Evangelium Solis, 💙 Opinión

“Está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”

Una semana más llega a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis.
Jesús, después de estar cuarenta días sufriendo y superando la dureza de las tentaciones en el desierto, hace su aparición en Galilea anunciando que se ha cumplido el tiempo y que está cerca el Reino de Dios. Por eso nos hace una invitación a convertirnos y a creer en el Evangelio. A pesar de ese mensaje de conversión, los hombres todavía seguimos retando y poniendo a prueba a Dios ante las diversas adversidades con las que nos vamos encontrando cada día.

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos:

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Palabra del Señor.

El Evangelio de hoy nos describe casi telegráficamente la experiencia de Jesús en el desierto: cuarenta días a la intemperie de las tentaciones del maligno. Sin caer en ellas, pero haciéndose uno con el hombre tentado:

Tentado a no confiar en el pacto unilateral de la misericordia de Dios, tentado a recorrer el camino de la vida despreciando su sabiduría, tentado a no pedirle nada, a no confiarle nada, a no esperar nada de él. En definitiva, tentado a bastarse a si mismo, a no necesitar ni de Dios ni de los demás, a ser autosuficiente.

El desierto es el signo por antonomasia de la bendita fragilidad humana. En el desierto no hay más remedio que encontrarse a si mismo y que salir de si mismo:

Encontrarte a ti mismo porque no hay distracciones ni evasiones, sólo el horizonte, bajo el sol abrazador o bajo la oscuridad más pavorosa.
Salir de ti mismo porque no puedes dejar de reconocer tu indigencia, tu dependencia, tu pobreza. En el desierto o hay Dios o no hay nada.
Querido amigo: tú que estas aquí, en la Iglesia, te propongo una locura: hazte un desierto en esta cuaresma.

Háztelo con imaginación, pero háztelo de verdad, de corazón. Prescinde de todo ruido, también del que hay dentro de ti. Haz vacío a tu alrededor. Experimenta la libertad del desierto, de no necesitar de nada, de estar contigo mismo, y mira al cielo, de día luminoso, de noche tenebroso y clama a Dios. Grita a Dios. Llora a Dios. Déjate mirar por él, deja que su amor caiga sobre ti como una tormenta desatada, empápate de su gracia. Deja que penetre hasta el fondo de tu ser, que limpie todas tus heridas. Todo en tu vida se irá recomponiendo. Todo esta bien, dirás. Todo está bien. Y llorarás de alegría.

Luego, por favor, no te quedes en ese desierto interior. Por muy bien que se esté. Habiendo conquistado una pizquita de libertad, ven al desierto donde el maligno campa a sus anchas, y lucha por la libertad de tus hermanos, no sólo, sino con la comunidad: no con los que buscan una “Iglesia estufa” para decir que el mundo esta muy mal y encerrarse en casa cómodamente, sino con los que construyen junto al Papa Francisco una “Iglesia en salida” que comparte la intemperie del afligido ,del que esta solo, del rechazado y del abandonado.

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