El escultor Juan Alberto Pérez Rojas nos presenta esta escultura de la Virgen María dolorosa que supone una evolución en el hacer que el autor ha venido desarrollando hasta ahora en esta topología iconográfica.
La Virgen Dolorosa en la escultura barroca es una representación muy emotiva y dramática que refleja el estilo artístico de la época, caracterizado por su realismo y su capacidad para transmitir emociones intensas. Durante el periodo barroco, que abarcó aproximadamente desde el comienzo del siglo XVII hasta bien entrado el siglo XVIII, la escultura religiosa se convirtió en un medio poderoso para comunicar la espiritualidad y el sufrimiento, un vehículo catequético fundamental para instruir a los fieles en los misterios de la vida del Señor, la santísima Virgen María y los santos. La representación de la Virgen Dolorosa también estuvo influenciada por la Contrarreforma, que buscaba reforzar la devoción y la espiritualidad en la Iglesia Católica frente a la ruptura de Lutero. Las imágenes de la Virgen Dolorosa se convirtieron en herramientas para fomentar la piedad y la reflexión sobre el sacrificio de Cristo en la cruz.
A la hora de componer la imagen que nos ocupa, el escultor ha recogido algunos de los aspectos más destacados de la escultura barroca española que fueron determinantes para marcar el canon sobre el que distintos autores fueron trabajando a lo largo de los siglos, a saber:
Expresión emocional: en la composición el óvalo facial, el artista ha ponderado la consulta del natural para otorgar mayor realismo en el tratamiento anatómico, un profundo dolor y tristeza, capturando la angustia de María al perder a su hijo. Esta capacidad de transmitir emociones es una de las características más distintivas del arte barroco.
Detalles realistas: el empleo de postizos naturales, en nuestro caso, pestañas y lágrimas de cristal fundido, junto con gran atención a los detalles como la blandura del rostro. Esto se traduce en una representación más humana y cercana de la Virgen, lo que permite a los fieles conectar emocionalmente con la figura representada.
Posturas dramáticas: en nuestro caso, la imagen inclina la cabeza hacia su izquierda, mostrando su dolor entornando sus ojos, de cristal, sobre los que se derraman tres lágrimas. Las manos, de exquisito modelado y blandura, enfatizan el sufrimiento que siente.
Emocionalidad y realismo: La policromía aplicada contribuye de manera especial a transmitir emociones intensas. El rostro de la figura, con sus matices de color, refleja tristeza, dolor contenido y sufrimiento. La forma en que ha aplicado la policromía parte de la observación de la tradición, jugando con claros y oscuros para dar volumen y profundidad al rostro, lo que aumentaba su impacto visual.
En definitiva, nos encontramos con una escultura de la Virgen María Dolorosa que recoge lo mejor de la tradición imaginera sevillana y lo acrisola en esta representación llamada a mover a la devoción y servir de vínculo trascendente de todo aquel que la contemple.










