Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Hermandades de silencio… Silencio de hermandades

Los cirios vuelven a levantarse y eso nos indica que la procesión continúa. Un nazareno más dentro de su Hermandad. En la Hermandad a la que la vida ha llevado a cada uno. Ya sea por tradición familiar, por ser la de tu barrio, por amigos que te llevan, o por la devoción que nace en cada nazareno un día concreto al contemplar una Imagen, cuando menos lo esperas. Ese instante en que algo te golpea para siempre en el interior.

Siempre he podido distinguir un aire de curiosa superioridad en aquellos cofrades pertenecientes a las llamadas y reconocidas como Hermandades de Silencio. Como herederos de la más pura esencia de las cofradías de antaño, de los orígenes de los penitentes de otros siglos. Y hasta la aparición de las hermandades más «de bulla», eran las hermandades encargadas de mantener a salvo esa identidad y la corrección. O así se han sentido desde siempre. Paréntesis mental… ¿por qué no hay ni un caso de estas nuevas hermandades que van apareciendo en barrios que adopten este carácter de hermandad de silencio, optando más por grandes agrupaciones musicales y colores en los hábitos? Excepción hecha de la Hermandad Universitaria.

Esas esencias, esos orígenes a mantener, esa posesión de la verdad correcta no son cosas que se tengan porque sí y que se posean sin más. Hay que ganarse ese lugar de preeminencia que la antigüedad ha dado a esas corporaciones.

Y estos primeros días de enero, junto a los últimos días del pasado diciembre, nos han dado distintas oportunidades para tomar posiciones en varios temas polémicos y que afectan profundamente a las hermandades, si bien no de manera directa, sí de manera troncal.

Porque… en cuántas y cuántas ocasiones hemos podido tener la oportunidad de ver las reacciones de hermanos mayores, presidentes de agrupaciones y consejos, de cofrades de todo pelaje, ante cuestiones tan vitales para el cofrade medio (y sólo para nosotros) como suspensiones, coronaciones, atrasos de elecciones, propuestas más o menos acertadas de actos litúrgicos o sucedáneos de estaciones de penitencia. No hay trapo ante el que no se arranque desde lejos el cofrade de brazo apoyado en barra, cerveza en mano, y con la solución a todo lo que ocurre en nuestro universo cofrade. Y así lo refleja en sus redes sociales, anhelando el apoyo on line de su legión de seguidores, también on line, aportando opiniones, reclamaciones, quejas y/o descontentos con el tema del día.

Sin embargo, ante situaciones que trascienden algo más allá de su micro mundo de procesiones, restauraciones, estreno y contratos con bandas y capataces, las hermandades se convierten todas en Hermandades de Silencio.

Hermandades de un silencio profundo, doloroso y que dejan vacía a la defensa de nuestra fe ante todos los que la atacan. Hermandades de silencio o Hermandades de Perfil (de perfil bajo, claro) expertas en adoptar esta postura cuando les toca pronunciarse, mojarse, ante noticias y actos que no pueden dejarnos callados como corderos, que ven cómo son llevados al matadero y no hacen nada.

Siempre me he preguntado por qué salen tan gratuitos los ataques a la Fe Católica. Por qué siguen repitiéndose con tanta frecuencia. Y a veces encuentro la respuesta en este hecho: el católico individual no tiene fuerza. No tenemos metido en nuestra conciencia ese carácter o esa identidad de lobo solitario que hay en otras creencias y que hace tomar decisiones individuales en defensa de su fe, sin importar nada las consecuencias.

El cristiano es más comunitario. Desde siempre hemos vivido en comunidades, desde las primeras paleocristianas, hasta las actuales hermandades y cofradías. Pues no olvidemos que las hermandades tienen esa finalidad: la de vivir hoy nuestra Fe en comunidad.

Pero si ni tan siquiera vemos reacciones ni la adopción de posturas ante los ataques a nuestros principios, a nuestros símbolos, a nuestras creencias por parte de esas comunidades llamadas Hermandades, ni por quienes están al frente de ellas, ¿cómo luego podrán pedirnos que reaccionemos, que participemos, que nos sintamos parte de algo? ¿cómo pueden querer que calen mensajes del tipo «te necesitamos para seguir…» ante cualquier proyecto material que una hermandad quiera llevar a cabo?

Primero fue el ansia de expropiación de la Catedral por parte del Estado, después la Ley de Educación que ataca de manera directa a la educación religiosa en nuestros colegios; la Ley de Eutanasia, atentando contra el bien más valioso que Dios nos dio, como es la vida. Y ahora una persona, con el poder que le otorgan las leyes por un periodo de tiempo mínimo y ridículo ante la Historia, toma decisiones contra unas pobres monjas y contra el símbolo por excelencia de los cristianos, por el que desde hace veinte siglos nos identifican en todo el mundo; decisiones muy por encima de lo que ese personaje va a suponer en la vida de quienes le rodean.

Y aún así, Silencio. Oscuridad. Cabezas escondidas en un agujero. Algunas honrosísimas excepciones, como siempre. Pero muchas de otras ciudades antes que de nuestra tierra.

Repito lo que dije la semana pasada. Luego no querremos llantos. Pero los hechos no tienen marcha atrás. Y no es que estemos dejando que nos coman terreno. Es que prácticamente no hay terreno ya que defender.

Todo esto demuestra una de las mayores carencias de las Hermandades de hoy: la formación cristiana y los valores que nos han identificado a lo largo de la Historia.

Si la gente sólo ve en nosotros bordados, estrenos, platas y piedras… y luchas intestinas, les estamos dando toda la carnaza para que nos coman.

Tomen nota las Hermandades… hasta la próxima bofetada.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup