Juan Miguel Martín Mena ilustra el 50 aniversario de la llegada de Nuestro Padre Jesús Cautivo al barrio de la Blanca Paloma de Coria del Río

La obra está realizada en técnica mixta sobre papel de algodón encolado a tabla

Martín Mena ha sido el encargado de realizar el cartel conmemorativo de la llegada del Cautivo hace ahora cincuenta años hasta Coria del Río. La composición mide un metro de alto por 70 de ancho, usando bolígrafo y acrílico.

De la composición destaca el uso del color rojo, convirtiéndose esta tonalidad en la protagonista de toda la obra, elemento clave para captar la atención del espectador en tan solo una mirada. Dos elementos centrales se convierten en el eje del cartel, haciendo que el observador recorra la composición en forma de cruz, el mismo movimiento que realizan los fieles a la hora de situarse frente a la divina imagen: primero de arriba abajo y después de izquierda a derecha.

La señal de la cruz en una composición donde se encuentra Nuestro Padre Jesús Cautivo, que ocupa todo el espacio. Aparece de forma frontal, con gran humildad y la característica dulzura de su mirada. La técnica se funde con el fondo, dejando que el espectador complete la silueta siguiendo un resumido juego de sombras.

Por otra parte, en el eje horizontal se lee la palabra CAUTIVO, con una tipografía fina y ligera que se acentúa en la letra T jugando con la imagen de una paloma blanca que se alza imponente a la altura de su pecho. Esta paloma da nombre al barrio. Abriendo sus alas, esparce todo el amor y devoción que los vecinos tienen hacia el que es Dueño y Señor de sus calles. Amor que se tiñe de rojo y ensalza cual seda de damasco, olivos, esparragueras y pencales. Los mismos que lo recibieron por primera vez y lo acogieron durante aquellos fervientes vía crucis y que a día de hoy no dejan de abrazarlo y adorarlo.

Fue así cómo un amor sencillo, una devoción popular, y el carácter auténtico de sus gentes dignificó todo el entorno elevando de nivel y solemnidad lo cotidiano, sencillo y austero, construyendo el mejor trono y palacio que pudiera tener, convirtiendo en vergel y oasis lo que parecía mísero, desértico y abandonado.

Juan Miguel Martín Mena recordó además que «así acogió La Blanca Paloma a su Padre, y así debéis de seguir cuidando y venerándolo, porque no tengo duda de que sois los mejores hijos que puede tener el Cautivo». A continuación, el artista agradeció «enormemente a su junta de gobierno la confianza en mi trabajo, la libertad absoluta durante la ejecución, así como la ayuda recibida en todo el proceso». Finalizó su intervención esperando de todo corazón «que acojáis esta obra con la misma ilusión y respeto con la que ha sido realizada».