Córdoba, La Chicotá de Nandel, 💙 Opinión

¡Felicidades, papá!

A veces puede dar vértigo ir cumpliendo años. Ver que la vida pasa y se van echando cosas en falta, o quizá, se van acomodando las fichas del puzzle de una forma fácil y sencilla, de modo que todo cuadra. Que el camino ha sido el correcto, y bueno el andar.

Naciste en el año 1950, año donde por ejemplo se estrenó la película “El amor brujo” en Barcelona, Uruguay gana su segundo mundial, se firma en Estrasburgo la Convención Europea de los Derechos Humanos, se funda la empresa de automóviles SEAT, o en lo tocante a la Iglesia, el Papa Pío XII aprueba el Opus Dei y la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz, y la Madre Teresa de Calcuta fundan la asociación “Las Misioneras de la Caridad”.

Pero para acelerar tu proceso vital, me iría a tus 10 años de vida, en 1960, cuando de la mano de tu madre te acercaste a un portal donde se repartían las túnicas de la Hermandad de la Esperanza, querías salir de nazareno, y al no haber túnicas, ya de vuelta a casa, es en una pequeñita sala más parecida a una cueva donde se te ofreció por los responsables que allí había, salir de nazareno y hacerte hermano de la Hermandad de la Paz y Esperanza.

En aquellos años, de los que han pasado ya 58, te tocó vestir túnica blanca y morada, era la que vestían los hermanos que acompañaban al Señor, y ahí, da comienzo tu bonita historia como cofrade.

De ti como persona se pueden decir muchas cosas, y como cofrade también, pero si me siento tan orgulloso es porque las personales que escucho no son otras que: bueno, amable, bueno, generoso, bueno, honrado, bueno… y al unísono, buena persona. Los que te definen como cofrade, dicen de ti que eres un ejemplo a seguir, una persona al servicio siempre de tu Hermandad, pero esas cosas no hace falta que se le digan a tu familia, pues siempre has sido eso, el ejemplo de todos y por el que todos somos de la Hermandad de la Paz y Esperanza.

Ya no tienes ese brillo en la mirada quizá de años atrás, plenamente identificado y encuadrado en un organigrama que no era más que una familia, con sus roces, problemas, vaivenes, y demás locuras que suceden en este mundo y en el de las hermandades, pero al fin y al cabo una familia formada por muchas familias.

Te escucho hablar de anécdotas ahora hasta poco creíbles con los tiempos que corren, la modernidad de las máquinas, el avance de la informática, las mejoras en determinados aspectos culturales o artísticos, pero que siempre cuentas con nombres de personas que tristemente, ya no es que como tú no tengan ese brillo de la mirada, si no que algunos, ya no pertenecen ni a la que siempre fue su casa, la de todos, por la que tanto lucharon.

Participas en tu Hermandad en contadas ocasiones, cuando puedes y, también, por qué no decirlo, cuando quieres. Entiendo que se tiene uno que sentir solo o debe hacer frío cuando los corazones no transmiten el calor humano necesario, y por lo tanto, yo nunca te he dicho nada de tus idas o venidas desde que pusieron o decidiste poner punto a tu implicación diaria en la Hermandad.

Cuántas noches de niñez recuerdo acostarme y que mamá dijera: vete a dormir, hoy papá tiene Junta de Gobierno y vendrá tarde. Cuántas noches compartimos de Juntas de Gobierno, y los momentos de después, que dejaban paso a la risa tras la tensión que requerían los temas tratados.

Cuántos Miércoles Santos con tu túnica blanca y verde, aquellas que guarda mamá en un cajón, y tantas que ha prestado a familiares, amigos de familiares, compromisos, y que son propias y arregladas con todo el cariño que una madre puede volcar en un sentimiento, su Hermandad.

Esas noches de Cruces de Mayo, durmiendo casi sin sitio en un sofá de skay con los demás chiquillos, pues nuestros padres debían trabajar para sacar dinero para la Hermandad. Recuerdo verte con tus gafas en esta celebración popular u otras que la Hermandad organizara, antes sin tus gafas, hace pocos años con ellas, pero con tu cajita, tus tickets, tus ventas y la vuelta al que debías darla. Siempre serio, pero siempre amable.

Recuerdos familiares, recuerdos para contar a los que vengan, sean mis hijos o mis allegados, pero siempre contar y poner nombre y apellido a personas que, por desgracia, como tú, ya no pueden seguir conmigo, y digo conmigo, puesto que yo pienso quedarme hasta el final de mis días, si no me echan, yo nunca me voy a marchar de mi Hermandad, es eso lo que mis padres me inculcaron, cultivaron y yo siempre he amado y querido, mi Hermandad.

Yo no sé si por dar la lata o por mi ir a la contra, por rebeldía o por divertimento, siempre quise ir con el Señor. Quizá fuera el trabajo de Juan, ese que como tú empezó de niño siendo capataz del Señor, y que poco a poco conseguía que fuera más la gente que quería ir con Él, como tú, que no te negaste como otros a acompañarlo los Miércoles Santos, pues aunque tú amor por la Señora siempre fue notable, tu amor por tu otro Titular no lo era menos.

Cómo disfrutaba yo sabiendo que ese año mi padre iba con Nuestro Padre, y ahora fíjate, soy yo el que cada Miércoles tengo el privilegio de ser los pies de Nuestra Reina.

Tanto es el amor por tu Señor que envidiabas a Cofradías sevillanas, tanto por sus Pasos de Misterio, como por el seguimiento del pueblo, en masa en la calle, y mira ahora, tu Señor se ha convertido en un referente, yo diría que en Andalucía, y creo que no entiendes nada de lo que estás viendo, no lo disfrutas, y por lo tanto, ves a tu Señor apagado entre tanta túnica oscura que no te hace ver que Él, sea el protagonista de todo, entre tanta y tanta y tanta oscuridad, y no solo por los colores del textil.

Son muchos los recuerdos y sentimientos que se me encuentran cuando cuentas o recuerdas esos años con tus hermanos, y que ahora ya no es lo mismo. Espero, que sean muchos años los que te pueda escuchar contarme lo que es para ti una Hermandad, pues saliendo de ti, sabré cuál es el camino a seguir para tenerla, si es que puedo volver a sentir lo que se siente cuando se tiene.

Qué pena y cómo nos duele a los que te queremos, que tras más de medio siglo como hermano, haber ostentado algún que otro cargo de mayor o menor relevancia en tu Hermandad, ni tengas la suerte de ser invitado a la inauguración de la Casa para los hermanos, esa que tú también estás pagando. Pero como buen hermano, bien que has ido a recoger tus talonarios de lotería, para que tu Hermandad los venda, para colaborar. Espero que este año sea el último te diré, pero me costará ver otro año como no es así.

Hasta entonces, y esperando ese momento, solo quiero utilizar estas líneas para felicitarte por tu cumpleaños y por lo que creaste, juntos a tus hermanos, tras tantos años de trabajo, pues aunque no lo reconozcas, ahí está lo que conseguiste a base de esfuerzo y faltar en casa, trabajo, y perder tu tiempo -según se mire-.

Hasta entonces, quiero felicitarte, por tus sesenta y ocho, y por otros sesenta y ocho años más, pues pase lo que pase, nadie me contará otra historia que no sea la que yo he vivido, que mi padre es mi mayor orgullo, el mejor cofrade, y el mejor padre que uno puede tener, Humilde, Paciente, y lleno de Paz, y aunque ya poca, Esperanza, por todo y tanto, ¡Felicidades papá!

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