La tarde primaveral de este quinto sábado de Cuaresma ha sido testigo del magnífico Pregón de la Semana Santa de Córdoba de 2024, pronunciado por Juan José Primo Jurado, quien desde el metafórico púlpito del Gran Teatro ha fundido en un único latido el pulso de todos los corazones de los cofrades de nuestra ciudad.
Córdoba, se ha rendido ante las palabras de Primo Jurado, nacido en Córdoba en 1961, hombre comprometido con su fe y hermano de las Hermandades de la Expiración, de Linares y de la Sentencia; doctorado en Historia, licenciado en Filosofía y Letras, diplomado en Magisterio y actual director del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), con un largo e importante currículum a sus espaldas, que ha puesto toda su capacidad y sabiduría para concebir el perfecto anuncio de lo que está a punto de acontecer, «la pieza oratoria más importante que un cordobés creyente puede realizar en su vida» y en el convencimiento de que, en el pregón de Semana Santa, son «Córdoba y su Semana Santa las protagonistas, no el pregonero«.
En su armoniosa disertación, se ha paseado plácidamente por las calles y plazas de nuestra ciudad, encontrando en cada destacado punto a las distintas hermandades, materializando una ruta cofrade, como el pregonero adelantó a Gente de Paz; pregón de cercanía a nuestros rincones más preciados, a los puntos siempre soñados por los cofrades de la ciudad de San Rafael. También nos ha acercado a personajes significativos para nuestra ciudad y para el mundo cristiano, creando con facilidad similitudes que difícilmente podrían ser imaginadas, un buen equilibrio entre la historia y la Historia (con mayúsculas), siempre cercano a nuestras raíces, a nuestro río, a nuestros barrios:
“Y seguimos hablando del obispo fray Albino, ahora que damos un gran salto y cruzamos el río Guadalquivir y nos vamos a la Córdoba meridional. En el extremo sur de la Córdoba de entonces, el prelado alzó el barrio que lleva su nombre y sobre un cerro, una iglesia, Jesús Divino Obrero. Córdoba la llana tiene dos Montes Calvarios, el Naranjo donde agoniza Jesús y el Cerro, donde Jesús nos regala su Amor. El Cristo del Amor, bellísima talla del XVI, avanza con toda su sobriedad en su humanidad crucificada por tres rosas de oro. Se refleja su silueta sobre las aguas del Guadalquivir como un símbolo de nuestros reflejos sobre el río de la vida. Cruza los 16 arcos del Puente Romano llevando en sus colores blanco y negro y en los escudos de sus estandartes, la memoria de su fundador, el obispo dominico que cambió Córdoba”.
Cercanía y una buena visión, conocedor de la idiosincrasia de muchas de nuestras cofradías, de muchos de nuestros rincones favoritos, un paseo suave sobre lo ya vivido, sobre lo de sobra conocido, sobre sonidos de nuestra ciudad muchas veces olvidados, lo que siempre por ser igual es cada vez distinto, barrio a barrio, plazuela a plazuela, nos deja viajar por nuestro recuerdo como si de un sueño se tratase:
“Saldrá Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto de San Francisco, con su mirada que asciende a las alturas y se pierde en la noche cordobesa. La cofradía convierte el paso en un cuidado paisaje agreste lleno de aromas y el ángel, con el cáliz de la Pasión en la mano, atrae con fuerza la atención de la multitud. Dice Pablo García Baena de este Jesús: “Alta la mirada, acepta el mandato: No se haga mi voluntad. Parece oírse en la noche del Huerto el rumor cercano del Cedrón o sólo es el agua que derrama la fuente de la calle de la Feria”. “Si es posible, pase de mí este cáliz” dijo Jesús hace dos mil años; “Si es posible, pase de nosotros este cáliz”, gritan hoy los nunca queridos, los abandonados y maltratados. Pero hay que apurar el cáliz hasta las heces para seguir redimiendo… Cuando regresa a su templo, hay en el cielo de Córdoba como un sudor de sangre”.
La sobriedad con sobriedad se proclama y así nos ha mostrado inapreciables detalles por muchos olvidados, nuestros templos, nuestra iconografía son la sencillez de quien conoce bien la ciudad y sus templos:
“No concluimos nuestro paseo por la Ajerquía por casualidad en San Pablo. Aquí su rosetón da luz al último suspiro del Cristo de la Expiración. Aquí su rosetón da luz a una madre dolorosa que implorante llora en silencio y en sus manos guarda las cuentas del Rosario por su hijo que está muriendo. Aquí su rosetón da luz a sus cofrades de túnicas negras y cinturón de esparto. Aquí su rosetón da luz a una hermandad centenaria que hice mía. Y aquí, a las tres de la tarde, cuando puntual toca su carrillón, entre sus naves resuenan los versos de Ricardo Molina…”
Nuestras plazas y rincones, en las palabras de Juan José Primo, se han vuelto elementos necesarios a modo de contenedor de nuestras pasiones, dejando entrever detalles de quien bien sabe mirar y conoce en profundidad lo que mira:
“La Paz electriza, emociona, pone de puntillas el alma, hace brillar las miradas, eleva, sublima, comunica a las aceras repletas de personas, no sólo la belleza de su paso, sino la tranquilidad de su mirada. ¿No será ese rostro de anhelos infinitos lo que hace vibrar a Córdoba cuando pasa por sus calles la Paloma de Capuchinos? ¿No será la serenidad acogedora de esta imagen la que hace que toda la ciudad se acerque a ella en oleadas de entregas y de aplausos?”.
Regaló en su disertación el conocimiento popular y tradicional de nuestras iconografías, mostrando con sencillez el amor de nuestra ciudad a cada uno de sus titulares, con un buen fundamento histórico de nuestras tradiciones y anhelos:
“Desde 1719 la Virgen de los Dolores nos espera en su iglesia hospital de San Jacinto, “casa de nuestros mayores”, como dice su Salve, compuesta por Jesús Cabrera. No pasa la Virgen de los Dolores por las calles de Córdoba, sino que pasea más bien en su trono invisible de cariño por el corazón de la ciudad, tal y como le cantaba Pablo García Baena. La Virgen de los Dolores parece aspirar todo el aroma de la Semana Santa de Córdoba… o todo el dolor de los cordobeses para convertirlo en aroma de gozos y esperanzas, mientras cae el manto de la Señora de Córdoba en los corazones anhelantes”.
La sinceridad de su prosa, las sencillas descripciones, han hecho que su pregón sea un pregón cercano tanto a los cofrades como al público en general, demostrando que la simplicidad es a veces la mejor y justa medida de lo que vemos, que siendo sencillo es tan complicado de expresar y que el pregonero ha resuelto muchas veces, y con mucha habilidad a lo largo de su pregón:
“Y tuvo que ser en Córdoba, ciudad de San Álvaro, donde el Vía Crucis sale a hombros de una hermandad que le sostiene en sus brazos y en su corazón. Desfila el Cristo de la Salud con austeridad penitencial, con caminantes esforzados que hacen las veces de costaleros. Avanza a pie de calle, solitario y próximo… la imagen más cercana de la Semana Santa cordobesa. Hondo silencio en la cal de las callejas y en la noche del casco histórico, con el único sonido de cuatro tambores roncos. Las casas de la Judería se estremecen por dentro cuando sienten en sus aceras el roce de la cruz… “.
Dejó una estampa familiar en uno de sus versos, envueltos en ese peculiar amor que sentimos por nuestra familia y por nuestra cofradía todos los cofrades:
“Y será por San Nicolás,
donde descubra tu mirada
de silencio, amor y verdad
por tus manos maniatadas.
Y por Barroso y Saravia
será el lugar donde encontrar
esa justicia obligada
que Pilatos quiere obviar.
Y será otro Lunes Santo
donde, junto a mis hijos,
disponga el burdeos, blanco
y ese cíngulo ceñido,
toga que gustoso visto
para hacer mi alegato
ante un tribunal fallido
que su sentencia ha fallado”.
Ante su disertación podemos manifestar que ha sido un auténtico pregón, ni homilía ni clase de historia, ha sido un buen pregón regalado a nuestra amada ciudad de Córdoba, «una ciudad con personalidad propia de la que merece la pena enamorarse y por la que vale la pena pelear”. Un pregón entregado a todas nuestras cofradías, un buen anuncio de nuestra Semana Santa. Decía Primo Jurado, en la entrevista concedida a este medio que «un pregón no debe ser ni conferencia ni sermón, tal y como advierten los manuales clásicos. Un pregón es un anuncio de una fiesta y debe contener noticia (llega la Semana Santa a nuestros templos, nuestras calles y nuestros corazones), mensaje (celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo a través de las imágenes como medianeras entre la humanidad y la divinidad) y literatura (cantar y contar el bellísimo patrimonio material y devocional de las hermandades cordobesas y las calles en las que realizan estación de penitencia)». Y a fe que lo ha logrado.
Muchas gracias, D. Juan José, por su excelente pregón de nuestra Semana Santa 2024. Córdoba se lo agradece, y los cofrades, también.













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