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La Chicotá de Nandel, 💙 Opinión

Estábamos solos

Ya se han cumplido. Son ya dos meses fuera de casa. Sabes lo difíciles que fueron los primeros días encerrado aun pudiendo ir a trabajar, pero por aquel dolor de garganta y la fiebre, un encierro insoportable. Encima, en las vísperas de Semana Santa. Sabes que no lo llevé mal hasta que se acercó el momento de los momentos. Los días que son mis días, tus días.

Ha pasado la Semana Santa y parece que ya nos hemos olvidado de lo que no hemos vivido. Y es que es así, olvidamos pronto si ya no podemos ver las cosas en Youtube en las publicaciones de uno y otro, siempre el mismo vídeo, quince o veinte veces, hasta el año siguiente. Y eso que este año ha habido cosas más sentidas o más recogimiento y oración, pero eso, claro, no lo ha grabado nadie.

Unos echando de menos esto, otros lo otro, que si esta calle, que si yo estaría hoy aquí, o estaría allí haciendo lo de siempre, con los de siempre… Y eso es lo importante, la gente.

Es lo que más de menos he echado. A la gente. A aquellos que vienen por esta fiesta nuestra de nuevo a su ciudad, los que vienen porque ya se han adueñado de nuestras costumbres y las han echo suyas y son uno más en el grupo. Los que pasan tal vez años sin ver pero te los encuentras en estos días. Volver a hablar en un momento de magia o sentimiento con alguien con quien has partido peras. Total, la gente. Los abrazos, las miradas cómplices, las sonrisas, el sudor de un amigo, la lágrima de un hermano. Eso es lo que más he echado de menos, ya lo hablamos Tú y yo en esos días.

Ha pasado el tiempo y uno no piensa en ferias ni cruces de mayo, ni en qué podría estar viviendo porque la incertidumbre hace que esperes con intriga qué es lo que mañana te va a tocar vivir.

La familia, pues sigue bien, aunque se les echa de menos. Que por cierto ya sabes que mi tío tiene el jueves sesión, a ver cómo te portas.

De política y demás es mejor que no hablemos. Nunca te pedí por nada de eso ni lo haré, eso son cosas de las que nos debemos de encargar aquí abajo, fallando y volviendo a no aprender para volver a equivocarnos, pero bueno, es la experiencia que nos toca vivir, es en las cosas en que no entras, aunque haces bien, o no, yo ya no sé de política ni de nada. Pues todo es un engaño.

Hoy ya me acuesto, que me ha vuelto a dar la madrugada, y larga, pero sabes el ritmo de sueño que llevo. No soy el único, se ven luces de dormitorios y salones encendidas a altas horas de la madrugada cuando trabajo. Vaya jaleo de horarios que llevamos con todo esto.

Ahora vienen las vacaciones, que es otra incertidumbre, no sabemos nada de si podremos ir a la playa, a la piscina, o si lo tendremos que hacer cubiertos de plástico, y no te rías, como un huevo escalfado, yo ya me lo espero todo.

Mucha gente se acuerda de mí, menos mal, que muchas veces siempre era yo el que tenía que menear la parra, aunque algunos, pobres… No saben qué será de su empresa, cuándo se cobrará el erte, otros andan de bancos y prórrogas que ya son rogativas… Y hablando de rogativas, antes de acostarme, pues ya sabes que si, que iré a verte.

Quiero ir en estos días, espera que acabe el turno, que entre el perro para arriba y perro para abajo, las compras y que no me aclaro algunos días, no iba a ir tranquilo.

Yo te sentía, como hoy hablaba contigo pero, estábamos solos, al menos así era la sensación.

Tus vecinos, no hablaban con sus vecinos en las puertas, por el barrio, en el mercado… Pero lo que más de menos echaban era poder hablar contigo.

Y es que cuando Tú miras, al mirarte, ya no hace falta más palabra ni más petición, pues tú ya sabes lo que habíamos hablado sin estar delante, y al estar, solo hay que observarte, cuando te invada la paz y te transporte al sueño querido, al deseado, al paraíso soñado, al momento que anhelas como si pisaras la población de Candela en la vieja Foggia.

Estábamos solos, o eso sentíamos. No estar en tu plaza, no acercarnos a la puerta, no poder, que esa es otra, ahora no podemos tampoco besarte el talón, pero al menos, podemos mirarte.

Estábamos solos, aunque a ti te enfade que digamos eso pues te hayamos sentido, pero no te podíamos ver, pronto iré a verte, te lo prometo, Señor del Gran Poder.

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