Hoy en día la cantidad de costaleros no es la misma de antes. Antiguamente los costaleros cobraban una “nómina” por los pasos sacados a lo largo de la semana santa no lo hacían por fe pero… Ahora todo ha cambiado. Hoy hay muy pocas hermandades en las que escaseen costaleros; incluso podríamos decir que hoy por hoy “sobran” costaleros, hay “igualás” con más de ciento ochenta personas… una auténtica locura. Pero hoy en día, ¿qué motiva a los costaleros sacar pasos?
Hay personas que la devoción a una imagen, el andar de una cuadrilla, el misterio, el palio, la banda o incluso lo hacen porque no sabe ni dónde meter cabeza. Creo que a pesar de esas motivaciones basadas en modas (excepto la de la devoción) incluso voy más allá, motivaciones para presumir de lo que sacan (como si sacar pasos fueran galardones o títulos para un currículum) hay personas que lo hacen con una causa distinta. El disfrutar de lo que aman con sus amigos o inclusive familiares.
¿Hay algo mejor que compartir el rato previo a una salida con tu amigo? Comer juntos, vestirse juntos, hablar de cómo será ese año, recordar momentos, ver vídeos, contar anécdotas… ¿Hay algo más bonito que compartir lo que te gusta con quien quieres? Compartir siete, ocho, once, relevos con tu amigo debajo de tu Cristo o de tu Virgen, escuchar juntos esa marcha que os pone el vello como escarpias, ese olor a incienso que entra por los faldones.
Creo que quien se encuentre en este grupo selecto de personas afortunadas os doy mi enhorabuena. Creo que no hay nada mejor que el abrazo de tu mejor amigo después de acabar la estación de penitencia, el de un abuelo, una madre, un padre o un hermano.
El compartir es vivir y compartir los sentimientos que nos afloran cada Domingo de Ramos es un locura que solo entendemos un par de locos. ¿Por qué lo digo? Porque ahora, en un momento tan malo debemos estar unidos, mirar a ese familiar o ese amigo y ver un vídeo con un poco de incienso y hablar de lo vivido pero recordando que volverá, todo volverá. Esa comida de Sábado de Pasión, ese Domingo de Ramos por la mañana con la ilusión de un niño de seis años, una cuaresma de cultos y disfrute pero no como se hace ahora, sino como se ha hecho siempre… y entonces respiraremos y lloraremos y por fin volveremos a vivir.





