El viejo costal, 💙 Opinión

Interminable espera…

En la misma mañana del domingo, día de la Asunción de María me vi obligado a desplazarme al lejano barrio de Santa Cruz de Córdoba, donde pretendía asistir al sepelio de alguien relacionado con mi familia, no familiar directo, pero si alguien muy apreciado por las personas que normalmente me rodean.

Y como a veces sucede, en la misma puerta de la iglesia, coincidí con mi perenne y mejor fijador Jesús, compañero de fatigas, y de buenos ratos, junto a Paco, mi Paquito, otro grande de los claustros de las gualdrapas, y como no podía ser de otra forma la conversación a los pocos minutos de iniciarse giró al clásico ¿tú crees que el año que viene…?.

Jesús, que es de espíritu, y por nacimiento, sevillano, apuntillaba con más dolor que desprecio, que “se nos está pasando el tiempo”, Paco, muy en su línea de senequista cordobés, solo miraba y en los ojos se denotaba la tristeza de haberlo dejado ya atrás, pero en el brillo se adivinaba una inmensas ganas de salir, de su necesidad de cultos en las calles, no en balde, cuando se quitó el costal por razones de edad, continuó participando como miembro de una reconocida banda musical de nuestra ciudad.

La verdad yo no sabía a donde decantar mi idea, ya que queriendo a los dos, y por la tremenda amistad que nos une, me manifesté con toda la sinceridad que ellos se merecen, dolorosa sinceridad que me obligó a decir “creo que este año tampoco” y en silencio, bajo el peso de la calor reinante al medio día del día quince de agosto y como si fuese una de esas chicotas malas, de esas que te hunden, que te aploman soldando tus pies al suelo y dificultando poder dominar el peso en la cerviz, de las que nunca se acaban, continuamos calle abajo, y Jesús a mi lado, sabiendo de como sufrían los corazones de Paco y mío, cambio de tercio diciendo “hay que ver la calor que hace, anda échate para la sombra que no veas como pega el Lorenzo”, hablamos sobre la familia, sobre los amigos, y del Betis, otro de los defectos de mi hermano Jesús.

Llegado el momento de la despedida, Paco con un “hasta luego señores” y rodeado de su silencio marchó calle abajo, y antes de montar en el auto y marchar, Jesús y yo nos fundimos en un abrazo, y reconfortado al estar al lado de quien tanto trabajó junto a mi, volvió a repetirme una vez más “se nos está pasando el tiempo” y sin decirlo recordé “… una vez posado el paso, la chicotá que viene es como si fuese la primera” y así dejé la calle larga del barrio de Santa Cruz, y me encaminé atravesando la campiña de Córdoba a mi retiro, pensando en las ganas que tengo y en que se me está pasando el tiempo, que cuando arranque lo hemos de hacer como si fuese otra vez la primera, la primera chicotá de muchas que han de venir, y con una sonrisa liviana pensé entre el dolor que sentía ¿Quién me devuelve las chicotás que me faltan?, seguramente nadie, pues nada paciencia…

Así, solo esperando el final de esta interminable espera, regresaba a casa con mal sabor de boca.

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