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Córdoba, El Capirote, Opinión

La celebración renovada

Desde hace unos años vengo observando cómo las hermandades de Córdoba se suman a la celebración del Corpus Christi. Esta otrora fiesta principal y con mayúsculas, que llegó a ser una celebración de referencia en la España de siglos pasados fue apagándose paulatinamente sobreviviendo en algunas poblaciones donde continúa celebrándose en jueves con mayor o menos solemnidad.

La gran mayoría celebra el Cuerpo de Cristo en domingo, como es el caso de la capital cordobesa. Y aunque se le achaca escasa afluencia de público no puede decirse lo mismo de la implicación de algunas hermandades. Aunque levemente, puede apreciarse cómo los cordobeses y los allegados de poblaciones cercanas acuden a la capital para disfrutar de unos altares que pueden considerarse como de los más logrados que se levantan efímeramente durante esta celebración en el sur de España. Hemos acudido a altares, algunos con mayor o menor fortuna, que se levantan en los recorridos por los que transitará la custodia. Hay hermandades que colaboran desinteresadamente, otras porque las cuantías son jugosas y otras que cuentan con una priostía joven que se afana en colaborar con una tradición que, a pesar de estar coronada por la procesión más importante de todas, no es ni la sombra de lo que antaño fue.

Aunque este año se escucharon rumores que apuntaban a una incorporación de más imágenes en el cortejo, parte del público ha acudido a la ciudad para ver cómo han evolucionado los altares durante estos últimos años. Doce altares que van desde el que montó la Expiración ante el retablo de la Virgen de los Faroles, el Amor, la Misericordia, la Merced, el Remedio de Ánimas, la Paz, la Sangre, el Huerto, Penas de Santiago, la Sentencia y el Carmen de San Cayetano. Doce altares que se ubicaron en las inmediaciones principalmente de la Mezquita Catedral y que hicieron las delicias de quienes se acercaron a contemplar efímeras obras de arte que están consiguiendo que cada vez sean más los interesados en acercarse al Corpus de Córdoba.

Cada uno en su estilo, como el que levantó el Remedio de Ánimas, tan del gusto alegórico, o el que la Expiración montó delante de la Virgen de los Faroles con un marcado sabor costumbrista. Son, en definitiva, una pequeña muestra de cómo Córdoba está últimamente reconsiderando una celebración capital para todo creyente y vertiéndola de esa savia nueva gracias a las jóvenes priostías que tan necesaria es en estos tiempos donde uno acude atónito a escenificaciones que parecen sacadas de anexos de catálogos de Ikea.

Aunque hace falta un gran avance para recuperar lo perdido, en este caso el interés que despertaba la procesión más crucial de cuantas tienen lugar en nuestro país, Córdoba está esmerándose en engalanar sus calles, en potenciar esta festividad que, aunque todavía necesita de un tiempo prolongado para despertar de su dilatado letargo, comienza a dar pequeños esperanzadores pasos. Algo tan necesario.

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