Desde el viernes hasta el domingo, la Parroquia de la Concepción Inmaculada, en el corazón de Nervión, ha vivido jornadas de intensa devoción con la celebración del Besamanos a Santa María de Consolación Madre de la Iglesia, titular mariana de la Hermandad de la Sed. Los muros del templo se impregnaron de un murmullo de plegarias, pasos lentos y miradas rendidas que buscaban la cercanía de la Virgen, esa presencia que acoge, conforta y sostiene a quienes se acercan con fe sincera y amor incondicional.
Frente al altar, la talla de Antonio Joaquín Dubé de Luque, realizada en pino de Flandes en 1969, se alza con sus 1,69 metros como un faro de esperanza. Bendecida el 5 de junio de aquel año por el Rvdo. Sr. D. Manuel Calero Gutiérrez, la Virgen lleva consigo la memoria de su primer Rosario de la Aurora, celebrado el 7 de septiembre de 1969, y la historia de su paso de palio, bendecido el 22 de marzo de 1972 y estrenado en estación de penitencia el día 24 del mismo mes. Cada año, su presencia rememora estas fechas y convoca a la devoción del barrio.
La imagen ha sido testigo de los cuidados meticulosos de su autor. Entre 1974 y los años posteriores, Dubé de Luque intervino repetidamente en su policromía y postura, dulcificando el rostro, acentuando la expresividad de las manos y los nudillos, corrigiendo falanges y limpiando las carnaciones, siempre con la autorización eclesiástica y la aprobación de cabildos, preservando la integridad y el espíritu de la obra. En 2012, se estrenaron además las bambalinas del paso de palio, completando un conjunto que combina arte, devoción y patrimonio.
Durante el Besamanos, cientos de fieles se acercaron a contemplarla, cada gesto cargado de reverencia. Con las manos extendidas, muchos depositaron silenciosamente rosas, mientras otros se postraban en oración, buscando consuelo y guía en Santa María de Consolación, la Madre de la Iglesia que mira con compasión a sus hijos. La luz de las velas acariciaba su rostro, iluminando sus facciones policromadas, mientras sus ojos, llenos de serenidad, parecían responder a cada plegaria, acogiendo el amor de un pueblo que la rodea como en un abrazo colectivo.
La obra de Dubé de Luque destaca no solo por la perfección técnica, sino también por su capacidad de transmitir emoción: la postura ligeramente adelantada, la delicada flexión de las manos, el entrecejo fruncido y la dulzura de la mirada permiten al devoto experimentar un encuentro casi tangible con la Virgen. Cada detalle es un hilo que une historia, arte y fe, transformando el espacio de la parroquia en un santuario de esperanza y consuelo.
Gracias al lente de nuestro compañero Benito Álvarez, se capturan instantes de devoción que hablan más que las palabras: la multitud silenciosa, los rostros humedecidos por la emoción, los gestos íntimos de amor hacia la Madre de la Hermandad. En estos tres días, Nervión ha ofrecido a su Virgen un tributo silencioso pero eterno, recordando que, incluso en la cotidianidad de la ciudad, la presencia de María de Consolación sigue sosteniendo los corazones de sus fieles con ternura infinita.


























