El Palacio Erisana´, de la localidad cordobesa de Lucena, ha sido el perfecto escenario elegido por la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno para presentar la última maravilla del pintor sevillano Fernando Vaquero, uno de los indiscutibles referentes del panorama contemporáneo de la cartelería y la pintura religiosa y cofrade, cuya inagotable creatividad se viene repartiendo, en perfectas dosis, por los cuatro puntos cardinales de la geografía, dejando su sello inconfundible e inigualable y la admiración de espectadores, cofrades, fieles y devotos de toda índole y condición.
Una cualidad que se le exige a cualquier artista imperecedero, capaz de concebir obras destinadas a incorporarse a la memoria colectiva del pueblo llano para el que fueron creadas, lejos de las absurdas imposiciones artificiales y pedantes de quienes, desde su patética atalaya de prepotencia, piensan que su estrecha concepción del arte contemporáneo es una especie de verdad absoluta con la que expulsar del paraíso a quienes no claudican a ella, incapaces de comprender que si una obra concebida para el público precisa de ser traducida, no es más que una obra fallida, por mucho incienso y adulación con la que se adorne.
Lejos de fuegos de artificio, la obra de Fernando Vaquero es rotunda, incontestable, porque se introduce a través de los sentidos para alcanzar el alma y ocupar en las entrañas un lugar perenne de privilegio en el arcón de los recuerdos perpetuos del espectador, cautivado para siempre por obra y gracia de su infinita capacidad para emocionar. Buena muestra de ello es la última genialidad surgida de su paleta, titulada «Una cruz llena de brillos», que Vaquero ha concebido para conmemorar el 425 aniversario de la fundación del Nazareno de Lucena. Un óleo sobre lienzo de 130 x 97 cm que permite al espectador introducirse en la escena, viviéndola y siendo partícipe del instante, erizando el vello y casi escuchando y respirando la escena, enardeciendo el espíritu a través de la indudable unión sagrada -otro detalle que suelen obviar los trasnochados gurús de turno- de la que siempre están dotadas las geniales creaciones de Vaquero.
En la presentación de la obra, Vaquero ha explicado que la historia de esta pintura empieza curiosamente con un video, uno de aquellos videos que le enseñó la Hermandad el día que firmó este encargo, que mostraba una escena tomada desde un balcón en la que se veía a Jesús Nazareno por las calles de Lucena. El autor ha desvelado que conocía esta talla, que la había visto varias veces, pero que lo que llamó su atención de aquellas imágenes es una de las muchas señas de identidad que esta Hermandad ha sabido mantener sin permitir influencia alguna del exterior desde hace muchos siglos, lo que rodea al Señor cuando transita por las calles, rodeado de fieles, nazarenos y devotos. Vaquero ha explicado que pensó que «así debió ser, que así debió ocurrir hace dos milenios allá en donde ahora estallan las bombas, en aquella calle de Jerusalén que terminó llamándose, y ahora con mas razón, “Vía Dolorosa”. Un “desorden ordenado” y en medio de todo aquello un hombre herido que camina por una calle cargando con una cruz mientras la turba romana le espolea que no se detenga haciendo sonar sus “cornus“ romanos para que lo dejen avanzar, exactamente como ocurre en Lucena cada Viernes Santo. «De toda esta historia empezó a nacer mi inspiración», ha reconocido Vaquero.
«La segunda fuente de inspiración de esta obra -ha subrayado el artista- fue Jesús Nazareno, esa antiquísima talla cuya autoría y fecha de creación se pierde en la noche de los tiempos. La imagen mas antigua que procesiona en la Semana Santa lucentina plagada de esa maravillosa estética manierista que lo hace tan único y particular». Una imagen que eleva su mano, otro de los detalles que llamó poderosamente la atención de Vaquero que ha incidido en que lo que este gesto pudo suponer para los lucentinos de hace cuatro siglos: «Debió ser algo absolutamente sobrecogedor ,seguramente para ellos seria como tener delante al mismísimo Jesucristo que había bajado en cuerpo y alma a las calles de Lucena repartiendo perdones con su gesto», ha dicho, antes de reconocer que «aquel gesto con la mano me volvió a transportar a un momento de la vida de Cristo, e imaginé una historia». La historia que ha convertido en cuadro para el universo cofrade.
En la escena, Vaquero ha situado a dos mujeres siguiendo los mismos patrones estéticos de Jesús Nazareno, propiciando un alargamiento de la figura y una cierta artificiosidad en los gestos, para que se integren así con la maravillosa estética manierista del Cristo. «Una vía dolorosa que he querido pintar un poco “cuesta arriba” para resaltar aun más ese esfuerzo que hace Jesús al cargar con nuestros pecados. Porque nuestros pecados también están ahí pintados, en esas estrellas que brillan en su Cruz», ha relatado el pintor. Finalmente el texto aparece en rojo sangre en la parte izquierda del cartel, la lanza de un romano aparece por delante de la última S de Jesús mientras el resto de ellas se adivina al fondo del texto el cual se va oscureciendo progresivamente conforme nos dirigimos a la parte izquierda.
El artista ha concluido su intervención con un momento cargado de emotividad, explicando que esta obra encierra una segunda lectura, una segunda historia mas personal y emotiva en este difícil 2023 que a Vaquero le está tocando vivir. Hace cinco días que subió al cielo tras una larga enfermedad su tío Pedro al cual va dedicada tanto esta obra como el romance que compuso para el video de presentación y en el que podrán entender el “por qué” del título con el que bauticé esta obra. Un romance con el que, a modo de emotivo pregón, ha terminado la presentación de la obra que ha sido recibida con una gran ovación de quienes han tenido la fortuna de ser testigos de la presentación de la última obra maestra de Fernando Vaquero.
ROMANCE AL SEÑOR DE LUCENA
“A la memoria de mi tío Pedro”
En la cruz que Jesús carga
sobre sus hombros benditos
unas estrellas puso
el orfebre que la hizo
Y esas estrellas de plata
que carga este Cristo antiguo
son todos esos pecados
que el hombre ha cometido
Pecados de muchos siglos
errores tan escondidos
que los hombres enterraron
en la tierra del olvido
Mientras las turbas romanas
van por detrás dando gritos
por delante en una calle
se encontraron Madre e Hijo
Y de rodillas lloraba
entre la madre y el hijo
una mujer que miraba
aquel rostro compungido
La mujer acercó su mano
el Señor hizo lo mismo
y entre la una y la otra
una Cruz llena de brillos
Perdóname mis pecados
perdona los de mis hijos
los de los que ya se fueron
y los de los que aun no han nacido
Y todos aquellos males
que carga este Cristo antiguo
con un gesto de su mano
fueron todos redimidos
La Virgen cerró sus manos
pasó por delante Cristo
pasó la turba romana
con sus lanzas dando gritos
Y allí quedaron las dos
como únicas testigos
de esa Cruz entre dos manos
y ese perdón redimido
Y cada año en Lucena
ese momento vivimos
cuando en el Viernes Santo
su mano mueve el Divino
Y cuando pasa Jesús
y esa Cruz llena de brillos
aunque quieras esconderlos
los verás reconocidos
El santero para el paso
calla el torralbo el sonido
y tu mirada se fija
en la Cruz que porta el Cristo
Y avergonzado lloras
al ver en la cruz el brillo
de esas estrellas que puso
el orfebre que la hizo
No sufras más por tu falta
no llores mas, lucentino
Pon tu rodilla en tierra
como aquella mujer hizo
Porque en el mismo momento
que mueva el brazo este Cristo
Tus pecados y los míos
Perdonados habrán sido





