José Antonio Fernández Cabrero analiza en profundidad la restauración de la Esperanza Macarena en La Pasión de 7TV

En una entrevista en La Pasión de 7TV, dirigida por Víctor García-Rayo, José Antonio Fernández Cabrero, hermano mayor de la Hermandad de la Macarena, abordó con una sinceridad absoluta la compleja situación que ha marcado su mandato y que ha generado una notable expectación entre los macarenos y la ciudad de Sevilla. El programa, que comenzó en directo, se convirtió en un espacio de reflexión, emoción y análisis minucioso sobre los hechos recientes relacionados con la restauración de la dolorosa.

Fernández Cabrero afirmó que la ciudad “lo que quiere es a su madre; todo se resume en eso. Queremos que las cosas se hagan bien, porque no queremos ver sufrir a nuestra madre. Esto no es egoísmo; es esperanza. Sevilla no entiende la vida si no es a través de los ojos de nuestra madre, los ojos de la Esperanza”. Con estas palabras abrió una conversación profunda sobre su responsabilidad al frente de la hermandad y el impacto de los acontecimientos en los hermanos.

El hermano mayor reconoció su malestar personal, describiéndose “mal, tirando a empeorar, pero esperanzado en la restauración de la Esperanza”. En cuanto a los errores que podrían haberse cometido, Cabrero subrayó: “Siempre se pueden hacer mejor las cosas; hay una responsabilidad de la junta de gobierno, no una culpabilidad. Hubo falta de vigilancia, y aunque estuvimos presentes 24 horas, quizá no con toda la atención que requería la situación”.

Sobre los primeros indicios de daño en la imagen de la Virgen, explicó que los oficiales de junta no advirtieron inmediatamente la gravedad del problema. “Al principio vimos algo extraño en las pestañas, pero no con la rotundidad que se percibió después. La percepción de daño se fue confirmando con el paso de las horas”, detalló, asegurando que él mismo permaneció toda la noche junto a las Hermanitas de la Cruz durante la intervención.

Fernández Cabrero aclaró el papel del profesor Arquillo, encargado de la restauración desde 1978: “Siempre estuvo presente durante todo el proceso. Las decisiones sobre las pestañas se tomaron de acuerdo con la junta y con su consentimiento, aunque no quedaron bien. Inicialmente no se percibió el daño real; fue progresivamente que nos dimos cuenta de la gravedad”.

Respecto a la decisión de mostrar la Virgen al público a pesar de las anomalías, el hermano mayor enfatizó que “no fue por presiones externas ni por circunstancias ajenas. Lo hicimos como un acto de transparencia y comunicación con los hermanos, para que pudieran observar la situación directamente. La prioridad fue informar de manera clara y honesta”.

La gestión de la junta de gobierno se puso a prueba en la coordinación de especialistas y en la toma de decisiones bajo presión: “En menos de 15 días, la Virgen fue tratada en el IAPH y en el CNA, con absoluta escrupulosidad. La restauración avanza con rapidez, pero siempre con diligencia y prudencia, asegurando la máxima reversibilidad del daño”.

Fernández Cabrero también abordó el impacto emocional de estos acontecimientos sobre la hermandad: “Somos conscientes del sufrimiento causado a los hermanos. Nos ponemos en su lugar, comprendemos la protesta y las críticas. Es un dolor que asumimos como parte de nuestra responsabilidad”. Confesó haber llorado en momentos de extrema tensión, aunque nunca delante de la Virgen, respetando su simbología y devoción.

Sobre la polémica generada en redes y los bulos sobre su presencia debido a la enfermedad de su esposa, Cabrero fue tajante: “Es falso que me haya ausentado. Estuve siempre en la basílica, salvo unas horas coincidiendo con el hospital, y fui el último en marcharme la primera noche. La situación más dura de mi vida se dio por la combinación de estos dos hechos, pero mi deber era estar al frente de la hermandad”.

En cuanto al cabildo extraordinario que se celebró para tratar la restauración, el hermano mayor señaló la magnitud de la situación: “Enfrentarse a 1.800 hermanos no es sencillo. La organización y la ubicación de cada uno fue una tarea titánica. El cabildo aprobó con un 67% de los votos la restauración inmediata de la Virgen, confirmando la necesidad de actuar con rapidez y precisión”.

Sobre la reversibilidad del daño, Fernández Cabrero transmitió un mensaje de esperanza: “Según los dictámenes técnicos del IAPH, del CNA y del experto Pedro Manzano, la imagen puede volver a su estado original. La restauración avanza a buen ritmo y es un objetivo alcanzable”.

El hermano mayor también reflexionó sobre los sentimientos de traición, desilusión y soledad que vivió en este proceso: “He sentido la traición y el abandono de algunos, pero la mayoría de los hermanos ha mostrado comprensión y apoyo. Mi fuerza la he sacado de la oración, del sagrario, y de la fe en que la Virgen no me dejará solo”.

Finalmente, Cabrero abordó la gestión interna y la atención al hermano: “Mi despacho siempre ha estado abierto. Todos los hermanos han tenido acceso, salvo aquellos que prefirieron comunicarse por redes sociales. La transparencia y la disponibilidad son fundamentales para mantener el vínculo con los devotos”.

Sobre la protección de otras imágenes de la hermandad, indicó que se han implementado sistemas de prevención y análisis para asegurar el estado del Señor de la Sentencia y de la Virgen del Rosario, siguiendo los procedimientos establecidos en el caso de la Esperanza.

La entrevista concluyó con un mensaje de fortaleza y resiliencia: “La restauración de la Virgen y la sanación de los corazones macarenos son objetivos paralelos e inseparables. El tiempo pondrá todo en su lugar, pero ya hemos iniciado un camino irreversible de recuperación y esperanza”.