Galería | Un torrente de amor y emoción ante el dolor de la Madre de Dios

Este domingo 18 de mayo, la Hermandad de la Carretería ha ofrecido a sus hermanos y devotos la posibilidad de acercarse a la venerada imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad en un emotivo besamanos, celebrado en su sede canónica tras la finalización de la Santa Misa de las 11:00 horas y de forma ininterrumpida hasta las 20:30 h.

Numerosos fieles se han acercado a los pies de la dolorosa del Arenal para rendirle pleitesía, dejar una oración o simplemente contemplar el rostro implorante de la Madre. Entre los presentes, nuestro compañero Benito Álvarez acudió ante Ella para dejar testimonio gráfico de este acontecimiento con su cámara, recogiendo estampas de intensa devoción en una jornada marcada por el recogimiento y la emoción.

Una imagen para la contemplación y la oración

La Virgen del Mayor Dolor en su Soledad representa a la Madre de Jesús en el trance desgarrador de la Pasión y muerte de su Hijo, bajo una advocación inspirada probablemente en el texto bíblico: “Mirad y ved, si hay dolor semejante a mi dolor”.

Se trata de una talla de vestir en madera de cedro policromada, con una altura actual de 162 cm. Su rostro, de mirada implorante, se dirige hacia lo alto y ligeramente a la derecha. Sus ojos, pintados y barnizados para acentuar el efecto de las lágrimas, dejan caer seis gotas cristalinas, tres por cada mejilla. La imagen presenta también boca entreabierta, mostrando parte de los dientes superiores, orejas talladas y pestañas postizas.

Durante la estación de penitencia, la Virgen viste una saya azul oscuro de terciopelo bordada en oro, ceñida por cíngulo, con tocado y manto a juego, ricamente bordado según diseño de Julio Laguna. Esta prenda es una réplica del histórico manto estrenado en 1886, bordado en oro sobre terciopelo azul, perdido en el incendio de 1955. El manto original fue tan extraordinario que el diario “Sevilla” del 25 de abril de 1886 lo describía así: “Todo cuanto dijésemos resultaría poco: allí no se veía más que oro… parecía un torrente de oro que milagrosamente se presenta a nuestra vista estática”.

Remata su atuendo una antigua corona de plata sobredorada con imperiales, fechada en el siglo XVIII, de autor anónimo.

Una dolorosa con casi cuatro siglos de historia

Hoy día se acepta mayoritariamente que la imagen fue realizada por Alonso Álvarez Albarrán en 1629, tras el hallazgo del contrato original que lo confirma. En dicho documento, firmado el 12 de abril de ese año, la Hermandad encargó al escultor —apodado el Mozo— una dolorosa de siete cuartas de alto (unos 145 cm), en madera de cedro, con entrega fijada para finales de julio, por una retribución de cuatrocientos reales.

Este importante hallazgo documental no se produjo hasta 1932, cuando fue dado a conocer por Bago Quintanilla, confirmando así con rigor histórico la autoría de una de las tallas más veneradas del Viernes Santo sevillano.