La Hermandad de Los Panaderos ha hecho pública la carta de despedida de José de Cristóbal González, quien ha ejercido como presidente de la Junta Rectora y comisionado de la corporación, poniendo así punto final a una etapa de gestión marcada por el carácter transitorio de su nombramiento y por el objetivo declarado de devolver la normalidad institucional a la hermandad. El escrito ha sido puesto a disposición de hermanos y devotos como testimonio íntegro de su salida.
En el documento, el propio José de Cristóbal ha presentado su despedida como un ejercicio de reflexión personal, espiritual y organizativa, articulado en torno a la idea de la reconciliación entre hermanos, el servicio a la Iglesia de Sevilla y la vivencia interna de la hermandad durante el periodo de intervención.
Una carta marcada por la cita del Papa León XIV y el eje de la fraternidad cristiana
El texto se abre con una cita atribuida al Papa León XIV: “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, pronunciada, según recoge la carta, en su homilía de la misa celebrada en la plaza de Cibeles de Madrid el pasado 7 de junio, ante más de un millón de fieles asistentes.
El autor subraya que estas palabras deben ser, a su juicio, “inscritas en lápida y grabadas en la memoria”, al considerarlas síntesis de la verdad que debe presidir las relaciones dentro de cualquier corporación eclesial, especialmente en el seno de una hermandad, donde la convivencia entre hermanos constituye el núcleo de su vida espiritual y organizativa.
Llegada a la Hermandad y labor de continuidad institucional
José de Cristóbal recuerda que su incorporación a la hermandad se produjo a finales de febrero del año anterior, por encargo de la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, con el único propósito de prestar un servicio a la Iglesia de Sevilla y a sus corporaciones penitenciales.
Desde su llegada, ha explicado que su intención fue garantizar la continuidad de la vida ordinaria de la hermandad, manteniendo los cultos, la estación de penitencia del Miércoles Santo, la conservación de las Sagradas Imágenes, el mantenimiento de los enseres, el cuidado de la capilla y la actividad caritativa, evitando cualquier alteración en el funcionamiento cotidiano de la corporación pese a la existencia de la Junta Rectora.
En este sentido, ha defendido que dicha labor debía entenderse como una etapa transitoria orientada a la normalización progresiva de la gestión por parte de los propios hermanos, a través de una futura junta de gobierno plenamente constituida.
Convivencia interna, tensiones superadas y experiencia personal
El exresponsable ha descrito la existencia de un grupo amplio de hermanos especialmente preocupados por la situación de la hermandad y dispuestos a colaborar para superar el periodo de incertidumbre. En su relato ha señalado que muchos de ellos mantenían desencuentros previos e incluso ausencia de relación personal, pero aun así mostraron voluntad de trabajo común.
En este contexto, ha expresado su satisfacción personal por haber podido establecer lazos de amistad con hermanos de perfiles diversos, subrayando la riqueza humana encontrada en la corporación y la diversidad de sensibilidades existentes en su seno.
Asimismo, ha insistido en que en la hermandad existen “muy buenas personas”, distribuidas por todos los ámbitos de la institución, rechazando cualquier lectura excluyente sobre la valoración de los hermanos y apelando a la unidad como principio fundamental.
Aclaraciones, disculpas y criterios de trabajo en la Junta Rectora
En otro tramo de la carta, José de Cristóbal ha precisado que su criterio para la selección de colaboradores en la Junta Rectora se basó exclusivamente en la búsqueda de personas eficaces para la misión encomendada, con espíritu de colaboración y entrega a la hermandad. Ha indicado que algunos eran conocidos previamente, otros fueron seleccionados a partir de referencias y otros por su desempeño dentro de la propia corporación.
Ha afirmado estar “enormemente satisfecho” con el trabajo y la fidelidad de todos ellos, destacando las numerosas horas dedicadas a la hermandad, muchas de ellas en detrimento del tiempo familiar o de descanso, en jornadas que se prolongaban hasta la madrugada o en días festivos.
Del mismo modo, ha hecho extensivo su agradecimiento a los colaboradores nombrados por cada miembro del equipo, subrayando la plena libertad con la que se configuraron las estructuras auxiliares de trabajo.
Reconocimientos a equipos, servicios y agentes de la hermandad
La carta dedica un amplio apartado a los agradecimientos a los capataces y auxiliares, a las cuadrillas de costaleros, a quienes califica como “de las mejores de Sevilla”, así como a las camareras, al vestidor, descrito como magnífico profesional y excelente persona, y a los acólitos, a los que reconoce un “auténtico nivel”.
También ha expresado su gratitud a Jesús, el capiller, a quien define como hombre fiel y honrado, con una colaboración constante en el desarrollo de la vida de la hermandad.
Asimismo, ha agradecido la labor de la Comisión Consultiva, destacando su colaboración desde la experiencia, en ocasiones distinta o distante, pero siempre sincera y orientada al bien de la corporación.
En el plano eclesial, ha mostrado su reconocimiento al director espiritual, con quien ha mantenido una relación de respeto mutuo y colaboración permanente, así como al párroco Francisco de los Reyes, a quien ha agradecido su cercanía y disposición constante para con la hermandad.
Agradecimientos personales y figuras de especial relevancia
De manera especial, ha dedicado un reconocimiento a su adjunto y amigo José Luis Pérez, de quien ha afirmado no tener palabras suficientes para expresar su gratitud por su entrega, dedicación y trabajo continuo. Ha subrayado que su labor ha sido constante, discreta y de enorme valor para el funcionamiento interno de la corporación.
También ha mencionado a Marcelino Manzano y Miguel Vázquez, agradeciendo la confianza depositada en su persona y el apoyo recibido durante toda su etapa, destacando el amor compartido por las hermandades y su papel como motor de la Iglesia de Sevilla.
Momentos de dolor: fallecimientos y duelo en la hermandad
En su despedida, José de Cristóbal ha recordado dos momentos especialmente dolorosos durante su gestión. El primero, el fallecimiento del hermano número uno, José Luis Jiménez, a quien definió como un cofrade de mirada sincera, con quien mantuvo una conexión breve pero significativa, y cuya pérdida vivió como un episodio injusto dentro del contexto que atravesaba la hermandad.
El segundo, la muerte de Manolo García Tejada, a quien conoció más profundamente y con quien compartía vínculos personales y familiares indirectos. Ha destacado de él su capacidad para la amistad basada en la sinceridad, su buen corazón y su actitud constructiva, incluso en la discrepancia.
Ambos han sido encomendados a la protección de la Santísima Virgen de Regla Coronada, a la que la carta atribuye el consuelo y la acogida de sus almas, junto al amparo de sus familias.
Disculpas, reiteraciones y cierre espiritual del mandato
El autor ha pedido disculpas por posibles olvidos en la mención de personas o situaciones, insistiendo en que nunca ha sido su intención excluir a nadie. Esta petición de perdón se repite en varios pasajes del documento, en los que reconoce la posibilidad de haber generado desencuentros con algunos hermanos, atribuyéndolo a la complejidad de determinadas circunstancias.
Asimismo, ha reiterado en distintos puntos su sensación de posible omisión de personas y su voluntad de rectificar cualquier perjuicio causado, insistiendo en la sinceridad de su actitud.
Balance final y despedida tras 26 años de experiencia cofrade
José de Cristóbal ha reconocido que se marcha con la insatisfacción de no haber conseguido la estabilización plena de la hermandad, responsabilidad que asume de forma personal, señalando que confió en su experiencia de veintiséis años en juntas de gobierno, aunque finalmente no se alcanzó el objetivo previsto.
Ha afirmado despedirse sin rencor, manteniendo respeto hacia todos los hermanos, reconociendo afinidades personales diversas y dejando su mano y palabra “tendidas” hacia la corporación. Ha insistido en que siempre ha actuado con transparencia y que su relación con los hermanos ha estado marcada por la sinceridad.
En su reflexión final, ha animado a continuar el trabajo en la hermandad, recordando que no sobra nadie en su seno, salvo quienes no comprendan el sentido de pertenencia a una institución de la Iglesia.
Reflexión final y cita de San Juan Pablo II
La carta concluye retomando el tono espiritual inicial con una cita de San Juan Pablo II: “El hombre que perdona o que pide perdón comprende que hay una verdad más grande que él”, con la que enmarca su despedida definitiva.
El documento cierra así una etapa de gestión extraordinaria en la Hermandad de Los Panaderos, caracterizada por la administración transitoria de la corporación y por un extenso balance personal, humano y espiritual que queda ahora a disposición de los hermanos y devotos.





