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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Evitemos sucedáneos

La procesión vuelve a detenerse y los nazarenos se quitan el cirio del cuadril, bajándolos hasta el suelo, y alumbrando ya no el cielo sino sus corazones. Un nuevo alto en el Camino de esta procesión que nos lleva hasta la Casa de Dios, y que debe servirnos para una nueva reflexión bajo el cubrerrostro.

Han pasado ya algunos meses desde que nuestras vidas se transformaron. Hemos tenido que modificar costumbres, formas de pensar, de sentir y de vivir. Y hemos demostrado una resignación cristiana de un nivel inesperado, cuando no una aceptación ante lo que estaba pasando. Y aunque pudiera parecer que se trata de iguales actitudes, hay una diferencia entre ellas muy importante, ya que la aceptación conlleva el haber asumido la realidad, sin ánimo de cambiarla y sin sufrir por ella, lo que nos permite seguir adelante y buscar nuevas opciones; mientras que la resignación conlleva un sufrimiento y una esperanza en que la realidad sea de otra manera, aunque a veces nos paralice.

Sea como fuere, ora con aceptación ora con resignación, la realidad está siendo la que es, y nada podemos hacer por recuperar el pasado, lo perdido. Pasan los días, los meses…, y el ciclo volverá a comenzar en breves fechas, cuando llegue el día en que nos deseemos un Feliz 2021… o como yo creo que será, un «Feliz 2020 segunda parte».

Como siempre intento hacer, las circunstancias que van sucediendo en nuestra vida cotidiana las intento extrapolar al mundo cofrade y al sentimiento de quienes entendemos nuestra Fe a través de la veneración a nuestros Sagrados Titulares y la convivencia con nuestros hermanos.

Ya no podemos recuperar la Cuaresma pasada, la Semana Santa de este año, los Triduos, Quinarios, Octavas o Novenas que no pudimos celebrar, los Via Crucis y Rosarios que se quedaron en las iglesias, y ya no se podrán ofrecer esos besos tan cargados de devoción y cariño a las Manos y los Pies de las Sagradas Imágenes a las que acudimos en nuestras oraciones diarias. Pero, ¿qué ocurrirá con todos estos actos en la próxima ocasión? Porque el reloj nunca se detiene y de manera irremediable se acerca una nueva situación repetida en la que tener que estar a la altura que a todo católico se nos pide.

En los últimos días hemos podido leer y reflexionar sobre las maneras en que comienzan a proyectar el nuevo año cofrade tanto los Presidentes de las Agrupaciones y Consejos de Andalucía como los Obispos de nuestras Diócesis. Unos y otros exponen propuestas, deseos, ideas (más o menos acertadas, más o menos peregrinas, más o menos viables; o, lo que sí sería exigible, más o menos pensadas y meditadas), que creo interesante recopilar y poner sobre este tapete hecho con el tejido de nuestros hábitos nazarenos.

No seré yo quien ponga en cuestión la buena voluntad de los primeros ni la buena fe de los segundos (a cada uno lo suyo) a la hora de realizar sus propuestas y los comunicados de sus conclusiones. Pero quizás sería interesante aplicar algún filtro antes de hacer públicas las mismas. Más que nada por no dejar al descubierto la distancia de pensamiento y de sentir que algunas veces se muestra entre quienes nos dirigen y representan y nosotros, los dirigidos y representados.

En esta ocasión me detengo en la conclusión a la que han llegado los Obispos de las distintas Diócesis andaluzas en lo referente a la Cuaresma y Cultos que vienen.

Los cristianos debemos agradecer la labor que la Iglesia sigue desarrollando (Iglesia que somos nosotros), tanto en lo referente a la respuesta dada a las crecientes necesidades de caridad ante la aparición de situaciones insostenibles en familias y colectivos, siempre sin hacer distinciones o preguntas sobre la procedencia o la orientación del que necesita; como en el crecimiento de la acción pastoral a quienes también se siente necesitado y pide ayuda espiritual. No obstante, quizás debieran acercarse un poco más al sentir de quienes, a lo largo de décadas, hemos configurado el más activo y numeroso colectivo de fieles, y en quienes se han apoyado cuando se ha necesitado: los cofrades.

Sin intención de cuestionar el fondo de las conclusiones a las que los Obispos han llegado, sí debieran, quizás, cuidar un poco más las formas. Los mensajes no siempre llegan a calar por su intención, sino por las palabras que los expresan; y cabe la posibilidad de que esas palabras no siempre sean percibidas de igual modo por todos. Pongo un ejemplo.

Sin cuestionar lo más mínimo la necesidad de continuar con el culto a nuestros Sagrados Titulares, quizás no sea un mensaje oportuno exhortarnos a que sean fomentados más, pues ese culto es algo intrínseco y que circula por la sangre de todo cofrade que se precie de serlo. Mas sí puede costar un poco más entender la petición que nuestros prelados nos hacen al indicar que «…eviten sucedáneos de la verdadera piedad que brota de la celebración del Misterio cristiano…»

Los cristianos, los cofrades, como seres humanos que manifestamos nuestro fervor por el sentimiento a flor de piel, por la contemplación de una Imagen, por el incienso que se mete por cada poro, por el sonido de una marcha procesional que eriza nuestro vello… por ver a Nuestro Señor o a su Bendita Madre hacerse más cercanos al salir a nuestro encuentro, necesitamos de esas pequeñas muestras que parecen indicarnos que todo parece como siempre; anhelamos que todo se asemeje a lo que conocimos.

No nos quiten las ganas o nos saquen los colores por querer agarrarnos a los pocos y finos hilos de ESPERANZA que nos quedan para mantener la PAZ de nuestros sentimientos y de nuestros recuerdos y vivencias. No menosprecien con algunos términos lo que para un hijo es ver a su Madre sobre unas andas siendo venerada por todos. No cataloguen de sucedáneo lo que para un cofrade ha sido el PODER más GRANDE Y PURO que ha sentido desde que todo esto comenzó.

En la próxima parada me detendré en los Presidentes de los Consejos y Agrupaciones de Cofradías. Los cirios vuelven a levantarse y no puedo seguir con esta reflexión. Seguimos caminando.

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