Evangelium Solis, 💙 Opinión

“Éste es mi Hijo amado; escuchadlo”

Otro Domingo más llega a Gente de Paz el Evangelium Solis de esta semana. “Está claro que este relato, en el segundo domingo de Cuaresma, apunta claramente a la Resurrección de Jesús. Es un Jesús transfigurado, deslumbrante.. Estamos ante un Evangelio de vida que trasciende la muerte y pretende mantener viva la esperanza.

Evangelio según San Marcos 9,2-10.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.” De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.” Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de “resucitar de entre los muertos”. Palabra del Señor

Este relato de la Transfiguración, que leemos hoy en el segundo Domingo de Cuaresma no se puede entender si no se conoce su sentido simbólico. Mirad, “A los seis días”. El sexto día del Génesis, tiene lugar la creación del hombre. También Moisés sube al monte Sinaí y está seis días cubierto por la nube, y al séptimo le habla Dios. “El monte alto” sin nombre, es una clara referencia al Sinaí lugar de la más grande teofanía. “La nube” trae agua, trae sombra, trae vida. Sobre todo en el tiempo del desierto está siempre presente como signo de que Dios les acompaña. “Los vestidos blancos” son signo de la divinidad. “Moisés y Elías” condensan todo el Antiguo Testamento donde en Moisés se refiere a la Ley y en Elías se refiere a los profetas.

Leyendo esta lectura, podríamos hacernos las preguntas de: ¿Por qué a estos tres? ¿Para darles un premio?!No! Porque necesitan una conversión, una transformación. Pedro, después de confesar a Jesús como Mesías, al indicarle Jesús que el Mesías tenía que padecer, apartó a Jesús para quitarle esa idea de la cabeza. Jesús reaccionó y le llamó Satanás. El es el Maestro y marca el camino; los discípulos deben ir detrás. Santiago y Juan, mientras Jesús va camino de Jerusalén estaban hablando de los primeros puestos. Y al no querer recibir los samaritanos a Jesús le pidieron que enviara sobre ellos azufre del cielo. Jesús les reprendió. Estaba claro que los tres necesitaban alguna lección particular. Y esas lecciones se dan mejor en el Monte, cerca del cielo y separados de las motivaciones terrenas.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes.   “Vamos a hacer tres chozas”. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento. Pedro, tan espontáneo, dice lo que piensa, y manifiesta su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quiere bajar. Es verdad que se había acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Pedro se equivoca al querer hacer tres tiendas iguales. Compara a Jesús con un personaje importante del Antiguo Testamento. Está claro, que no ha caído en la cuenta de quién es Jesús. Por eso dice el texto que Pedro “no sabía lo que decía”.

“¡Escuchadle!” Es la palabra clave. Llega el momento en que sólo hay que escuchar a Jesús. A Moisés y Elías ya se les había escuchado hasta ahora. Con relación al Antiguo Testamento, hay un mensaje muy claro en el relato de hoy: hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y los profetas, no al revés. Todavía no nos llegamos a creer del todo que Dios sea Padre, Amor, Misericordia, Compasión. Todavía, a veces, seguimos escuchando mensajes sobre un Dios lejano y castigador.

“Al mirar alrededor no vieron más que a Jesús”. En muchas veces, en nuestra vida necesitamos que alguien importante nos digan las cosas, para ver que es lo que debemos hacer en nuestras vida. Pues igual ocurre con el Señor. Sólo vemos bien lo que tenemos que hacer, cuando escuchamos bien al Padre. Después de un verdadero encuentro cara a cara con Jesús os puedo asegurar, por experiencia, que ya sólo nos interesa Jesús. Después de un verdadero encuentro cara a cara con Jesús os puedo asegurar, que Jesús se convierte en el centro de tu vida. Después de un verdadero encuentro cara a cara con Jesús os puedo asegurar, que pones a Jesús en el centro de tu matrimonio.

Después de un verdadero encuentro cara a cara con Jesús os puedo asegurar, que vuestra vida aunque altibajos, es una vida alegre porque a tu lado tienes a Jesús. Jesús se convierte en el centro de todo. Después de un verdadero encuentro cara a cara con Jesús, no debemos tener ya otros dioses. Ni debemos equiparar a Jesús con otras personas u otros intereses. Desde Jesús vamos a ser verdaderamente libres y vamos a llevar una vida en plenitud. Sólo Él nos puede hacer plenamente felices, como he dicho antes. Como dice en Cursillos de Cristiandad: “Cristo y tu, mayoría absoluta”. Y lo que tengo muy claro que después de un verdadero encuentro cara a cara con Jesús os puedo asegurar que la vida se ve… DE COLORES.

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