Evangelium Solis, 💙 Opinión

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre»

Una semana más llega a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis. Hoy es el ultimo domingo de Cuaresma, el próximo domingo será ya Domingo de Ramos. Hoy nos hablan de la entrega de Jesús, el centro de nuestra fe que la Pascua nos trae en apenas una semana, cumple las promesas de Dios. En su entrega, en su amor, se muestra el rostro, el nombre y la gloria de Dios. Padre, glorifica tu nombre.

Lectura del santo evangelio según San Juan:

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús».

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor.

En el Evangelio de hoy resuena ese “si el grano de trigo no muere…”. Qué feo es morir y que feo nos resulta todo lo relacionado con la muerte, incluso en esta sociedad en la que, en cierta medida, se ha convertido en algo quirúrjico, los muertos por COVID son un dato, el aborto y la eutanasia un derecho… Casi se queda uno sin palabras.

Sin embargo, en las puertas de la semana de Pasión, previa a la Semana Santa, no podemos prescindir de la realidad de Jesús, no podemos hacer una lectura parcial de su vida y quedarnos solo con el Jesús que anduvo en la mar, es preciso mirar a los ojos al Cristo traspasado, con el corazón abierto, para entender el misterio de la entrega, entender que para llegar a la luz, es necesario visitar el valle de las tinieblas, que para ver a Jesús, tenemos que quitarnos las anteojeras y observarle con detenimiento, y mirar traspasando las apariencias, descubriendo la profundidad de lo que se nos regala en aquel que elevado, atrae a todos hacia sí.

A veces medito sobre la soledad de Jesús, aquel “tengo sed” que tanto conmovió a la Madre Teresa, aquel tengo sed de la almas que a ella le urgía a entregarse a los más pobres entre los pobres, aquel desgarrado grito de Jesús, similar al que hoy nos presenta la carta a los Hebreos a mi me lleva a meditar sobre la profundad soledad e incomprensión que sufrió Jesús, como esa incomprensión sigue hoy presente, como tantas veces pasamos a su lado sin verlo, pendientes de mil detalles sin importancia, dejando de lado a aquel al que deseamos ver…

Pues sí Señor, quiero verte y que tu mirada transforme hasta el último rincón de mi alma. Sí Señor, como el ciego del camino, como los griegos del evangelio te pido un milagro para verte, para poder creer.

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