La Hermandad del Prendimiento de Córdoba ha abierto una nueva etapa institucional tras la celebración del cabildo general de elecciones, en el que Fernando Valenzuela Jurado, único candidato en liza, ha sido proclamado nuevo hermano mayor, culminando así un proceso electoral desarrollado en la sede de la corporación y que ha contado con el respaldo de los hermanos convocados a las urnas en una jornada que ha venido a formalizar la renovación del máximo órgano de gobierno dentro de un contexto de continuidad organizativa y estabilidad interna.
El desarrollo de la convocatoria se ha producido en un escenario de consolidación progresiva, marcado por el fortalecimiento de las estructuras internas, la evolución de la vida corporativa y la integración natural del proceso electoral en la dinámica habitual de la hermandad, lo que ha permitido que la elección del nuevo hermano mayor se haya desarrollado dentro de un marco de normalidad institucional y cohesión organizativa. En el cabildo electoral celebrado, se han emitido un total de 120 votos, de los cuales 80 han sido favorables a la candidatura presentada, lo que supone un 66,7 % del total, mientras que 38 votos han sido contrarios, equivalentes al 31,7 %, y se han registrado además 2 sufragios nulos, que representan un 1,6 %, quedando así proclamada la opción mayoritaria con un respaldo claramente superior al tercio del censo participante.
Un proyecto de gobierno desde la continuidad y el carisma salesiano
Antes de su proclamación, el ya nuevo hermano mayor había trasladado a los hermanos una carta programática en la que ha expuesto las bases de su proyecto de gobierno, articulado sobre principios de continuidad institucional, servicio a la corporación, identidad salesiana y refuerzo de la vida interna, en un planteamiento orientado a consolidar lo ya construido y a profundizar en un modelo de gestión más participativo y cercano.
Valenzuela, que venía desempeñando el cargo de tesorero de la hermandad y que anteriormente ejerció como Promotor Sacramental, ha defendido una candidatura concebida desde la humildad, la ilusión compartida y el amor a la corporación salesiana, subrayando la importancia de caminar junto a los hermanos en la construcción del futuro de la hermandad mediante una implicación constante en la vida cotidiana de la institución.
El proyecto se articula en torno a una idea central de unidad fraterna, sostenida sobre la fe, el compromiso y el servicio, enmarcada en el respeto a la historia de la corporación y en la voluntad de reforzar una gestión basada en la cercanía personal, la responsabilidad organizativa y la transparencia institucional como pilares estructurales del mandato.
La cohesión interna como fundamento de la hermandad
Uno de los pilares esenciales del programa es el fortalecimiento de la unidad entre los hermanos, concebida como elemento estructural de la vida corporativa y como base imprescindible para el desarrollo de una hermandad cohesionada, en la que todos sus miembros, con independencia de su edad, antigüedad o pertenencia a distintos grupos internos, avancen bajo un mismo proyecto común.
Desde esta perspectiva, se plantea consolidar la hermandad como un espacio de encuentro permanente, de fraternidad real y de participación activa, donde el vínculo entre los hermanos se refuerce a través de la convivencia cotidiana, el respeto mutuo y la implicación constante en la vida de la corporación, favoreciendo así una estructura interna más integrada, participativa y estable.
La Casa de Hermandad como eje del nuevo mandato
La reciente adquisición de la Casa de Hermandad se sitúa en el centro del nuevo ciclo institucional como uno de los proyectos más relevantes del mandato, al ser concebida como un hito histórico dentro de la evolución reciente de la corporación y como una oportunidad para redefinir el modelo de convivencia interna y el desarrollo de la vida cofrade.
El proyecto prevé su transformación integral para convertirla en un espacio plenamente operativo de convivencia, reunión e identidad corporativa, de manera que supere su función meramente estructural y se consolide como un verdadero punto de referencia para los hermanos, destinado a reforzar la vida interna, favorecer el encuentro y potenciar la actividad ordinaria de la hermandad. Asimismo, se plantea su utilización como espacio destinado a la conservación del patrimonio de la hermandad, reforzando la protección de los enseres históricos y garantizando la preservación de la memoria material de la corporación como parte esencial de su identidad y de su continuidad en el tiempo.
Fe, formación y caridad desde el carisma salesiano
El nuevo hermano mayor ha situado el culto a los Sagrados Titulares como el eje espiritual central de la hermandad, reforzando su vinculación con el carisma salesiano como seña definitoria de su identidad, en una concepción de la vida cofrade en la que la dimensión espiritual se erige como fundamento de toda la estructura organizativa y pastoral.
El proyecto subraya una hermandad basada en la alegría, la cercanía y el servicio, donde la dimensión caritativa trasciende la mera asistencia material para incorporar la escucha activa, el acompañamiento personal y la atención a las situaciones de vulnerabilidad, ampliando así el alcance social y humano de la corporación. Del mismo modo, se ha destacado la importancia de la formación cristiana, entendida como herramienta fundamental para el crecimiento espiritual de los hermanos y para la consolidación de una comunidad más comprometida, cohesionada y consciente de su misión dentro del ámbito cofrade.
La juventud como garantía de futuro institucional
La juventud ocupa un lugar destacado dentro del proyecto de gobierno, al ser considerada un elemento clave para la continuidad de la hermandad y un factor decisivo en la renovación progresiva de sus estructuras internas, en un contexto en el que la transmisión generacional se presenta como una necesidad estratégica para su estabilidad. La propuesta busca fomentar su integración activa, promoviendo su participación real en la vida corporativa y facilitando su progresiva asunción de responsabilidades, con el objetivo de asegurar no solo su implicación presente, sino también su preparación para el liderazgo futuro dentro de la hermandad.
La Estación de Penitencia como espacio de reflexión
La Estación de Penitencia, como expresión pública más visible de la hermandad, ha sido igualmente objeto de reflexión dentro del proyecto, al ser entendida como el momento culminante de la vida cofrade y como la manifestación externa de la identidad espiritual y comunitaria de la corporación. El nuevo hermano mayor ha señalado las dificultades que el actual horario puede generar para la participación de familias y niños, subrayando el carácter joven y familiar de la hermandad como una de sus principales señas de identidad y planteando la necesidad de adaptar determinados aspectos organizativos a esa realidad social. En este sentido, se propone abrir un proceso de reflexión compartida que permita trasladar esta cuestión a la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba, con el objetivo de estudiar posibles ajustes que compatibilicen la realidad interna de la cofradía con el desarrollo general de la jornada penitencial.
El 75 aniversario como horizonte de proyección
La próxima celebración del 75 aniversario fundacional se presenta como un hito de especial relevancia dentro del nuevo mandato, al constituir una oportunidad para reinterpretar la trayectoria histórica de la hermandad y poner en valor el esfuerzo de las generaciones que han contribuido a su consolidación a lo largo del tiempo. La efeméride se concibe como un espacio de reconocimiento colectivo y, al mismo tiempo, como un impulso hacia el futuro institucional, con el objetivo de reforzar la unidad interna, renovar el compromiso colectivo y consolidar la identidad de la corporación en una etapa de crecimiento sostenido.
Transparencia y modelo de gestión institucional
El proyecto concluye con la defensa de un modelo de gobierno basado en la transparencia, la cercanía y la responsabilidad institucional, concebido como eje vertebrador de la confianza entre los hermanos y como fundamento para una gestión orientada a la participación, la estabilidad y la cohesión interna de la corporación. La nueva etapa se articula así en torno a un modelo de gestión basado en el diálogo permanente, la implicación activa y la claridad en la toma de decisiones, en un contexto de continuidad institucional dentro del ámbito cofrade de Córdoba.





