Evangelium Solis, 💙 Opinión

“En verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida»

La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo su Señor como un don, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don en sí mismo, de su persona, en su santa humanidad y, además de toda su obra de salvación. Esta no queda relegada al pasado, pues «todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos…». Por ello, llega un nuevo Evangelium Solis a Gente de Paz.

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»

Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.»

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Palabra del Señor.

Como en la sinagoga de Nazaret, ante las palabras sorprendentes de Cristo, apareció el prejuicio racionalista. Aunque han visto un milagro no pueden evitar el poner objeciones en cuanto Jesús comienza a enseñar. Encontramos aquí unas palabras de Jesús que nos pueden servir para muchos momentos: “No critiquéis”. A veces desatendemos enseguida una enseñanza porque sus primeras palabras nos sorprenden, y no cabe duda de que las de Jesús lo eran “yo soy el pan vivo bajado del cielo”. Pero hay que tener paciencia y escuchar. No podemos desactivar el mensaje antes de que nos sea entregado en su totalidad. Igualmente, ante lo que no entendemos no cabe el rechazo inmediato, sino que lo prudente es la reflexión pausada.

Jesús después explica un poco más. Porque “el pan vivo”, que es él, también es “pan de vida”. Y por eso ha bajado del cielo, refiriéndose a su encarnación, para que por él tengamos vida.

Jesucristo utiliza la imagen del maná en el desierto para hacer una comparación. Los israelitas comieron de aquel pan (que bajaba del cielo, pero no como Jesús que no cayó de lo alto sino que vino de junto al Padre). Les sirvió para sostenerse en la larga travesía hacia la tierra prometida. Pero ellos murieron. Es decir, aquel pan (el maná) no daba la vida eterna. En cambio Jesús sí que da la vida eterna. Es el pan vivo que comunica sus propiedades. Después Jesús aún añade algo. Ese pan es u misma carne. Y esa carne es la que ofrecerá en la cruz “por la vida del mundo”.

Muy resumidamente tenemos aquí toda una enseñanza sobre el misterio de la Eucaristía, que es el sacramento de la presencia de Jesús (verdaderamente el pan y el vino se convierten en su cuerpo y su sangre), es sacramento sacrificio (porque en la misa se actualiza el sacrificio de la Cruz en el que Jesús entregó su vida por nuestra salvación) y es sacramento comunión (quien come su carne tiene vida eterna, porque se une a Jesús).

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