Galerias, Sevilla

Humilde Rey de los Cielos

La hermandad de los Dolores del Cerro culmina los cultos en honor de Nuestro Padre Jesús de la Humildad con la veneración en su honor, a la que han acudido fieles y devotos para rendir pleitesía a la impresionante imagen de Juan Manuel Miñarro López. En su presencia ha estado a nuestro compañero Benito Álvarez para dejar testimonio gráfico del acontecimiento.

La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad representa al Señor cargando con la Cruz al hombro, seguidora del extendido modelo iconográfico con el que, a lo largo de los siglos, se ha representado al Divino Nazareno. Fue realizada en los años 2003-2004 por Juan Manuel Miñarro López, profesor de Escultura de la Universidad de Sevilla. De talla completa, ha sido realizada en madera de cedro y presenta una altura de 1,83 m.

Aunque sigue las líneas estéticas e iconográficas del barroco, la talla, de extraordinaria factura artística, presenta asimismo significativas novedades estilísticas. Según el autor, fue fuente de inspiración para su ejecución el tratamiento que de este modelo iconográfico desarrolla el pintor italiano Sebastiano Luciani el Piombo (1485-1537), concretamente su obra «Cristo con la Cruz», fechada en 1535 (Museo del Prado. Madrid). Con ella alcanzó su cenit este artista veneciano del Cinquecento, de decisiva influencia en el Renacimiento español, siendo el modelo iconográfico que figura en ella ampliamente repetido con posterioridad.

En la imagen también ha plasmado el autor el resultado de sus diversos y amplios estudios sobre la Sábana Santa de Turín, realizados en el seno del Instituto de Sindonología. Así, la disposición de las heridas del rostro coincide sustancialmente con las que presenta el rostro de la Síndone. También en el tratamiento del cabello podemos apreciar la influencia de estos estudios. Afirma su autor que esta quizás sea su característica más importante porque «si algo define a la iconografía cristífera en Sevilla en los autores desde el siglo XVI al XVIII es la forma de mover los cabellos; […] este Nazareno es distinto en la forma de situar las esquejas del cabello, distinta de la de cualquier otro Cristo de Sevilla; […].

Incluso libera el pabellón auditivo derecho que siempre suele estar cubierto, y al mismo tiempo la parte trasera de la melena se recoge en una cola; que responde a una primera idea evidentemente inspirada en la Sábana Santa de Turín, pero a su vez responde también a un argumento histórico: Jesús era un rabí y los rabinos se recogían el pelo en dos pequeñas colas delanteras y una trasera que es la que la imagen refleja. […].

También el tratamiento de la barba es distinto. Se aparta de la barba bífida, para pasar a una barba cuatrilobulada como la del hombre de la Síndone; igualmente otros rasgos como el alargamiento del módulo facial, o el tramo de nariz a boca, no es reflejo del patrón que hasta ahora se venía siguiendo que podemos considerarlo bastante idealizado».

Por otro lado, la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad no presenta al Señor encorvado hacia delante y con la mirada baja sino que, cargando con la cruz sobre el hombro derecho, presenta un acentuado giro del tronco y la cabeza de Jesús hacia el lado izquierdo, lo que provoca un dinámico contrapposto. Ello hace que la sagrada efigie, gracias además al minucioso tratamiento de la musculatura del cuello, presente una excelente intensidad dramática que se acentúa más aún, si cabe, al cruzar su mirada con la del fiel que lo contemple desde tal ángulo de visión. El estudio realizado por el escultor sobre el movimiento es así sobresaliente, quedando patente además de por la detallada anatomización del cuello, por la de las piernas y la espalda.

También se desarrolla en la talla un acentuado estudio anatómico del «equilibrio, el movimiento y el funcionamiento de las articulaciones y la anatomía humana cuando un hombre se ve sometido al esfuerzo de cargar con un madero que podría pesar unos sesenta kilos». 2 La cruz que porta el Redentor es plana, no arbórea, y al hacerlo sobre el hombro derecho retoma el modelo original del tema religioso representado, ya que «precisamente Sebastiano del Piombo incide mucho en esa iconografía».

Además, «quiere entroncar así con las primeras representaciones de Jesús con la cruz a cuestas, con el origen de la iconografía de los Nazarenos… Esta cruz plana era frecuente en la pintura, e incluso en la imaginería hasta que en el Barroco se comienzan a sustituir por cruces arbóreas, y se eliminan prácticamente las otras.»

En definitiva, aunque en general sigue un modelo que responde al del Nazareno barroco sevillano, se aparta de la reiteración de los principales recursos y aspectos estéticos seguidos tradicionalmente en la imaginería de nuestra ciudad y todavía imperantes, introduciendo, como se ha expuesto, importantes novedades siempre respetuosas con la unción sagrada propia de una imagen del Señor.