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La absurda pantomima del hermano mayor de la Buena Muerte que daña la imagen de su hermandad y la credibilidad de los cofrades

No les voy a engañar: aún me estoy desternillando de la risa. Me costaba creer que el rumor que me había llegado acerca de semejante mamarrachada fuese cierta y que tan grotesca ocurrencia pudiera salir del seno de una corporación cordobesa seria, pero los compañeros que cubren las noticias de la ciudad de la Mezquita han tenido la amabilidad de ilustrarme, incrementando la perplejidad de este redactor sevillano que no sale de su asombro ante el esperpento que algunos están cociendo en la Semana Santa cordobesa.

Verán ustedes, la cuestión es que el Hermano Mayor de la Buena Muerte, Joaquín Velasco, ha propuesto a la Agrupación de Cofradías de Córdoba que una representación de la Hermandad dé paseítos por la Catedral para «hacer Estación de Penitencia» ante el Santísimo Sacramento. Pero no queda ahí el invento. La propuesta pretende incitar a que el resto de cofradías imiten esta barbaridad -recuerden la polémica de los sucedáneos-, instigada por un exhermano mayor que va contando la genialidad cual pregonero y determinados medios de comunicación a los que esta bobada les viene como anillo al dedo para rellenar horas de televisión episcopal y páginas de periódico caduco.

¡Qué maravilla! No sé cómo no se nos ha ocurrido al resto de provincias. Su idea, señor Velasco, es un disparate como la Mezquita Catedral de grande, una pantomima; y el símil que algunos se han atrevido a establecer con otra ocasión en la que se hizo algo similar en mi ciudad con unas circunstancias muy distintas, solo se puede tildar de lamentable. ¿Resulta que mucho discurso grandilocuente, mucha invocación al rancio abolengo y mucha tontería, pero al final a esto se reduce todo? ¿A montar una procesión como sea, reproduciendo las que muchos hacíamos de niños en el pasillo de nuestra casa? ¿En serio? ¿Para estas chorradas hemos quedado los cofrades? Puestos a colaborar con el esperpento, de no ser porque la cofradía en cuestión es de silencio sería una ocasión propicia para rescatar de algún que otro trastero antiguos bidones de detergente para usarlos como tambores…

Luego algunos -en ocasiones, los mismos- se rasgan las vestiduras asegurando que «jóvenes y frikis, frikis y jóvenes, reducen lo que significa la Semana Santa a jugar a los pasitos». ¿Qué es esto sino jugar a las procesiones, reduciendo el profundo significado de una estación de penitencia a la nada más absoluta? ¿Podría alguien explicarles a los defensores de esta memez -espero que muy pocos por el bien de la Semana Santa de Córdoba- que para hacer estación de penitencia no hace falta ir caminando, ni llevar cirios en la mano, ni una cruz de guía, ni un libro de reglas? Si quieren orar ante el Santísimo que lo hagan, en la Catedral o en cualquier templo, pero sin jugar a las procesiones.

Todo ello sin olvidar que la propuesta me parece un auténtico insulto al grueso de los cofrades que pagan las cuotas de sus hermandades y procesionan hasta el templo mayor cordobés cada año. Porque, ¿quién va a formar parte del mini cortejo de la Buena Muerte en la Catedral? ¿Un grupo de privilegiados? ¿Quién los selecciona? ¿El Hermano Mayor? ¿La Junta de Gobierno? ¿Quién tendrá el privilegio de representar a toda la cofradía y, mucho más importante, quién no? ¿Por qué se empeñan algunos en crear inventos con tal de salir en una foto?

La ridícula propuesta me parece una intolerable falta de respeto a la Semana Santa de Córdoba y a la de toda Andalucía, que daña la imagen de la propia hermandad y la credibilidad de nuestras creencias.

El inventito provoca vergüenza ajena y genera una imagen pésima, concediendo argumentos a quienes tanto nos critican por tomar tan a la ligera un problema tan grave como una pandemia mundial; ridiculizando además una de las tradiciones más enraizadas en nuestra idiosincrasia, reduciendo la religiosidad popular a un show vacío de autenticidad y contenido, reservado para un grupo de privilegiados.

Espero y deseo, de todo corazón, que los representantes de las hermandades cordobesas sean consecuentes con la importancia de la ciudad y de su Semana Santa y respondan a esta ocurrencia como es debido, poniendo en su sitio a sus instigadores y condenándola eternamente al cajón cerrado con llave del que jamás debió salir. Si este año tampoco hay procesiones, no hay y no pasa nada, porque dos años no van a ninguna parte en términos cofrades. No olvidemos que la historia de las hermandades se mide en siglos y no en años, así que a ver si algunos maduran y dejan lo de jugar a las cofradías a los niños de verdad.

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