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El Respiradero, Opinión

La cápsula del tiempo de Cantillana

Hace unos meses escribía sobre la salida extraordinaria de la Hermandad del Prendimiento de Jerez como «difícil de olvidar. Por su autenticidad, por la valentía de hacer algo diferente y por – Dios lo quiera – que sea un precedente para las próximas salidas extraordinarias para que den un paso hacia delante y no se dejen llevar por la monotonía de lo ordinario de lo extraordinario».

Pasado poco tiempo hemos vivido más salidas extraordinarias. La última la de la Soledad de Cantillana que como la del Prendimiento de Jerez también la podemos calificar como «difícil de olvidar». Ante todo por salirse de lo ordinario y hacer como la cofradía Jerezana, buscar su autenticidad en el estilo. Muchas veces la clave del éxito está en la personalidad y la Soledad de Cantillana buscó su verdad más inherente, la que le han llevado a seguir teniendo tanta devoción en Cantillana.

Su estilo clásico en impresión de palio juanmanuelino conquistó a todos los que contemplaron por primera vez en la calle a la Patrona de la localidad. Todo estaba medido para que la belleza del momento trazara un punto de fuga hacia la Virgen de la Soledad. Ella a los sones de un gran repertorio para una salida extraordinaria encendió fervor por todas las calles de su recorrido. Quizás la salida por la mañana le benefició. La luz llenaba cada rincón y la Soledad quería crear magia en forma de cápsula del tiempo.

Quien puede estar de acuerdo con ello es el profesor Jesús Romanov que describió la salida como «si me hubiese metido en una fotografía que se llamase Mañana del Viernes Santo, Cantillana 1915». En palabras de este experto de historia del arte le «pareció elegantísimo todo; la Virgen de la Soledad impecablemente vestida, con un pollero precioso que le daba esa elegante esbeltez, las velas rizás tal como se hacían hasta principios del siglo XX, recuperando un modelo perdido de modo absurdo en favor de la uniformidad, las flores muy bien puestas en ramos cónicos, la propia Virgen, una joya del XVI, y el conjunto de bordados que afortunadamente se conservan allí».

El aplauso a esta salida extraordinaria es unilateral. Valió la pena. Demostrando una lección de buen hacer. Y otra vez fuera de Sevilla. Porque el gusto y la exquisitez está dentro. Solo hay que tener la valentía de buscarlo y sacarlo hacia fuera. Así encontraremos la verdadera esencia que últimamente en este mundo brilla por su ausencia.

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