Galería | El Beso de Judas: Un Pasaje Bíblico que Cobró Vida en la Talla de Jesús de la Redención

La Hermandad de la Redención posee una de las tallas más emblemáticas de la Semana Santa sevillana: Jesús de la Redención en el Beso de Judas, que ha estado dispuesto este domingo en devoto besapiés. Esta obra maestra, creada por Castillo Lastrucci en 1958, es el resultado de un proceso de creación que se remonta a julio de 1957, cuando la Hermandad encargó la talla del Señor y de Judas en un mismo contrato.

La concepción de la talla de Jesús de la Redención estuvo condicionada por la necesidad de plasmar un pasaje bíblico concreto: el Beso de Judas. La Hermandad redactó un informe detallado en el que se establecieron los objetivos y pautas a seguir para la creación de la talla. Este informe, firmado por Eugenio Hernández Bastos, Director Espiritual de la corporación en aquel momento, marcaría la interpretación del paso de misterio.

La talla de Jesús de la Redención debía expresar en sus rasgos faciales y gestos el cúmulo de sensaciones que pudo sentir Jesús en aquellos momentos fatídicos en el huerto de Getsemaní. La lucha interior de Jesús en su oración, la aceptación de la voluntad del Padre, la tristeza por la traición de Judas y la serenidad ante la cercanía de su padecimiento son algunos de los sentimientos que se reflejan en la talla.

El informe de la Hermandad establecía que la talla debía reflejar la huella física y moral de la lucha interior de Jesús. «Jesús enjugó y secó su rostro, pero en Él quedaron marcadas las huellas físicas y morales de su interior lucha. Deben tener reflejo en el rostro del Cristo esos sentimientos», se recoge en el informe.

Una vez aceptada la voluntad del Padre, la talla debía reflejar la serenidad y la recuperación de Jesús. «Sobre un rostro ensombrecido por tanto dolor ha de brillar un claroscuro de recuperación y serenidad», se indica en el informe.

La talla de Jesús de la Redención es una obra maestra que refleja la esencia del pasaje bíblico del Beso de Judas. La creación de Castillo Lastrucci es un ejemplo de cómo la arte y la fe pueden unirse para crear una obra que trasciende el tiempo y el espacio.