Galería | El silencio del Sagrario acoge al Señor Despojado en un encuentro de fe y emoción

La imagen de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras ha permanecido expuesta a la veneración de los fieles en el altar mayor de la Parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral, ofreciendo una estampa de solemnidad contenida y profunda emoción, en la que el silencio del templo se ha convertido en oración compartida.

Un tiempo señalado en el calendario de Molviedro

La Hermandad de Jesús Despojado, con sede en Molviedro, ha vivido en estos primeros días de febrero una de las celebraciones más significativas de su calendario interno, marcada por una circunstancia de especial trascendencia. Este año, la Función Principal de Instituto —acto en el que los hermanos renuevan públicamente su protestación de fe— ha tenido lugar en la Parroquia del Sagrario, convirtiendo este enclave catedralicio en corazón espiritual de la corporación.

El Sagrario como respuesta a un anhelo compartido

La elección del templo del Sagrario ha respondido al crecimiento constante de la nómina de hermanos y a las limitaciones de aforo de la capilla del Mayor Dolor, espacio habitual de culto. Este traslado ha dado forma a un deseo largamente acariciado, permitiendo que un mayor número de fieles y cofrades pudiera participar en el culto más solemne del quinario, sin perder la intimidad ni la hondura que definen este encuentro con el Señor.

La imagen que habla en silencio

Ante el Señor Despojado, erguido en el altar mayor, la comunidad ha encontrado refugio y mirada, un Cristo que se ofrece desnudo de todo, hablando al alma sin palabras, recordando que la fe se renueva también en el despojo, en la entrega serena y en la confianza absoluta.

La mirada que convierte el instante en memoria

Todo este tiempo de culto y veneración ha quedado fijado en la galería de nuestro compañero Benito Álvarez, cuya sensibilidad ha sabido atrapar la luz, el silencio y la emoción de cada instante. Sus imágenes no solo documentan un hecho, sino que custodian la memoria de un momento histórico, donde fe, Hermandad y Catedral se han encontrado en un mismo latido.