Gracias, una vez más, a Martínez Cerrillo

Parece que el nivel artístico de Córdoba está cogiendo resonancia y nos estamos montando en el tren de hacer bien las cosas. Ya se demostró en la cuaresma de este año y el comienzo del curso cofrade nos dice, por ahora, que esta cuaresma habrá más y mejor. Da gusto entrar en una iglesia y que el altar de culto de una hermandad este razonablemente bien puesto. Aunque aún no son perfectos del todo por la falta de sintonía que coexiste en las distintas priostías de la ciudad. Pero bueno, eso tampoco lo hay ni en Sevilla, ni en la mayoría de hermandades. Será que aun no han tenido un libro de liturgia en la mano y no sabrán lo que significa cada cosa.

Porque si hablamos de cera, tiene que ser un conjunto armonioso, con un dibujo imponente pero no demasiado abultado, ya que eso provocaría en el espectador una deformación del mismo. Aunque también entraría en juego la famosa mayordomía, pues el prioste y el mayordomo deben de ir de la mano. Una cera bien pinchada y con unas alturas comedidas es suficiente en unos cultos. Ni mucho, ni poco, un término medio es lo más adecuado, siempre con la clara idea de que la que preside el culto es la sagrada imagen por lo que tampoco vale taparla con la cera o ponerla a la altura de su cabeza. Lo más alto deben de ser las manos.

Esto también se puede aplicar a un palio. Una cera demasiado alta como la que vivimos este pasado Miércoles Santo con la hermandad del Calvario queda verdaderamente inapropiada, ya que tapa casi por completo la imagen que tallara Antonio Castillo y Francisco Díaz. La entrecalle es otro de los apartados también importantes, una calle abierta como hace la Macarena es objeto de atracción a María. Aunque claro, si lo tapamos, poco vamos a ver. Una de las mejores candelerías , es sin duda la del palio de la Piedad de la hermandad del Prendimiento. En su justa medida. Y de la que se puede tomar un claro ejemplo de cómo se debe poner la cera.

Otro punto a destacar es la colocación del exorno floral. Debe de estar en concordancia con la cera. De nada vale que se pongan 300 cirios con dos jarritas de flores. Se vería escueto y a su vez cateto. El diseño de un altar de cultos tiene que respetar la importancia de la flor. Porque eso si, en Córdoba no tenemos ni idea de poner la flor, menos mal que tenemos a Pinsapo, Rafa Barón o Francisco Mira. Antiguamente las jarras se ponían sin ninguna precisión y arrojando la flor hacia adentro. Vamos, como un jarrón de una casa.

Fue en la década de los sesenta cuando Cerrillo, tras ver la Semana Santa de Sevilla -sí, Cerrillo iba a Sevilla a ver la Semana Santa- expone a las diversas cofradías lo que ha visto, ayudando así a montar la flor a la manera en que hoy en día se coloca. Menos mal que vino Cerrillo para salvarnos, una vez más. Pues sí, hoy en día no se le da relevancia a la flor, en ese camino aún nos queda mucho por andar. Muy pocas son las cofradías que respetan esto, aunque las hay. En el besapíes del Señor de la corporación de El Perdón se pudo ver plena concordancia en un altar bien montado.

Poco a poco, vamos olvidando los cochambrosos altares, nuestros queridos párrocos, aunque aún les cuesta, se van haciendo a la idea de que se han de montar grandes altares. Córdoba en este aspecto está creciendo y eso en parte me enorgullece. Pero claro, todavía nos queda que aprender. De todas formas, si no fuera por Cerrillo otro gallo cantaría. Gracias una vez más.