Fernando Vaquero crea para el Sepulcro de Córdoba «El último Descendimiento»: una joya para conmemorar el 450 aniversario de las primeras reglas de la Hermandad

La Parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos ha sido escenario de la presentación de la última gran obra del prestigioso artista sevillano, Fernando Vaquero. Un impresionante cuadro que conmemora el 450 aniversario de las primeras Reglas de la Hermandad del Santo Sepulcro. A Vaquero le fue encargada por la Hermandad «una pintura de corte historicista del estilo de las que ya he realizado anteriormente», pero Vaquero, en cada obra se supera. Como demuestra este óleo sobre lienzo de 139×76 cm titulado «El Último Descendimiento».

La pintura, nace de investigaciones y preguntas a miembros de la Hermandad. Vaquero recurre a la Reforma de la Semana Santa cordobesa en el último tercio del siglo XVIII e iniciando ya la transición hacia el XIX, donde la celebración sufre un fuerte declive. En este contexto histórico, la Hermandad del Sepulcro sufre una disminución de hermanos con la consiguiente merma económica que hace peligrar tanto sus cultos como su Estación de Penitencia. Sirva de ejemplo que, según los estudios e investigaciones realizadas, el mayor gasto en estos años correspondía curiosamente a la cera de las velas. Este problema queda en parte solucionado con la incorporación a la cofradía del Colegio de Escribanos Públicos de Córdoba y es gracias a estos escribanos que la cofradía se libra de su extinción.

La escena representada en el cuadro transcurre en el Templo donde se encontraba la Hermandad, el Convento del Carmen de Puerta Nueva, en la que la Cofradía contaba con una capilla propia, hoy desaparecida, y donde aparece la urna del Señor, en la parte izquierda. Observamos, oscurecido por el paso del tiempo (tendría ya 150 años) y el humo de las velas, el magnifico e iniguable retablo de Valdés Leal. Aparece la cubierta mudéjar, ya desaparecida. Para dar monumentalidad a la Parroquia carmelitana, el artista ha utilizado un punto de vista contrapicado. A la derecha contemplamos un cuadro sacado del famoso retrato de carmelita de Luis Tristan que se conserva en el Museo del Prado. También otro de la Inmaculada Concepción y por último, arriba, casi sumergida en la oscuridad el cuadro de una piedad, como guiño también a la Semana Santa cordobesa con un cuadro de la Virgen de las Angustias que se conserva en el convento de las capuchinas. Bajo este cuadro estaba la capilla de la Hermandad.

En esta capilla había dos cuadros de Jesús Preso y del Entierro de Cristo, hoy perdidos; y un retablo en el que estaban expuestos todo el año el Cristo del Descendimiento y la Virgen de las Penas que contemplamos en este momento captado preparada para la estación de Penitencia. La Virgen aparece representada tal como citan las fuentes “vestida con manto de terciopelo negro y delantal de tafetán, estola negra, toca y pañuelo blanco y guardapiés”. Esta Virgen y esta capilla, como el resto del convento fueron víctimas del expolio de las tropas napoleónicas durante la invasión francesa.

Fernando ha querido colocar la luz iluminando al que es la Verdad, a Jesucristo. La mirada del espectador se dirige hacia este punto, cuyo cuerpo recibe la zona de mayor iluminación del cuadro y por tanto la zona a la que el espectador habrá dirigido en primer lugar su mirada para a continuación hacer un recorrido visual por el resto del mismo.

Vaquero ha querido representar la última vez que se representaría el acto conocido como el “Ritual del Descendimiento” de ahí el título. Un acto que tenía lugar cada Viernes Santo justo antes de la Estación de Penitencia y que estaba cargado de simbolismo. En el presbiterio se colocaba un entarimado cubierto con un paño negro sobre el que se escenifican a el monte Calvario sobre el que echaba «lentisco, cañas y tornizos que los propios hermanos recogían de la frondosa sierra cordobesa”. Sobre este monte van las tres cruces y en ellas el Cristo y las tallas de los dos ladrones. Los hermanos utilizaban ropas históricas que representan los papeles de los personajes que estuvieron en aquel momento descendiendo a Nuestro Señor Jesucristo, entretanto un miembro de la comunidad carmelita desde el púlpito narraba con viveza la secuencia del descendimiento ante la atenta mirada de los hermanos que, vestidos de nazareno, permanecían con las velas encendidas. Y mientras todo esto sucedía la música sonaba.

En el cuadro vemos elementos desaparecidos, como el sudario rojo que portaba el Cristo, una peluca de pelo natural que se le colocaba y que cada año “mandaban rizar con airosos bucles”, incluso anteriormente a esto el Cristo tenia los brazos articulados con lo que aparecía crucificado en la cruz y los actores lo desenclavaban y lo descendían. Vemos asimismo cambios en las túnicas de los nazarenos: si se fijan ningún hermano lleva capirote, ni siquiera lo porta en las manos: fueron también prohibidos y los hermanos hacían su estación de penitencia con la cara descubierta. Estas mujeres que veis vestidas de negro sobre el monte Calvario bajo el buen ladrón eran las llamadas “viuditas” y tras este acto participaban también en la estación de penitencia portando los símbolos de la pasion.bUna vez finalizado este acto el Cristo era bajado por los hermanos y conducido hacia la urna para ser allí depositado y comenzar a continuación la estación de penitencia.

La urna representada es la realizada por Pedro Roldán, que tristemente también desapareció y se desconoce como era. Por lo que el autor ha tenido como referencia otros trabajos de este autor, como el retablo de la capilla de los Vizcaínos de la Catedral de Sevilla, donde trabajó con Dionisio de Riba. También del sepulcro del Retablo Mayor del Hospital de La Caridad de Sevilla y sus ángeles pasionistas, puttis y ángeles lampareros. Por último, se ha servido de un boceto a sanguina, conservado en el archivo del Museo de Bellas Artes de Córdoba. En él se muestra una urna dibujada por Antonio García Reinoso, que bien podía ser la de Roldán. No obstante, Fernando Vaquero ha querido utilizar elementos ornamentales de la urna actual. La persona que destapa la urna no es otro que Manuel Palomino, Hermano Honorario de la Hermandad, que falleció estando en proceso esta obra y que, la Cofradía quiso que apareciera.

Una magnífica pintura histórica, «uno de los cuadros más elaborados de mi producción», según ha reconocido el propio Vaquero a Gente de Paz, que engrandece el importante patrimonio artístico que posee la Hermandad del Viernes Santo y que, consagra en Córdoba, a este artista sevillano que convierte en realidad cada creación haciendo que el espectador se integre en una obra de arte, plena de autenticidad y misticismo.