Si en el día de ayer Gente de Paz se enorgullecía de rescatar para el presente el lejano recuerdo construido en torno a la antigua y enormemente desconocida titular mariana de la Hermandad del Resucitado – también bajo la advocación de la Alegría –, por supuesto, tampoco podíamos desaprovechar la oportunidad que la corporación de Santa Marina brindaba a este medio para acercarse a conocer un poco más el legado que su extensa vida ha ido dejando a sus miembros.
Así y como no podía ser de otra forma, frente a la hermosa Piconera, se erige triunfante la efigie del antiguo Señor Resucitado, cuyo aniñado rostro nos será indudablemente más familiar que el de la Santísima Virgen, máxime si tenemos en cuenta que, a diferencia de lo que ocurriese con la talla de la Bendita Madre, la imagen del primitivo titular permaneció mucho más tiempo al frente de la corporación a la que daba nombre.
En efecto, resulta casi imposible contemplar al que antaño fuese la cara a la que venerase un barrio de solera como de Santa Marina sin visualizar simultáneamente la historia que un día protagonizó, elevando su mirada al cielo y portando en su mano izquierda el curioso banderín con la significativa cruz que representa el triunfo de Cristo sobre la muerte.
Como ya adelantásemos en anteriores publicaciones y al igual que ocurre en el caso de sendas imágenes marianas, la bella imagen del Señor, de dimensiones considerablemente más reducidas que las del actual, fue realizada en el siglo XVII, asociándose su hechura a la escuela granadina, presentando asimismo los suficientes indicios como para atribuirlo con más o menos certeza al círculo del renombrado José de Mora.
Sin embargo y quizá para sorpresa de muchos, la historia detrás del pequeño titular cristífero al que la hermandad del Domingo de Resurreción rindiese culto es más curiosa de lo que quepa pensar en un primer momento, hasta el punto de hundir sus raíces lejos de la emblemática Parroquia de Santa Marina, habiendo de remontarse para ello a la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz del popular barrio de San Basilio, la cual fue su original sede.
Así pues, la cofradía conocida en otro tiempo con el sobrenombre de “los piconeros” – dada la representativa cifra que este gremio alcanzaba en la corporación – tuvo con anterioridad otro titular de semejantes características al que encabeza este artículo aunque de tamaño todavía inferior. Eso mismo parece demostrar la vieja fotografía que acompaña estas líneas, en la que se muestra al Señor Resucitado que hoy en día ocupa la parte superior del retablo mayor de Nuestra Señora de la Paz, procedente del antiguo convento de Santa Clara suprimido en 1868. En dicha instantánea – tal vez tomada alrededor de la década de los 40 – podemos ver a Cristo entronizado sobre un paso muy similar al que portase a la antecesora de la Virgen de la Alegría, incluida la estética que abarca desde el exorno floral hasta los candelabros o las llamativas jarras. Cabe destacar igualmente la interesante banda y el sudario que envuelven la talla del Señor, cuyos bordados fueron empleados para completar la saya azul marino que en ocasiones luce la sonriente Virgen de Juan Martínez Cerrillo, recuperando para la actualidad tan valiosa herencia.

No obstante, más tarde la Hermandad del Resucitado tuvo en sus manos la posibilidad de reemplazar a su titular en pro del que hablamos hoy, llegando finalmente a Santa Marina mientras su predecesor dejaba atrás su pasado para ocupar un lugar preferencial cerca de Nuestra Señora de la Paz en el que es el barrio de los patios cordobeses por excelencia.
A pesar de las idas y venidas propias del paso de los años, la corporación no ha podido ni ha querido olvidar ninguna de sus etapas. Ha sido dicho apego el que ha permitido a los miembros de la cofradía conservar el estandarte en el que se reprodujo la imagen del Resucitado que actualmente reside en el corazón de San Basilio y que décadas atrás fuese portado en las estaciones de penitencia, incluso tras la venida de la talla posterior.
Ya entrada la década de los 80, tampoco faltaron las anécdotas e incidentes que tanto marcan una trayectoria dentro del ámbito cofrade, pues durante la primera salida procesional en la que el Señor Resucitado era portado a hombros de costaleros, una de las piernas de la imagen sufrió un percance fruto de una levantá que se producía al subir la Calle Claudio Marcelo, lo cual obligó a tomar una medida provisional que posibilitase la continuidad del recorrido.
Debieron transcurrir ni más ni menos que 37 años desde que la actual titular mariana de la Alegría se incorporase a la hermandad hasta que lo hiciese, en 1988, la majestuosa efigie del Resucitado tallada por Juan Manuel Miñarro como consecuencia de la donación realizada por quien fuera Camarera Mayor Honoraria de la Virgen, Matilde Fernández Cantero. Con este feliz suceso, la cofradía veía al fin satisfechos sus deseos de contar con una imagen de Cristo de tamaño natural





