelo de la Buena Muerte”. Por tanto, “eso sí lo reprocho. Llegas a una hermandad, te abre los brazos, imbúyete de su estilo, pero no pretendas hacer en esa cofradía donde acabas de llegar lo que no conseguiste en la otra, porque al final lo que has hecho es un daño”.

Y finaliza: “La mejor imagen que proyecta una hermandad a la sociedad y al censo de los hermanos es su junta de gobierno. Para lo bueno y para lo malo es la junta de gobierno. Tiene que ser gente muy sólida, muy fiel en lo que con el hermano mayor, teniendo muy claro donde se está”. Y zanja afirmando que “quien venga con prisas a la Hermandad de la Quinta Angustia se ha equivocado absolutamente. La Hermandad de la Quinta Angustia no va a dar dos pasos adelante para dar uno atrás, porque esto cuesta mucho trabajo. Ahora, cuando los dé subirá al siguiente escalón”.